Machirulo, feminazi y el resto del nuevo glosario impulsado por la lucha de género

Las expresiones históricas del movimiento feminista comienzan a incorporarse a la conversación diaria; si bien la RAE aún no las acepta, los expertos dicen que su uso refleja el clima de época

Evangelina Himitian
Soledad Vallejos
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1 de julio de 2018  

El feminismo no solo marca la agenda política, sino que también está transformando la forma de hablar. Expresiones como "todes", "paternar", "machirulo", "misandria" y "micromachismo" son algunos ejemplos de cómo el glosario feminista se fue incorporando al habla cotidiana. Son palabras que, hasta hace un año y medio, eran usadas casi exclusivamente por militantes y ahora ingresan en la conversación cotidiana.

La posición de la Real Academia Española (RAE) sobre algunos de estos términos es concluyente. Ya en 2012, advirtió sobre el indebido uso del "todas" y "todos". "Un latiguillo latinoamericano que lleva a hablar en femenino y masculino en lugar de utilizar un sustantivo colectivo que los designe", dijo.

Sin embargo, el habla parece estar un paso más allá de la corrección lingüística. "Deberíamos interpretar toda la terminología feminista como una búsqueda de representatividad en el lenguaje, que sigue siendo uno de los bastiones en el que lo masculino tiene preeminencia por sobre lo femenino", indica el filósofo Santiago Kovadloff .

Y agrega: "Por eso, debemos celebrar que hoy estemos cambiando la manera de hablar, porque significa que estamos cambiando la manera de pensar. Vivimos en un mundo de equivalencias progresivas. Las nuevas formas de hablar requerirán nuevos consensos, así como la manera en que hoy hablamos, en un momento, fueron consensuadas y reflejaron un tipo de sociedad".

"'Machirulo', ni ' Mansplaining' [voz anglosajona que refiere al tono paternalista que usan algunos hombres para explicar algo a las mujeres] ni 'matriarcado' son términos nuevos. Son palabras que las feministas venimos usando desde los 70 y muchas vienen de la tradición feminista norteamericana. En todo caso, lo que me parece hermoso es que ahora las use la sociedad en general. Y que su significado también se generalice", señala la escritora Luisa Valenzuela.

Para la autora, "el lenguaje no es algo estático sino que cambia con las nuevas formas de sociedad. Entonces, la nueva manera de hablar viene a reflejar algo más profundo que está cambiando. El feminismo argentino es muy poético. Las marchas del #NiUnaMenos han dado frases muy inspiradoras y de resonancia mundial".

Avances

Seguramente, como dice Karina Galperín, doctora en Lenguas y Literaturas Romances y profesora de la Universidad Torcuato Di Tella, sin la fuerza del movimiento feminista no se habría avanzado en este tipo de cuestiones. Sin embargo, considera que así como el idioma también es un reflejo de los cambios sociales, tampoco puede reducirse la discusión a una cuestión de feminismo o militancia.

Con respecto a la creación de neologismos, como "machirulo", "sadres" o los que llegan en versión anglosajona " manterrupting" o " manspreading", Galperín opina que son palabras que surgen para explicar nuevas percepciones de viejos fenómenos. "El mansplaining existió siempre, pero no lo veíamos así. Y cuando tenés que nombrar algo con una nueva luz y no hay palabras para describirlo, entonces surgen nuevas expresiones léxicas, como sucede todo el tiempo con la tecnología", señala.

En referencia a la irrupción de un tercer género gramatical con desinencia en "e" en reemplazo del uso del masculino como genérico -que causa polémica entre académicos e intelectuales-, la especialista no está de acuerdo con asociarlo en forma directa con el resultado de un proyecto militante ni al solo impulso del movimiento feminista. "No es una cuestión de machismo o de lucha por la igualdad de género. Se trata de un fenómeno de otra envergadura. Estamos hablando de alterar la estructura de la lengua, sus pilares, y creo que responde a un intento que nace de manera espontánea con el fin de adecuar el lenguaje a una realidad que ya no es la misma de antes. Como todo fenómeno espontáneo es caótico, nadie lo codificó ni hay reglas que lo determinen. No tenemos manera de saber si perdurará o no. Habrá que estar atentos y esperar".

Por otra parte, no se trata de un fenómeno aislado ni local. Otras lenguas como el francés, el portugués y el alemán, agrega Galperín, exploran caminos similares, "con similar adhesión y resistencia que la nuestra".

La lengua, coinciden los especialista consultados, es un campo constante de modificaciones. Hay transformaciones de largo alcance y modas que también se imponen en el plano del lenguaje. Algunos latiguillos, incluso, se convierten en giros tan repetidos que luego comienzan a perder su sentido original. Y así como llegan también desaparecen. Se agotan. Es el caso, dice Galperín, de la expresión feminazi, que refiere peyorativamente a las personas que levantan las banderas del feminismo. "Es un término valorativo, no descriptivo. Y cuando se aquieten las aguas del feminismo, seguramente, dejará de usarse", concluye.

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