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Aventuras y aforismos

EL GÜERRIN MEZQUINO Por Gesualdo Bufalino (Norma)-158 páginas-($ 14) BLUFF DE PALABRAS Por Gesualdo Bufalino (Norma)-162 páginas-($ 14)
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10 de marzo de 1999  

A nombres ilustres como los de Verga, Pirandello y Lampedusa, Sicilia sumó en los años ochenta el de Bufalino, en cuya obra también campea lo trágico bajo una mirada entre compasiva e irónica. Nacido en 1920, publicó en 1981 su primer libro, la novela Sembrador de peste, a instancias de Sciascia, otro siciliano notable. Desde allí hasta su muerte en un accidente de tránsito (1996), Bufalino completó unos veinte libros de índole diversa y obtuvo numerosos reconocimientos, entre ellos, el del público.

Su novela El Güerrín Mezquino, aparecida en 1991 fuera de comercio, se amplió para la edición de Bompiani en 1993. El título y la historia provienen de un libro de caballería del "ciclo francés", traducido al italiano en el siglo XV. Traducciones como ésa dejaron estela en Italia: Orlando furioso , Orlando enamorado , etc. En el siglo XIX, aquella tradición fructificó en un género que Bufalino conoció de niño y del que hay vestigios aún: el teatro de marionetas siciliano, cuyos libretistas "cultos" vertían historias medievales que los marionetistas interpretaban de pueblo en pueblo.

Bufalino estructura su novela como una función continuada, aunque la preeminencia del relator respecto a las voces de los personajes le da más visos de narración oral que de teatro. Esta minucia sobre el planteo no afecta el placer ante la escritura. El tono de relato oral, de rara tersura, ágil pero no llano, incorpora al pasar reminiscencias de Dante, Marco Polo y otros. Y un lúcido poder de síntesis aggiorna el carácter digresivo de la novela de caballería medieval.

Según era frecuente en aquel género, a poco de nacer, el protagonista es hecho prisionero junto con sus padres, que eran reyes, y vendido separadamente como esclavo. De ahí que lo bauticen Mezquino, por la acepción del término (italiano y castellano): "pobre, desgraciado". A partir de allí, llegará a servir en una casa real y a ser proclamado caballero, y emprenderá la búsqueda de sus padres desconocidos.

Sobresale el pasaje en que el Güerrín adopta como servidor a un "loco" a quien bautiza Babel, porque se expresa en una mezcla ininteligible de remotos dialectos. Los "diálogos" entre un solitario con necesidad de hablar y otro con voluntad de escuchar, más allá de la intelección de las palabras concretas, son de un lirismo conmovedor.

Los libros de caballería concluían en reencuentro. El mariotenero (de) Bufalino, en cambio, desahuciado por su entorno, incapaz de final feliz, termina disgregando el relato y dejándolo "inconcluso". Se trata de otro acertado aggiornamento , al igual que los cambios en el carácter del personaje a través de los hechos: el Mezquino llega a fatigarse y a dudar del sentido de su búsqueda. Hay, sin embargo, unos poemas de boca del marionetista que Bufalino intercaló en los "entreactos" para la segunda edición. Uno de ellos, previo a la disgregación final, recuerda el asesinato de dos jueces que investigaban a la mafia siciliana en 1991. Allí, la justa indignación de la persona supera el arte del escritor. Pero una página olvidable no empaña el brillo del resto.

Bluff de palabras es a priori uno de esos casos, hoy frecuentes, que uno duda en caracterizar de incontinencia editorial o vía lícita para que un autor gane más dinero con su trabajo. Bufalino remite el título al poker, a lo que en Argentina se llama "mentir" en el truco. Sobre el contenido apunta: " un patchwork de chismes privados y públicos, recuerdos, paradojas, cosas obvias lúgubres o alegres". Pese a que el libro es rotulado de aforístico, él se diferencia: "Lo que se soporta mal en los aforismos es la casi total ausencia de subjuntivos y condicionales".

Este cuaderno de notas incluye también reflexiones sobre literatura, el mundo de las letras y el mundo sin más, citas, autocitas y otros apuntes. Los prejuicios que pueda despertar un libro de tal naturaleza resultan desmentidos por los quilates del autor, su elegante juego de modestia, y también su prosa, inteligencia y humor. Otra muestra: "Toda mujer que no me ama es un hombre".

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