Diario de una semana en Buenos Aires

Camila Bretón
Camila Bretón PARA LA NACION
Crédito: Marcelo Gómez
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30 de junio de 2018  • 03:02

Sobre los trámites burocráticos, las horas frente a la computadora, los recuerdos de un viaje por el amazonas y un teatro en decadencia.

Lunes

Quise eliminar a mi prima de Facebook por un comentario que hizo sobre la despenalización del aborto que no comparto pero después me arrepentí. Está bien tener personas que piensen distinto en nuestra red social, sino parece que todos pensamos igual. Ya tenemos bastante con Google, dirigiéndonos a ciertas páginas web y a otras no. El otro día estuve en un asado con un español que vive en Londres. Programador, empleado de una compañía multinacional, me contó que hoy las empresas compran información de sus potenciales clientes, según las búsquedas e información que hacen desde sus computadoras. Y me daba un ejemplo: Si mañana una persona googlea un Volkswagen Gol y termina comprándolo por Mercado Libre, es probable que en cinco años querrá cambiarlo, quizás por un Golf, entonces de a poco ese usuario comenzará a ver publicidades en el marguen derecho de su pantalla de aquello que en unos años podrá comprar. Es horrible, me dijo, uno cree que es libre en sus decisiones y nunca lo es.

Martes

Hoy fui a cobrar un cheque. En diciembre un hombre me chocó el auto en Tigre, mientras estaba estacionada en una esquina con balizas. El señor tardó dos meses en hacer la denuncia correspondiente por teléfono en su compañía aseguradora. Sin su declaración voluntaria yo no podía cobrar. Cuando finalmente lo hizo, me llamaron de la empresa para ir a buscar el pago de lunes a viernes de 10 a 14, en Av. Boedo. Como vivo a las afueras de la Capital, me tomé toda la mañana para ir y atravesar la ciudad en auto. Tardé dos horas en llegar y tuve que dejar el auto en un estacionamiento. Una vez adentro del lugar, saqué número y esperé una hora a ser atendida. Cuando finalmente tuve el cheque en la mano, la cajera me explicó que podía ir al banco, a cinco cuadras, y cobrarlo allí por ventanilla porque si lo depositaba me descontarían el impuesto al cheque. No fui. Caminé rápido al estacionamiento y pagué 170 pesos.

Miércoles

Estoy con Luciana que me dice que en octubre recorrerá con su novio el Amazonas. Le cuento cuando fui, en 2008, desde Iquitos, en Perú, hasta Belén, en Brasil y le confieso que aunque me gustó haber vivido esa experiencia, no volvería. Fueron más de diez días durmiendo a la intemperie, en hamaca paraguaya, al lado, arriba o debajo de muchas otras hamacas donde dormían hombres, mujeres y niños, habitantes de la región. Despertar a las 6 de la mañana para tomar el desayuno: una taza de café sin leche y pan con margarina; almorzar a las 12 y cenar a las 7, siempre arroz, siempre feijao y alguna presa de pescado o pollo. No bañarse por tres o cuatro días hasta llegar a algún puerto o frontera y cambiar de barco. Pasar los días leyendo, jugando al backgammon, durmiendo siestas, esperando el tiempo pasar. Luciana dice que seguramente ahora los barcos son más modernos y cómodos que hace diez años. Ojalá, le digo, pero después pienso que ojalá que no.

Jueves

Estuve todo el día sentada, trabajando en mi escritorio. A veces extraño mi pasado como camarera; estar ocho, diez horas pensando solo en las mesas, los platos, el vino, los cubiertos. Terminar la noche y sentir el cuerpo cansado, las piernas doloridas. Salir eufórica, con ganas de tomar una cerveza y después dormir hasta tarde.

Viernes

Ayer fui a un cumpleaños y me quedé conversando con una chica que trabaja como modelo. Tiene 25 años y vive en Nueva York, París y Buenos Aires. Creo que fueron 15 minutos de charla pero enseguida entré en confianza y le pregunté si se cuidaba mucho con la comida y me dijo que no, que come de todo y no engorda. Después me contó que con una sola campaña publicitaria de un día de trabajo puede pagar el mes entero de alquiler en cualquiera de estas ciudades. Que el Estado francés le saca más impuestos que el de EE.UU y que acá, en la Argentina, las modelos que trabajan afuera son mejores pagas que las que nunca se fueron al exterior. Le pregunté si le gustaba su trabajo pero justo una chica le pidió si podía sacarle una foto con sus amigas y ya no pude preguntarle más nada.

Sábado

Hoy fui a escuchar una charla de editores y periodistas. Hablaron de los libros. Escuché decir que el libro, al contrario de lo que se esperaba, no desaparecerá porque continúa siendo un objeto que está asociado al reposo, una promesa de tiempo libre para el disfrute y eso sigue siendo anhelado por muchos. Por eso cuando uno se va de vacaciones se lleva un libro, por eso uno sigue comprando libros, aunque después no los lea y queden ahí, sobre la mesa de luz, llenándose de polvo. Me quedé pensando en eso todo el día.

Domingo

Fui a cenar a la casa de L. que es titiritera del Teatro San Martín. Forma parte del elenco estable, eso significa que todos los meses cobra un sueldo del gobierno de la Ciudad por su trabajo artístico. Me contó que, desde principio de año, ensayó varias obras para estrenar en los distintos teatros que forman parte del Complejo Teatral de Buenos Aires, pero que por diversas razones burocráticas y de gestión finalmente no se estrenaron. Me habló de salas vacías, llenas de polvo, con iluminadores y operarios tomando mate. Después las autoridades del teatro le dijeron que junto al elenco saldría de gira por el conurbano bonaerense con obras de años anteriores, pero de las diez fechas programadas terminaron haciendo solo cuatro. Mi amiga me cuenta esto y la imagino saliendo todos los días de su casa, dejando a su hija con una niñera, tomándose el colectivo rumbo al teatro para ensayar junto a sus compañeros obras que nunca nadie verá.

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