Los periodistas son noticia

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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1 de julio de 2018  

Anoche, cuando la Argentina ya había sido eliminada del Mundial por Francia, el sitio telam.com.ar todavía invitaba a viajar a un tiempo pasado muy cercano. "A todo o nada, Argentina enfrenta a Nigeria con equipo confirmado", seguía consignando el servicio de la agencia oficial de noticias en su cabezal como si el reloj se hubiese detenido el martes último, cuando todavía ni sabíamos si pasábamos a octavos de final.

Es que en esas horas previas al partido con Nigeria empezaron a llegar las primeras cartas documento, cursadas el viernes anterior, que anunciaban la desvinculación de empleados de esa empresa estatal. Tras algunas reconsideraciones, ese número asciende hoy a 333 personas, que el viernes comenzaron a recibir indemnizaciones que fluctúan entre los $200.000 y los $2.500.000.

Esta vez no fueron apartados del servicio, como hace unas pocas semanas -y sin indemnización-, dos periodistas por escribir, en un caso y editar en el otro, un cable equivocado sobre la tenencia de Lebac, algo que sonó desproporcionado, porque si fuera por errores cometidos, el 100% de los periodistas habríamos sido echados no una, sino varias veces.

Los despidos actuales alcanzan al 40% del personal: es mucho más que una mera purga de los militantes K ya que abarca tendencias ideológicas y situaciones personales, profesionales y de antigüedad en la empresa de lo más variadas. Fue el siguiente paso de un fallido plan de retiros voluntarios y jubilaciones anticipadas que se había puesto en marcha, pero que se vio abruptamente interrumpido cuando Hacienda no garantizó los fondos correspondientes para respaldarlo durante los próximos cinco años.

La presente amputación, claramente más dolorosa en sus formas, acentuada por declaraciones y comunicaciones de funcionarios que demostraron muy poco tacto en circunstancias tan delicadas, implica una drástica reducción de la superpoblada empresa estatal. Se produce en un momento social y político mucho más complicado, con un gobierno que exige a sus ministros, sí o sí, recortar gastos para bajar el inmenso déficit fiscal y cumplir con el programa acordado con el Fondo Monetario Internacional.

Si una medida similar se hubiese tomado al principio del gobierno de Cambiemos habría quedado más claro ante la sociedad que buscaba bajar el irresponsable crecimiento de personal impuesto por el kirchnerismo, que recibió la empresa en 2003 con 479 empleados y la entregó en diciembre de 2015, con 926, convertida en una furibunda usina de propaganda a las órdenes de La Cámpora.

En la semana que pasó, las instalaciones de Télam fueron tomadas y hubo muestras de solidaridad hacia quienes se quedaron en la calle y de condena para los directivos, que se trasladaron al CCK, desde donde, incluso, se podría reiniciar el servicio si las medidas de fuerza se llegaran a extender en el tiempo.

Una vez más, paradójicamente, los periodistas no fueron portadores de informaciones sobre terceros, sino protagonistas de una mala noticia que se viene repitiendo y acentuando cada vez con mayor intensidad desde fines de 2015: el achicamiento y deterioro de sus fuentes laborales. Al principio se cayeron aquellos precarios órganos de difusión que nacieron para deglutir generosa pauta oficial durante el kirchnerismo, flujo que se redujo en lo que va del gobierno de Cambiemos a más de la mitad, a valores constantes, respecto de la gestión anterior. Pero por esas mismas razones y por otras, hasta de índole judicial, medios con audiencias más genuinas que empatizaban con ese sesgo ideológico, como Crónica o los pertenecientes al Grupo Indalo (Radio 10, C5N e Ideas del Sur) vienen reduciendo sus equipos y demorando cada vez la liquidación de los salarios correspondientes. Más grave aún es la situación en Radio Del Plata, que acaba de dejar en la calle a más de medio centenar de personas sin indemnización. Según el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (Sipreba) ya suman 3500 los periodistas que se quedaron sin trabajo.

La no renovación de contratos en Radio Nacional a principios de año y su actual plan de retiros voluntarios y jubilaciones anticipadas, tanto como las paritarias cero y la supresión de horas extras en la TV Pública ahondan el malestar en los medios oficiales que los despidos de Télam tornan aún más dramático.

Telenoticiosa Americana, tal su nombre completo, nació en 1945, en plena dictadura militar en la que Juan Domingo Perón era su miembro más destacado y plurifuncionario (vicepresidente de la Nación, ministro de Guerra y secretario de Trabajo y Previsión). Quien sería tres veces presidente de la República elegido por las urnas fue el propulsor de su creación para neutralizar a las poderosas agencias norteamericanas Associated Press y United Press International. A partir de fines de los años 50 pasó a ser privada y otro gobierno de facto, el de Juan Carlos Onganía, la reestatizó. Durante el menemismo se pretendió desmembrarla y posteriormente se convirtió en sociedad del Estado, un encuadramiento jurídico menos rígido que la administración pública, lo que permitió al gobierno anterior rellenarla a gusto de "periodistas militantes", un rótulo que acuñó Martín García, uno de los directivos de esa época. Los 44 (sic) delegados de los tres gremios de Télam reclaman tener participación en la línea editorial.

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