La última función de un crack elegante: Andrés Iniesta, otro protagonista del final de una era en el fútbol mundial

Iniesta, un hechicero al cual se extrañará
Iniesta, un hechicero al cual se extrañará Fuente: AFP
Javier Saúl
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1 de julio de 2018  • 22:26

MOSCU, Rusia.- Andrés Iniesta mira una de las pantallas del Olímpico de Luzhnikí, de espalda al arco donde España se juega su futuro. Lionel Messi se retira cabizbajo, en silencio. Cristiano Ronaldo ve pasar su oportunidad tras dos semanas en las que había puesto a Rusia bajo amenaza. "La caída de los dioses", titula el diario italiano La Repubblica. "Bajones de oro", ironiza el deportivo Marca. En un fin de semana de sacudones en el Mundial , la caída de España en manos de Rusia fue la estocada final. Y la confirmación del adiós al mago de Fuentealbilla. "Todo tiene un principio y un final, no es la despedida soñada, pero el fútbol y la vida tienen estas cosas", dijo Iniesta minutos después de una eliminación anticipada.

"Es Woody Allen jugando al fútbol", escribió alguna vez Jorge Valdano sobre Ricardo Bochini. Un cuerpo insuficiente para cualquier cosa, una cara adecuada para el fracaso, un talento punzante, veloz, inmenso. Una descripción que podría vestir de pies a cabeza al español. Un mediocampista de toque y visión periférica. Un todocampista con chasis de otra época, pero con cerebro para el fútbol moderno.

Resumen del partido España - Rusia en el Mundial de Rusia 2018

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Los penales ante Rusia marcaron el cierre de su carrera en la selección. Se marcha con 131 encuentros y 13 goles. El más importante, el que le dio a España su primer título del mundo el 11 de julio 2010, en Johannesburgo. Junto a Iniesta es posible que también se haya despedido Gerard Piqué , otro referente. El defensor de Barcelona anunció en 2016 que este sería su último torneo, pero ayer dejó el estadio sin hacer declaraciones. El punto final lo había confirmado tras un duelo ante Albania en el que la selección utilizó un uniforme blanco que en las mangas de la camiseta llevaba un ribete amarillo y rojo, los colores de la bandera española. Pero Piqué se recortó las mangas largas de su uniforme, y quedó inmerso en una polémica que lo empujó a marcar una fecha de vencimiento.

Al igual que Javier Mascherano , que el sábado aprovechó los micrófonos para confirmar el adiós, quien habló con la prensa fue Iniesta. Lo hizo con las manos en el bolsillo, los ojos llorosos y la voz quebrada. "A veces las cosas no son como uno sueña o imagina. Las circunstancias han marcado que sean así. La vida sigue. Ojalá en un futuro cercano se cambien estas situaciones decepcionantes que vivimos en el último Mundial, Eurocopa y Mundial. Yo creo que gente y jugadores hay para volver a encontrar el camino y ojalá sea así", señaló. Eso sí, evitó profundizar sobre los motivos que llevaron a Fernando Hierro a colocarlo como suplente, una imagen casi inédita en su trayectoria en el combinado nacional. "Claro que lo que uno quiere es jugar. Pero el entrenador siempre piensa lo mejor para el equipo. Las decisiones las tiene que tomar él, más allá de que uno las comparta o no", dijo. Justo en un partido clave, Hierro prefirió que Iniesta no sea titular por primera vez en todo el Mundial. Su ingreso no logró torcer el rumbo del empate 1-1 ante los dueños de casa.

A los 34 años, su carrera en la selección cierra el círculo perfecto. Hace 12 años, un 27 de mayo de 2006, debutó en un amistoso ante Rusia (0-0). El rival que ayer logró encontrar el antídoto para bloquear a una España que se fue diluyendo en un sinfín de pases intrascendentes.

Los últimos tiempos de la Roja se mueven entre lo que es y lo que supo ser. La revolución que produjo entre 2008 y 2012, en coincidencia con los tiempos de Pep Guardiola en Barcelona, no tuvo la confirmación en las grandes citas posteriores. Más allá del juego que plasmó en eliminatorias y amistosos (el 6-1 en el Wanda Metropolitano ante Argentina es una muestra de su poderío), algo de aquella España se quedó en una noche de Kiev. El Mundial de Brasil (primera rueda), la Eurocopa 2016 (octavos de final) y el Mundial de Rusia (octavos) forman una seguidilla de traspiés a la que en la península todavía intentan encontrarle una explicación. Como si España hubiese viajado en el tiempo para retroceder una década. Los problemas en la antesala del certamen, con la salida de Julen Lopetegui a solo dos días del debut, y el posterior andar irregular en Rusia pueden ser parte de la respuesta.

La de Iniesta es una larga despedida. Lo sintió así en sus últimos meses en Barcelona, donde fue ovacionado en casi todos los estadios del país, y lo vivió tanto en el complejo de Las Rozas como en Krasnodar, el hasta ayer búnker español en suelo ruso. Ya con la mirada puesta en el Vissel Kobe japonés, en las próximas semanas empezará a perderse en oriente.

El fin de semana de las sorpresas puede significar el final del duopolio Messi-Cristiano, tras diez años de alternancia. Pero también la despedida de otros nombres que marcaron el fútbol mundial. Mientras Leo guardó silencio sobre su posible final y el portugués simplemente sonrió ante la pregunta sobre su futuro en Portugal, el único que no esquivó la consulta fue Iniesta. Desde las redes sociales, la FIFA lo despidió a lo grande: "Único, eterno, leyenda". La misma entidad que sabe que la deuda del Balón de Oro 2010 siempre quedará latente.

En una Moscú que vive horas de felicidad futbolística, con festejos hasta la madrugada y los bigotes del entrenador Stanislav Cherchesov como el cotillón de moda tanto en las calles como en la televisión, queda la imagen de un Iniesta negándose a mirar el tiro de Aspas para el último penal español. Como si hubiese preferido no enfrentarse a la realidad, al menos por unos segundos.

Si la Argentina encontró en Francia el fin de ciclo para el grupo de las tres finales, Rusia puso de rodillas a la generación dorada española. El lejano Qatar ya tendrá otras caras en sus marquesinas. Todo indica que será el turno de los Neymar, los Mbappé. No solo queda flotando la sensación del cierre de algunos ciclos producto de la combinación de la edad y los resultados adversos, sino que la idea va más allá: el fin de una era.

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