Como parte del plan de urbanización, ya opera el primer cajero en la villa 31

Con esta iniciativa privada, buscan la inclusión financiera de los vecinos de la zona; en el corto plazo, prevén ofrecer microcréditos
María Ayzaguer
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30 de junio de 2018  

"¡Sáquenle una foto a esto y súbanla a Facebook!", pide Teresa, una empleada doméstica que acaba de pagar su factura de teléfono en el primer centro de servicios de la villa 31. Está contenta con las dos ventanillas de atención y pago y el cajero automático que se abrieron cerca de su casa.

El primero de estos dispositivos de la villa pertenece a la empresa Pago24 y está situado en la intersección de Perette y Rodolfo Walsh, una de las entradas más concurridas. No está ubicado dentro de un banco, funciona las 24 horas y no tiene costo de extracción. Puede operar con las redes Link, Banelco, Visa Plus, Cirrus y American Express. A través de las ventanillas, que abren de 7 a 20, se puede cargar la tarjeta SUBE y los teléfonos celulares, pagar servicios, comprar pasajes y enviar dinero.

Para Diego Fernández, secretario de Integración Urbana y Social de la ciudad, la instalación del cajero es un hecho importante: "En primer lugar, porque el objetivo fundamental del proyecto de urbanización es que los vecinos del Barrio 31 tengan los mismos derechos y responsabilidades que los de toda la ciudad. En segundo, porque les estamos dando la posibilidad de bancarizarse". Desde la Secretaría están trabajando con bancos y dictando talleres para que los vecinos de la zona puedan acceder a sus servicios. El horizonte al que apuntan: la inclusión financiera.

Como antecedente, desde 2012 funciona una sucursal del Banco Ciudad en el barrio Los Piletones, la primera que se instaló en una zona vulnerable, que atiende a 10.000 vecinos.

Movimiento

El Centro de Investigaciones de Políticas Urbanas y de Vivienda (Cipuv) de la Universidad Torcuato Di Tella, que dirige Cynthia Goytia, elaboró un estudio que estimó que en junio del año pasado las ventas totales en la villa 31 sumaban casi 33 millones de pesos. La cifra parte de la base de que hay cerca de 900 unidades productivas y comercios que generan ingresos para muchos de los habitantes del barrio. "En valor de ventas, los comercios y las unidades productivas generan una facturación total mensual equivalente a casi un tercio de lo que factura un shopping promedio en la ciudad", explica Goytia, que es también directora de la Maestría en Economía Urbana de esa universidad.

Para la especialista, "el cajero y acercar los servicios bancarios al barrio es parte de la integración. Permite la formalización del negocio e incluso el crédito para la actividad que realizan hoy". Goytia destaca que, en la mayoría de los casos, todas las compras se pagan al contado.

El gerente general de Pago24, la plataforma de cobros y pagos que presta el servicio en la villa, Ricardo Minicucci, señala: "Para mí son apuestas: soy emprendedor y me gusta innovar, llevamos los mismos servicios que a otros barrios". En un artículo que escribió, titulado "Mejor que la realidad", cuenta que la idea de instalar la terminal en esa zona surgió después de escuchar que el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) quería mudar sus oficinas a la villa. Y se preguntó por qué no hacerlo él también.

Minicucci proyecta ofrecer microcréditos a emprendedores del barrio. Hoy ya se entrega gratis una Mastercard prepaga (para varios "su primer plástico"). Y analiza la posibilidad de vender pasajes low cost de alguna aerolínea regional. También, de sumar un segundo cajero en la villa 31 y dar POS móviles -dispositivo que se conecta al celular para validar transacciones mediante la tarjeta de débito- para que los comercios acepten pagos con plásticos. Esta iniciativa privada va de la mano de conversaciones con el gobierno de la ciudad, que está llevando adelante el proceso de urbanización de la villa.

Cerca del mediodía, la entrada a la zona por la calle Perette es un enjambre de vecinos. Hay bullicio y olor a empanadas fritas. A pocos metros, la novedad de la cuadra, el cajero, no para de trabajar: hay un constante fluir de personas que se acercan a cargar la SUBE, ponerle crédito al teléfono y sacar dinero.

"Está buenísimo, me queda muy cómodo", dice Carlos, vecino de la manzana 9, que llegó para pagar un seguro. Hasta ahora, para abonar las facturas tenía que caminar 20 cuadras hasta una central de pagos, ubicada a metros de Plaza San Martín.

Milagros, una vecina de la zona Playón Oeste, cargó 200 pesos en su SUBE. "Es lo que se me va por semana llevando a mis hijas al colegio", explica. A ella, la terminal de carga le queda más cómoda que caminar hasta la estación del tren San Martín. "Esto me queda mucho mejor, no me gusta caminar sola hasta allá", dice. Algo similar opina Ada, una encargada de limpieza de consorcios que vive en la villa "desde toda la vida": "Estoy recontenta, nos salvaron", cuenta.

Hasta ahora, los vecinos podían retirar efectivo de un cajero ubicado dentro del complejo de un supermercado, sobre la avenida Antártida Argentina, a una cuadra del asentamiento. Solo que no está abierto las 24 horas y cobra comisión.

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