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Sexualización de la infancia, un "juego" peligroso

Maritchu Seitún
Maritchu Seitún PARA LA NACION
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2 de julio de 2018  

Las barreras entre jugar y estar en riesgo se corren lentamente sin que podamos darnos cuenta. Hoy, nos alarmamos ante el hecho consumado de las adolescentes hipersexualizadas, pero eso empezó hace tiempo con la chiquita de 7 años que se vestía, se movía y hablaba como si tuviera 15 y los padres lo celebraban y lo mandaban por WhatsApp a la familia. Vienen causando impacto en las redes desde niñas y ya en la adolescencia pueden hacerlo solas con su propio teléfono inteligente.

Si se estimula la sexualidad antes de tiempo se acorta la infancia, el tiempo de divertirse, aprender, jugar, hacer deportes sin preocupaciones "de grandes". La etapa de latencia (6 a 11 o 12 años) de la que hablo en el libro del mismo nombre implica dejar latente -de costado, dormida- la sexualidad sin dedicar energía a ese tema para tenerla plenamente disponible para las cosas que sí corresponden a esa edad. Causar impacto con el aspecto no forma parte de las tareas de la latencia. ¡Y tener muchos likes (me gusta) tampoco! Los padres son los encargados de preservar y hacer durar el período de latencia.

Respecto del uso de los smartphones, no se trata solo de que no lleguen antes de tiempo, sino de no dejarlos solos con sus teléfonos inteligentes hasta que estemos seguros de que se manejan con un código ético adecuado, cuidándose bien y cuidando bien a los demás.

Es nuestro derecho y nuestra obligación fiscalizar el uso que le dan todo el tiempo que sea necesario hasta llegar a ese punto. Lo contrario sería como dejarlos cruzar la calle solos sin mirarlos porque ya saben caminar o porque ya cumplieron 6 años.

Desde que empiezan a usar los juegos en red que tienen mensajes en mi experiencia eso ocurre hoy entre los 7 y los 8 años tenemos que enseñarles que pueden aceptar como amigos solo a sus amigos, no hace falta a esa edad entrar en detalles, pero basta con que sepan que así como ellos mienten su edad para poder jugar a determinados juegos, otras personas les pueden mentir y que se ponen en peligro su seguridad y la de toda la familia.

Es fundamental hablar de estos temas y de peligros como el grooming antes de la entrada a la adolescencia, cuando todavía confían plenamente en nuestro criterio; de modo que al ir separándose de nosotros para poder individuarse en la adolescencia ya lleven adentro, internalizados, nuestros mensajes de cuidado.

La autora es psicóloga y psicoterapeuta

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