Desequilibrado: el fútbol sigue lejos de la paridad largamente pronosticada

29 de junio de 2018  • 18:36

Es posible que algo esté cambiando en el fútbol. Lo que durante décadas se consideró un axioma, establecido con cierta dosis de humor británico por el goleador del Mundial 1986, Gary Lineker, fue derribado por una asombrosa comprobación empírica, al punto que el propio Lineker se vio obligado a reformular su hipótesis: "El fútbol es un juego simple. Veintidós hombres persiguen una pelota durante 90 minutos y al final los alemanes no siempre ganan. La versión previa quedó confinada a la historia", tuiteó el inglés, uno de los personajes del fútbol que mejor entiende el juego a nivel global.

Es posible que algo esté cambiando. Antes de la Copa del Mundo ya había sorprendido la eliminación de Italia, la primera potencia en quedarse fuera de un Mundial desde 1970. Los italianos, los primeros en comprobar el filo de los coreanos (del Norte, en su caso, 1966). El asombro alcanzó su cenit con la reciente salida de Alemania, el campeón mundial: es la primera vez que las dos máximas potencias del fútbol europeo se ausentan en conjunto de la fase decisiva de un Mundial.

Quizás la Mannschaft fue presa de lo que yace bajo la llamada Maldición de los Campeones, que aquejó a Francia en 2002, a la misma Italia en 2010 y a España en 2014. Una hipótesis sugiere que se debe a la empatía que se establece entre técnico y jugadores campeones, lo que impide un recambio natural de piezas: a la larga, el entrenador consagrado prefiere confiar en la camada que más conoce y que le ha rendido, antes que revolucionar su plantel. Quizás la respuesta a esa maldición sea que la federación cuyo combinado alce la copa el próximo domingo 15 de julio en el estadio Luzhniki le agradezca a su entrenador por los servicios prestados y concluya un ciclo exitoso para dar inicio a otro nuevo y completamente hambriento. Quizás la solución para Alemania sea continuar confiando en un proyecto pero no ya en Joachim Löw.

Acaso algo esté cambiando en el fútbol. Pero este Mundial vuelve a mostrar que el fútbol no se ve estremecido por una modificación sustancial. Hasta ahora, Rusia 2018 no ha sido sacudida por innovaciones tácticas que vayan a alterar el curso del juego. Y las fuerzas que podrían surgir para conmover el orden establecido, esos nuevos actores del fútbol mundial llamados a irrumpir en la disputa tradicional entre Europa y Sudamérica, continúan dormidos.

La llave final lo muestra descarnadamente. De las 16 selecciones clasificadas para los octavos de final, solo una, Japón, no es europea ni latinoamericana. Los cucos africanos ya no asustan a nadie y el único cambio que produjeron respecto a los últimos mundiales fue no haber metido en los octavos a ninguno de sus cinco representantes: España 1982 fue la última Copa del Mundo en la que faltó un seleccionado africano de la segunda fase. Los cupos para África no se justifican (¡y aumentarán en Qatar 2022 cuando el número de participantes crezca a 48!) pero son abundantes porque 51 asociaciones nacionales integran su federación y son votos que pesan en las elecciones de la FIFA; sin embargo, su fútbol, no hace tanto muy vistoso aunque ingenuo, perdió gracia al tiempo que conservó su carácter naif.

Asia dispone de recursos para desarrollar el fútbol en sus territorios, pero un gigante como China no consigue avanzar en la creación de equipos competitivos -al punto que sus fanáticos andan perdidos por el Mundial buscando un equipo simpático al que alentar- y los que llegaron a Rusia tuvieron suerte dispar.

Japón pasó a octavos (viene haciéndolo mundial de por medio) de una manera un tanto vergonzante, aunque es cierto que pese a crecer al amparo de la escuela brasileña, ya no precisa de naturalizados en su equipo para sacar resultados. Irán, una selección que cuarenta años atrás fue considerado el peor equipo del Mundial '78, estuvo muy cerca de eliminar a Portugal y clasificarse a la segunda fase. Para ese rol del peor equipo, Arabia Saudita compitió seriamente; y Australia, que entró a Rusia a través de la zona asiática (una estratagema para evitar los repechajes), fue un canto al entusiasmo... y nada más. Corea, al menos, se quedó con un triunfo histórico, superior en trascendencia a su acceso a la semifinal del Mundial 2002, en la que fueron vencidos, precisamente, por Alemania.

Y aquí estamos. Concluyendo que, en definitiva, cambió muy poco en el fútbol. De sus 14 representantes en el Mundial, Europa metió 10 (el 71 por ciento) y Sudamérica tiene 4 de 5 (el 80 por ciento). Japón y México completan la llave. Si algo prueba que el fútbol cambió muy poco en términos históricos, pese a los reiterados pronósticos de equilibrio, es el siguiente dato. El Mundial 1978 fue el último que se disputó con 16 equipos. De ellos, 10 eran europeos, 4 latinoamericanos y completaban el cuadro un conjunto asiático y otro africano. Prácticamente la misma composición que se registra, 40 años después, en los octavos de final de Rusia 2018.

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