El mundo está cada vez más cerca

Cristian Mira
Cristian Mira LA NACION
Etchevehere y su par de Japón, Ken Saíto
Etchevehere y su par de Japón, Ken Saíto Crédito: Agroindustria
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30 de junio de 2018  • 03:29

No hay otra posibilidad. Si el país necesita generar más dólares genuinos, que provienen de la producción de bienes y servicios, debe aumentar sus exportaciones. Y el sector más dinámico de la economía -el agroindustrial- todavía tiene mucho para hacer. En los últimos días sucedieron algunos hechos que apuntan en esa dirección.

Japón anunció la apertura de su mercado para las carnes ovina y bovina de la Patagonia. Tras la visita del presidente Macri a Japón en mayo de 2016 comenzaron las negociaciones para que la Argentina pudiera ingresar en uno de los mercados más exigentes del mundo en términos sanitarios. El posterior viaje del ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, a Tokio, en mayo pasado, para reunirse con su par, Ken Saito, cerró el círculo. Ahora se abre la posibilidad de negociar el ingreso de carne bovina del resto del territorio nacional y apuntar a la entrada de frutas como arándanos, cerezas, y uvas, entre otros productos.

Al mismo tiempo, la Argentina acepta el ingreso de carne wagyu desde Japón. ¿Competencia para los ganaderos argentinos que crían esta raza? Sí, y bienvenida porque se puede expandir un nicho de mercado para los cortes premium.

Menos tradicional, pero clave para la producción agrícola, es el mercado brasileño de trigo. Funcionarios argentinos del Ministerio de Agroindustria de la Nación y de la provincia de Buenos Aires que viajaron esta semana a San Pablo para reunirse con molineros del país vecino informaron que Brasil calcula que comprará entre 5 y 5,5 millones de toneladas de trigo de la actual campaña.

Según Agroindustria, en el comienzo de la cosecha Brasil prevé importar entre 2 y 2,5 millones de toneladas del cereal y el resto continuará haciéndolo en 2019. A su vez, estima comprar 350.000 toneladas de harina. "Para nosotros fue muy importante este encuentro [con los funcionarios brasileños] no solo por la respuesta optimista de la industria molinera de Brasil, sino también por las proyecciones de importación para 2019 ya que esperamos una muy buena cosecha", dijo Jesús Silveyra, subsecretario de Mercados Agroindustriales. En la provincia de Buenos Aires, donde se produce el 50% de la cosecha del cereal, también expresaron su optimismo. El ministro de Agroindustria, Leonardo Sarquís, dijo que "se busca fortalecer y mejorar los 500 millones de dólares que representan las compras brasileñas a la provincia".

En lo que coincidieron los funcionarios nacionales y provinciales es que Brasil sostendrá una política sanitaria exigente en el ingreso de trigo y harina.

Con una siembra récord de 6,1 millones de hectáreas y precios atractivos a cosecha, el trigo presenta también buenas condiciones para invertir en tecnología -fertilizantes y protección de cultivos- dada la buena relación insumo-producto. El círculo virtuoso se cierra con los derechos de exportación en cero que se mantienen para el cereal. Y acaso sea el trigo el mejor ejemplo para demostrar la distorsión económica que provocan tributos como las retenciones. No dejó de crecer el área sembrada cuando se quitaron la presión tributaria y las trabas a las exportaciones.

El propio Presidente se refirió al tema esta semana en una visita sorpresa que le hizo a un productor de Tandil, Martin Tuculet, junto con Etchevehere y la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal. El productor solo pidió mantener las reglas de juego y los objetivos compartidos y Macri le respondió que no se preocupara, que no iban a aumentar las retenciones. Un mensaje que viajó desde el centro bonaerense hasta varios despachos de la Casa Rosada y del Ministerio de Hacienda que todavía creen que son válidos los impuestos distorsivos.

Los ruralistas de la Mesa de Enlace intentarán el próximo martes que el presidente Macri repita ese mensaje en una reunión que mantendrán en la Casa Rosada. Hay quienes agitan rumores sobre un posible pedido de "gesto patriótico" del campo, que debería incluir una resignación al cronograma de baja de retenciones de la soja. Con los ingresos de otros es muy fácil apelar a los sentimientos, respondieron dirigentes rurales de base y productores a esa inquietud. El camino de la racionalidad suele ser más efectivo.

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