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Santiago Spigariol, el Merlí que revolucionó las clases de diseño en la UBA

Cintia Kemelmajer
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2 de julio de 2018  

"Pasen", les dice Santiago Spigariol a sus alumnos. Es 2014, el primer día de cursada de la materia Diseño I de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la Universidad de Buenos Aires. El docente está sentado sobre un escritorio cubierto con un mantel de Bambi y del techo del aula cuelgan globos.

"Así nos recibió", recuerda Juan Lacour, uno de los 30 estudiantes que miraban la escena desde la puerta de entrada, perplejos. "Nos dijo: 'Chicos, para mí dar clases es como un cumpleaños". Ahora es junio de 2018, hace frío, estamos en Colegiales y mientras Juan rememora el mosh que hacían al final para sellar la confianza en aquellas míticas clases de Diseño, ayuda a Santiago -que ya no es su profesor, sino su amigo- a pintar un grafiti de Maradona. Además de ser fanático de la docencia, Santiago tiene devoción por el Diez, a quien homenajea en cuanta pared pueda. "Cursar con él es un boom -sigue Juan-: en una Facultad donde abunda la crítica, Santi te recibe humanamente, te propone dinámicas divertidas. Termina traspasando las barreras del docente y haciéndote sentir que es un par".

Desde que apareció Merlí -la serie del profesor de Filosofía que usa métodos de enseñanza poco ortodoxos-, a Santiago, que da clases en la FADU hace 15 años, todos lo comparan con el personaje. "Me la habían recomendado tanto que me dio curiosidad y me encantó. Fue la única serie con la que me enganché en mi vida", reconoce. Por eso, cuando en enero de este año le llegó un correo electrónico de la agencia Circus a su estudio de diseño The Brandbean con la propuesta de hacer un libro-objeto sobre la serie Merlí para Netflix, creyó que era un chiste: "Era demasiado perfecto".

Fuente: Archivo - Crédito: Juan Pablo Soler

Para pensar el proyecto que implicaba una tirada de 200 ejemplares, Santiago armó un equipo de 10 personas, entre docentes, estudiantes y exestudiantes de la FADU, que hubiesen visto la serie. "Todos estaban como locos con el proyecto". La decisión fue hacer un libro-objeto que funcionara como un manual de filosofía, poético y metafórico. "Como la filosofía se trata de hacer preguntas y no de dar respuestas, decidimos que las preguntas tenían que ocupar un lugar preponderante". Los textos salieron de los guiones de Merlí y el diseño está lleno de guiños sutiles a los personajes de la serie. Lo más engorroso del proceso, asegura Santiago, fue coser a mano los 200 libros. "Fue un trabajo superartesanal".

La respuesta de Netflix a su Manual para peripatéticos fue mejor que la esperada: "No lo podían creer. Nos dijeron que habíamos materializado su sueño tal cual lo habían pensado. Y Netflix no suele hacer cosas impresas". Los libros se entregaron en mayo a 200 influencers de la cultura y la docencia, y el PDF está disponible gratis en la plataforma de streaming: en sus páginas se pueden ver volcados los conceptos filosóficos de Maquiavelo, Aristóteles, Foucault y otros de los pensadores que fueron eje de los capítulos de la serie. Ahora, el proyecto está compitiendo en un concurso de campañas publicitarias en Cannes.

Fuente: Archivo - Crédito: Juan Pablo Soler

Arengar en el aula

En su estudio llegaron a diseñar para marcas como ESPN y el Automóvil Club Argentino (ACA), pero el de Merlí fue el trabajo que Santiago más disfrutó porque lo conectó con su vocación. "Estar en el aula, intercambiar deseos, esa danza loca que se genera en un taller, que hace que puedas ver cómo nace un diseño y se transforman las ideas en cosas concretas, es lo que más me apasiona", dice. Su impronta desacartonada se forjó sobre la base de astucia: cuando empezó como profesor tenía apenas 23 años y ninguna formación pedagógica, y como los alumnos tenían casi su edad, se le ocurrió apelar a sus experiencias. Los recitales, el rock, el fútbol fueron sus inspiraciones: "Para mí, enseñar es juntar a la gente, arengar, motivarlos".

En 2015, además, dio a luz un proyecto de investigación académica sobre la enseñanza del Diseño Gráfico, en el que combinó su profesión y los viajes, que tituló "Se hace, se aprende". El nombre surgió de una frase de Confucio que le pareció que definía perfecto lo que se respira en un taller de diseño: "Lo que se oye se olvida, lo que se ve se recuerda, lo que se hace se aprende". Con ese proyecto, visitó universidades del mundo -la Bauhaus, el Central Saint Martins, la Rietveld Academy-, habló con los principales docentes de diseño y les preguntó cosas como "qué opina de la educación pública", "cómo es una clase ideal", "cuál es tu mejor momento como profesor" y "qué nota te pondrías como docente". Todo ese material será parte de un documental.

A Santiago, en definitiva, lo desvela cómo enseñar mejor. "La verdad es que Santi es más didáctico que Merlí, más corporal, más participativo. Merlí, al lado de Santi, es un tibio", suelta Juan y asiste al maestro para escribir sobre el dibujo terminado en la pared, con aerosol negro, la leyenda: "De la mano del 10": el broche de oro del grafiti de Colegiales.

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