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¿Quién es quién en el arte? Una pregunta con múltiples respuestas

La casa de uno de los coleccionistas del film de Monk y Suárez
La casa de uno de los coleccionistas del film de Monk y Suárez
El estreno del documental Los nuevos mecenas del arte habilita una reflexión sobre los límites entre benefactores, coleccionistas y gestores culturales
María Paula Zacharías
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29 de junio de 2018  

¿Qué es ser mecenas en la Argentina? La pregunta se dispara después de ver el nuevo documental de Augusto Monk y Freddy Suárez, por el que desfilan curadores, galeristas, directores de ferias y, principalmente, coleccionistas que exceden su rol de compradores de arte.

Los nuevos mecenas del arte plantea una nueva mirada al coleccionismo como agente activo en la escena, buscando un papel más social y comprometido. Pero ¿es eso un mecenas? Si se entiende que son quienes hacen acciones anónimas para ayudar desinteresadamente a desarrollar la carrera de algún artista, se cuentan con los dedos de una mano y, por su perfil bajo, casi no se los conoce. Un ejemplo puede ser Erica Roberts, que por tercera vez financia las residencias para artistas en Gasworks, Londres (las coordina la residencia local Urra, que a su vez recibe a un artista inglés y que tiene abierta esta convocatoria hasta el 17 de julio). "Es la única mecenas del programa de intercambio", cuenta Melina Berkenwald. Claro, no está en el documental.

Sí aparecen coleccionistas "a la argentina", que tienen clara vocación de ayudar, y cuya figura tiende a fundirse con la del gestor cultural, híbrido al parecer de la mayoría de los agentes del sistema del arte, ya que la autogestión es vital para la supervivencia en el magro contexto local. Alejandro Ikonicoff cuenta en el audiovisual su primera compra, cuando el artista Leo Estol necesitaba dinero para producir una muestra y se lo dio a cambio de alguna de las obras resultantes. Está también el artista plástico Luis Niveiro, que piensa donar a su provincia su colección para crear el Museo de Arte Contemporáneo Ñandé MAC. En Corrientes hay Museo de Bellas Artes, pero ningún lugar para el arte actual, y Niveiro ha logrado juntar una buena cantidad de piezas intercambiándolas por las de su autoría.

Mariela Ivanier está orgullosa del conjunto de obras con las que convive (muchas canjeadas por sus servicios de prensa), que muestra en los Té de Colección. Pero una colección implica un recorte espacio-temporal de una escena del arte, con un guion o hilo conductor, compras razonadas y obras importantes de los artistas incluidos (rara vez se logra esto a base de intercambios). Es el caso de Gustavo Bruzzone, que se centra en los artistas de la galería del Centro Cultural Rojas de 1989-1996, cuando estaba dentro de la órbita de Jorge Gumier Maier. Tampoco se puede hablar de nuevo coleccionismo en su caso, ya que lleva décadas en la escena con acciones generosas. En el documental, el artista Benito Laren cuenta cómo lo ayudó a instalarse en Buenos Aires, alojándolo en su propio departamento.

Abel Guaglianone y Joaquín Rodríguez son coleccionistas de hoy y no se quedan en el molde (que podría ser, quizás, el aporte anual a la asociación de amigos de algún museo, algo tan clásico como necesario). En las últimas cuatro ediciones de arteBA han tomado la posta del Premio en Obra, un galardón que ayuda a los artistas emergentes, que inició otro coleccionista, Juan Cambiaso, en 2008. El premio ($80.000) necesita recaudadores de fondos comprometidos, porque se otorga gracias a la donación de particulares.

"A los coleccionistas les gusta decir que no son coleccionistas, pero nosotros creemos que eso no colabora con la escena. Cuando nosotros entendimos que estábamos coleccionando, nos planteamos cuál es nuestro rol", cuentan Andrés Brun y Juan José Cattaneo. Por un lado, apoyan instituciones en programas específicos y tratan de hacerlo con continuidad. "En los últimos tres años apoyamos a arteBA a través del programa de Mecenazgo, al programa de mecenas del Mamba y al comité de adquisiciones del Malba", cuenta Brun. También financian proyectos independientes, como Móvil, La Verdi y Yungas. "Los acompañamos en su evolución hasta que ya no nos necesitan", señalan. La tercera vía es la más tradicional, una ayuda directa al artista para el desarrollo de una obra: "Buscamos habilitar un proyecto especial a través de la compra de una obra. Siempre con la galería como intermediaria".

Abrir las colecciones al público es otra manera de socializarlas. El horizonte es la creación de un museo, que eternice el nombre propio y resguarde ese conjunto que refleja el gusto de su cultor. Es el caso del Malba y Eduardo Costantini; Aldo Rubino y el Macba, y Gastón Deleau y FoLA. Sin llegar al museo propio, Alberto Elía y Mario Robirosa abrieron su tesoro al público a través de la donación al Museo Nacional de Bellas Artes de 80 obras que compraron en casi 40 años. Esteban Tedesco muestra la suya en exposiciones como "Diagonal Sur", que se vio recientemente en el Centro Cultural Borges. José Luis Lorenzo decidió abrir su colección en Espacio Colón, un departamento acondicionado en el centro de Córdoba. "No creo en las colecciones cerradas, encriptadas en depósitos, sino que hay que hacer circular la obra para que más gente pueda disfrutarla. Si no es un acto egoísta", dice.

Está también el coleccionista-fundación, que institucionaliza su filantropía. Ricardo Cárdenas reunió en cuatro décadas mil obras y pronto las mostrará en el Museo de Arte Contemporáneo de La Boca (Marco), que está construyendo en Almirante Brown 1037. Mientras, a través de la Fundación Tres Pinos beca a artistas. "Preferimos el coleccionismo a través de la acción. Nos gusta servir de medio para la producción del artista, y que nuestra colección refleje nuestra historia de trabajo", dice su hijo, Rodrigo Cárdenas, compañero en esta aventura. Porque en esto del coleccionismo y la gestión cultural rara vez se está solo.

Para agendar

Los nuevos mecenas del arte se estrena hoy en Colección Fortabat (Olga Cossettini 141); jueves y viernes de julio, a las 19, en Fundación Osde (L.N. Alem 1067).

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