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La guerra comercial continúa siendo el factor bajista excluyente

La guerra EE.UU.-China sigue afectando los precios
La guerra EE.UU.-China sigue afectando los precios
Enrique Erize
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30 de junio de 2018  • 02:31

Es absolutamente inútil intentar una explicación al derrumbe de Chicago durante junio apelando a los fundamentos del mercado. El tema excluyente es la llamada guerra comercial entre EE.UU. y China, que también se extiende a la Unión Europea (UE) y a otras naciones socias de los Estados Unidos.

La génesis del problema actual hay que bucearla en las promesas del presidente estadounidense, Donald Trump, durante la campaña electoral y el impresionante déficit comercial de EE.UU. con China, que ya superaría los 370.000 millones de dólares. A las amenazas de Trump de gravar las importaciones chinas con montos que fueron variando desde los 50.000 hasta los 200.000 millones de dólares respondió China con la promesa de un arancel del 25% a las importaciones de poroto de soja estadounidense. Así las cosas, Chicago se derrumbó.

Pero la realidad es que los fundamentos del mercado no son para nada bajistas. Aun considerando la muy buena evolución de los cultivos en EE.UU., la relación stocks/consumo mundial y estadounidense (tanto para trigo como para maíz y soja) muestra recortes para el ciclo 2018/2019, al punto que el mismo USDA estima que el farmer recibirá, en promedio durante el 2019, un plus de 20 dólares por tonelada más que en el presente ciclo. Más claro, imposible.

Pero todas esas cuestiones están opacadas por la escalada de la guerra comercial desatada por el señor Trump. La cuestión no es menor y en numerosas oportunidades nos hemos referido en artículos o en charlas y congresos sobre el tema China. Pero la cuestión supera las consideraciones referidas a nuestro mercado.

En nuestra opinión, ni China ni la UE van a dejar de demandar soja por un problema vinculado con desbalances comerciales y las consecuentes amenazas de aranceles. El mercado se va a ocupar de acomodar los tantos, en su momento. Pero es necesario reconocer que el enfrentamiento excede nuestras cuestiones. Lo que está en juego es una realidad incontrastable. El mundo está asistiendo a un cambio en el ranking de naciones hegemónicas. Siglo XX para EE.UU. y siglo XXI para China. Nada más ni nada menos.

Sumando China, la India y el grupo Asean Members del sudeste asiático (10 países, entre los cuales se destacan Malasia, Tailandia, Indonesia, Filipinas, Vietnam y Singapur) encontramos más del 50% de la población mundial, dejando afuera toda América, toda África, Europa y Medio Oriente.

Y en esa región del mundo se asiste a un aumento sin precedente del PBI de las naciones involucradas; un aumento significativo en el ingreso per cápita de su gente, y, por consiguiente, a cambios inevitables en los hábitos de consumo. Pasar del arroz a la hamburguesa con papas fritas es un camino sin retorno. Inevitable lo de Trump. Entendible el desafío que enfrenta la economía estadounidense. Explicable la guerra comercial.

En consecuencia, más que justificada la reacción de los fondos de inversión especulativos que operan en Chicago (liquidación masiva de posiciones y derrumbe de las cotizaciones). Pero no olvidar nunca: los "fondos" son los que mandan en el día a día. Pero a la larga los precios de los granos irán en línea con los fundamentos del mercado. Paciencia oriental es la receta de hoy.

El autor es presidente de Nóvitas SA

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