Trabajo en casa, tengo hijos chicos y estos son mis consejos

El balance cuesta más de lo que la mayoría quiere y la ayuda es casi obligatoria
El balance cuesta más de lo que la mayoría quiere y la ayuda es casi obligatoria Crédito: Shutterstock
Laura Gambale
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2 de julio de 2018  • 00:56

Lograr repartir las horas del día entre trabajo, crianza , tareas del hogar y algo de ocio, y que haya equilibrio, suele ser un misterio a descifrar para la mayoría de las mujeres que apuestan a su propio emprendimiento. Todo lo que estuvo en su imaginación (y me incluyo), cae por su propio peso con la llegada de la teta a demanda , los cambios de pañales y las exigencias de upa, juego y atención con la amenaza de llanto como ancho de espada. Y está bien, porque los niños necesitan todas esas atenciones. Pero entonces, ¿qué necesitamos las mujeres emprendedoras que trabajamos en casa y tenemos hijos pequeños? ¿Es posible hacer todo al mismo tiempo? No. Y es un No rotundo.

Sumemos otro factor de presión que suele aparecer: la culpa. Esa piedra en el zapato que nos recuerda paso a paso que estamos haciendo algo que le escapa a la tarea de cuidadora, y que encima nos causa placer. ¡Sí, placer!

Después de haber conversado con distintas mujeres que administran su propio negocio y tienen hijos de diversas edades, la máxima "menos es más" se refuerza. Todas coinciden, de un modo u otro, en que es prioridad aprender a delegar sin culpa y dejar que los padres resuelvan llantos, pañales y berrinches como les salga. También es muy bienvenida la búsqueda de guarderías públicas o niñeras (en el caso de poder contratarlas), hasta que los chicos sean un poco más grandes y concurran a la escuela. Tener tiempo exclusivo para dedicarle al trabajo, aunque al principio se trate solo de un par de horas, es mucho más efectivo (y armónico) que estar atajando demandas mezcladas y al mismo tiempo.

La ayuda es clave

Cuando crecen la cosa mejora, pero muchas cargan con la culpa de los primeros años
Cuando crecen la cosa mejora, pero muchas cargan con la culpa de los primeros años Crédito: Shutterstock

Alejandra Leguizamón de Mama emprende, considera fundamental derribar la creencia de que se puede trabajar con los hijos en el mismo espacio físico. "En mi imaginación creía que podía hacerlo desde casa y darle la teta a Salvador al mismo tiempo, pero al nacer la realidad fue muy diferente. La ficha me cayó a los 6 meses, yo estaba tratando de hacer todo con él hasta que un día (un tanto colapsada) me di cuenta de que estaba haciendo todo mal, mi trabajo y mi rol como mamá. Por eso creo que es uno de los principales mitos que hay que derribar: trabajar con los chicos en casa no es un buen plan". Ella decidió ir por ayuda y contratar a una niñera para tener algunas horas de trabajo full, aunque le resultó difícil porque todavía no estaba ganando dinero con su emprendimiento, sumado a la culpa que le generaba gastar aún más sin estar generando ingreso.

El peligro de la distracción

Alejandra, que es madre de Salvador (8 años) y Vicente (2 años), mencionaba la cantidad de distracciones que tiene en su casa, desde limpiar, cocinar, algún mandado, hasta tirarse a ver una serie, y por eso ahora dedica un horario exclusivamente para trabajar hasta que vuelven sus hijos del colegio y entonces sí, se pone en "modo mamá". Así y todo, no niega que "es muy difícil desconectar del trabajo cuando se es emprendedora", y por eso son pocas las noches en las que no se vuelve a sentar frente a la PC para adelantar trabajo.

Otra de las máximas que resuenan, y que resulta clave para soltar las exigencias de tener que ser madre y profesional todopoderosa es aprender a delegar. Es la gran frase-mantra que Paula Rossi, abogada experta en emprendedores, madre y jefa de Marken Co, pone en práctica cuando desconoce, por ejemplo, aspectos de diseño y comunicación, o cuando algún tema contable la excede. Con Bruno de 1 año cuenta que balancea su vida con ayuda de la familia, fija no más de 3 objetivos diarios realizables y busca no angustiarse por todo lo que no llega hacer a pesar de su buena voluntad. "Me llevó un tiempo sacarme el chip del trabajo en relación de dependencia, al principio los días se me pasaban y sentía que no llegaba a hacer nada teniendo todo el tiempo del mundo, ¿cómo era posible? Cuando me convertí en mamá esto se agudizó. Me di cuenta de lo valioso y escaso que es el tiempo y así fue que me volví una buscadora serial de recursos para optimizarlo. Probé apps, bullet journal, listas de tareas y todo lo que me recomendaban hasta encontrar lo que a mí me funciona: pocos objetivos diarios pero realizables".

La rutina es aliada

"Si bien yo no soy de tener un plan y voy armando sobre la marcha, tuve que pedir ayuda fija para poder organizarme entre tiempo de trabajo y crianza. Por suerte cuento con una red de hermanas mayores que siempre me salvan, además de tener un marido muy presente ". Así lo relata Gaby Pazos, dueña de Petite Margot y madre de Lautaro (13 años) y Santiago (9 años). Cuando fue mamá por primera vez decidió buscar un trabajo donde "pudiera manejar horarios". Como decoradora, resolvió ofrecer productos en tienda y postergar la idea de hacer reformas a pedido, ya que estimaba que eso la mantendría más tiempo alejada del hogar. Bueno, eso desconociendo la energía que en verdad iba a insumir los primeros años del emprendimiento. Llegó a pensar en buscar un trabajo con horario fijo para liberarse de la presión de sentirse en falta, pero las satisfacciones ganadas con su negocio eran tantas que siempre lograron que diera marcha atrás.

Hoy, con algo de nostalgia, reconoce que en las primeras etapas estuvo muy ausente y con más de una crisis a cuestas. Otra vez, como el caso de Alejandra (y hay miles más), gana la sensación de culpa y angustia ante la falta de presencia o ante el hecho de reconocer que no se puede estar en todo, todo el tiempo. Pero, en verdad, no es tan grave. Y entonces surgen posibilidades: "Los sábados empezaron a ser un recurso importante para hacer lo que me había quedado pendiente, sabiendo que Martín estaba con los chicos en casa sin problemas de horarios". Las rutinas escolares fueron (y son) otro gran aliado para Gaby.

De a dos

Si los dos están en la casa durante el día, sirve organizar las tareas de todo tipo y dividirlas
Si los dos están en la casa durante el día, sirve organizar las tareas de todo tipo y dividirlas Crédito: Shutterstock

Al Sur, en Puerto Madryn, Lara lleva adelante su marca de ropa infantil (Galito) con su compañero Marcelo, y junto a sus hijos Simón (3 años) y Marino (8 meses). Por su parte apostaron hace dos meses a juntar la casa con el taller con la ilusión de poder dedicarle más tiempo a Galito, pero lejos de lo deseado, la tarea sigue siendo imposible. "Generalmente nuestros días son una carrera de postas en donde las reglas del juego cambian de acuerdo a las necesidades de los chicos y las ganas -cuenta Lara-. A la mañana, cuando Simón va al jardín, aprovechamos para hacer los trabajos más pesados: copiar shablones, estampar, cortar tela, siempre turnándonos con Marce para cuidar a Marino que cada día está más grande y va trepándose y agarrando todo aquello que esté a su alcance. Sin planearlo demasiado ¡lo compartimos TODO! a veces en exceso y es por eso que trabajar, jugar, cocinar, regar las plantas y todas las actividades del día se van fusionando de manera tal que es casi imposible determinar cuánto tiempo te llevó hacer una u otra tarea".

Conclusiones

Para resumir, entre los hábitos que las emprendedoras comparten luego de años de sostener familia y trabajo independiente, se repite la búsqueda de ayuda entre familiares, niñeras y colegios. Levantarse temprano y armar un plan de acción que divida las prioridades de otras tareas de menor rango, también genera muy buenos resultados. Una idea que aporta Alejandra es utilizar el color rojo para la tarea urgente, el naranja para lo importante, y el amarillo, para una que puede pasar para el día siguiente. En esa lista entra todo: cuestiones laborales, compromisos familiares, compras, médicos, y más. Además, trabajar sin televisión prendida, sin chequear redes sociales, y en horarios laborables, eso quiere decir que no se responden mails a las 12 de la noche, aunque muchas veces sea el mejor horario por la tranquilidad que reina en el hogar.

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