"Dependerá de cómo nos vaya", esa medida que parece una pista

El futuro de Messi en la selección, una incógnita
El futuro de Messi en la selección, una incógnita Fuente: LA NACION - Crédito: Aníbal Greco
Cristian Grosso
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1 de julio de 2018  • 23:00

Después de 22 días y muchas horas de encierro en la habitación 221 del Bronnitsy Training Centre, dejó ese cuarto para siempre. No detuvo la marcha hasta que se sumergió en el vehículo de la FIFA que lo llevaría hasta el aeropuerto internacional Domodédovo, en las afueras de Moscú. Se acomodó en un asiento de la última fila y clavó la cabeza contra el vidrio. Enseguida, también se subió Sergio Agüero . El vuelo del delantero del City saldría más tarde, pero sintió que tenía que acompañar a su amigo. Se sumaron Gonzalo Higuaín , Mascherano y arrancó el transporte oficial. Lionel Messi se marchaba de Rusia desolado. Antes se había despedido de Sampaoli : un abrazo breve con pocas palabras de ocasión. El día después de la eliminación comenzó temprano, en Rusia, y algunas horas después ya estaba en Barcelona, rumbo a su casa en Casteldefels.

Resumen del partido Argentina - Francia en el Mundial de Rusia 2018

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Pasos cortos y apresurados. Zapatillas y medias blancas. Pantalón corto negro y camiseta de entrenamiento de la selección argentina. El reloj en la muñeca izquierda. La mochila negra era la particular, ya no la azul de la indumentaria AFA con la que había atravesado en silencio la zona mixta en Kazán, después de cachetazo francés. En el aeropuerto de El Prat tampoco emitió palabras. Solo lo acompañaba 'Pepe' Costa -su más estrecho colaborador-, que depositó una valija en el baúl. Se subió en el asiento del acompañante, se abrochó el cinturón de seguridad, y besó a Antonela, su mujer, que lo esperaba al comando del volante. Y partieron.

No habló Messi. Y pocos saben qué piensa por estas horas. Las especulaciones indican que se refugiará en sus afectos y se tomará tiempo para evaluar cómo seguirá su relación con la selección. No detenerse frente a los medios evitó que quedara preso de algún testimonio. Impidió que su decepción lo llevara a precipitar alguna determinación. Su renuncia luego de perder la final de la Copa América Centenario de 2016, nuevamente por penales ante Chile, y el posterior regreso, quizá fue un aprendizaje. Mejor, tomar una posición contemplativa frente a las próximas semanas. Demasiadas variables pueden influir en su posición. Desde la actitud que asuma la AFA, la permanencia de Sampaoli o la designación de un nuevo entrenador, y hasta la profundidad que alcance la sangría de los futbolistas históricos. Ya se marchó Mascherano. También Biglia. Los seguirá Di María.

Messi, a los 31 años, dejó su cuarta Copa del Mundo en silencio. Pero tras su primer Mundial , cuando solo tenía 19, habló. No en la cancha. Cuando terminó aquel partido con Alemania, en Berlín, por los cuartos de final, mientras sus compañeros se juntaban para consolarse después de perder en los penales, Messi seguía sentado en el banco de los suplentes, ausente, con los brazos cruzados, las piernas estiradas y los cordones desatados. Una postal de amargura. Cuando varios titulares y un par de suplentes caminaron hasta una de las cabeceras para agradecerle al público argentino su aliento, Messi prefirió perderse por las entrañas del Olympiastadion. Solo. Las críticas no tardaron en crucificar su actitud distante.

Aquella primera desilusión

Al día siguiente de la eliminación, once futbolistas dejaron la concentración albiceleste en la ciudad de Herzogenaurach -el resto volvería 24 horas más tarde a Buenos Aires- para dispersarse por Europa. Entre ellos, Messi. La Nacion fue a buscarlo al aeropuerto de Frankfurt. "Me fastidió la impotencia que sentí por no poder ayudar al equipo. Pareciera que yo no siento nada, que soy de piedra, que no tengo permitido sufrir a mi manera... La gente que no vivió la intimidad del vestuario desconoce cómo quedé hecho mierda... Yo quiero jugar, nada más. Y si es por mí, me quedo a vivir en la selección... Mi vieja me contó que en la Argentina estaban todos pendientes de nosotros y...". A Messi se le cortó la voz. El último llamado del vuelo 4513 de Iberia lo invitaba a abandonar Alemania.

Cuatro años después, Sudáfrica. Otra vez Alemania. Otra vez en los cuartos de final. Ahora, Messi tenía 23 años y ya era un crack mundial. Después del mazazo en Ciudad del Cabo, la selección volvió a su búnker en el predio de la Universidad de Pretoria, pasada la medianoche, y menos de ocho horas después se embarcó con destino a Buenos Aires, en un vuelo de Aerolíneas Argentinas que se resolvió durante una madrugada de insomnio. El aire estaba nublado de tristeza y desilusión. El ómnibus los dejó en la pista del aeropuerto Oliver Tambo, en Johannesburgo, y el vuelo AR1947 aterrizó en Ezeiza a las 17.21 del día después. Todo el plantel volvió a Buenos Aires. También Messi, desde ya. La selección fue recibida por una multitud, que a paso de hombre la escoltó hasta el predio de Ezeiza. Messi se mantuvo en silencio y después de algunos días se marchó a descansar a las playas de Grumarí, en las afueras de de Río de Janeiro.

Cuatro temporadas más tarde. Brasil 2014. Messi, con 27 años. Derrota en la final del alargue con Alemania. Probablemente, nunca haya estado tan cerca de convertirse en mito. Más allá de los cinco o los mil Balones de Oro que reciba. El día era ese, el 13 de julio, en el Maracaná, para rubricar la victoria más trascendente de la historia del deporte argentino. Por eso la distinción como mejor jugador de la Copa hasta a él le pareció una burla. "Este premio no me importa nada", confesaba. Si la FIFA buscó consolarlo, solo le abrió la herida.

Al mediodía del día siguiente, la selección ya estaba en Ezeiza. Todos, nuevamente. Traje negro, camisa blanca y corbata negra. Messi, también, claro. Para evitar el caos vehicular, se suspendió una procesión en caravana hasta el Obelisco. La presidente Cristina Fernández de Kirchner los homenajeó en el predio de la AFA. Habló el técnico Alejandro Sabella, también Javier Mascherano. En el medio, Messi: "Nos hubiese gustado traerles la Copa y disfrutarla. Lo intentamos, lo dimos todo, pero no se pudo. Seguiremos trabajando y esperamos poder darle más alegrías al país".

Messi ya se encuentra en Barcelona, refugiado en sus afectos. El técnico Ernesto Valverde adelantó del 16 de julio al 11 el inicio de la pretemporada del club azulgrana en la Ciutat Esportiva Joan Gamper. Pero los mundialistas podrán sumarse más adelante. El 24 de este mes, Barcelona comenzará una gira por los Estados Unidos que incluirá tres amistosos, contra Tottenham, Roma y Milan. Allí estará Messi, desde ya. Mientras, casi nadie sabe qué planes guarda para la selección. Mucho menos, atreverse a proyectar tan lejos como Qatar 2022. Por ahora, solo conviene rastrillar huellas, atar algunos cabos y no precipitarse. "Dependerá de cómo nos vaya, de cómo terminemos. El hecho de pasar por tres finales sin ganar nos hizo pasar por momentos complicados. No es fácil y hay que valorarlas. Es cierto que lo importante es ganarlas, pero llegar ahí no es fácil", respondió en una reciente entrevista con el diario catalán Sport cuando le preguntaron cómo continuaría su vínculo con la selección después de Rusia. Quizá, ésa, sea la pista más importante.

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