Un cambio tectónico que lleva esperanza, pero también dudas

Rafael Mathus Ruiz
Rafael Mathus Ruiz LA NACION
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3 de julio de 2018  

CIUDAD DE MÉXICO.- El rotundo triunfo de Andrés Manuel López Obrador inauguró una nueva era en la historia de México y cargó al país de esperanza. Por primera vez en democracia, ningún partido tradicional tendrá el poder, que quedará en manos de la izquierda. Hay que remontarse hasta 1982, cuando reinaba el PRI y las elecciones eran un trámite, para encontrar una paliza semejante a la que López Obrador le propinó a la política mexicana.

Con ese logro sobre sus espaldas, López Obrador deberá encontrar el camino para concretar todo lo que prometió, un desafío hercúleo -imposible, para algunos-, que todo indica que intentará sortear ensayando un equilibrio complejo entre dos facetas, la del caudillo populista y la del político pragmático, una comunión entre las promesas y la realidad.

López Obrador mostró esas dos caras apenas se convirtió en el presidente electo de México. En su primer discurso, ante la prensa, en un salón del Hotel Hilton, un López Obrador "presidencial" -con corbata- les dejó en claro a México y al mundo que no será un nuevo Hugo Chávez. En su segundo discurso, en el Zócalo, ante miles de fieles seguidores, otro López Obrador -sin corbata- dio rienda suelta a la ilusión de su pueblo con promesas: más jubilaciones y pensiones, educación y trabajo garantizados para los jóvenes, y un plan de desarrollo para el sur pobre del país.

"Vamos a cumplir todos los compromisos. No les voy a fallar", prometió.

El futuro de México se dirimirá, a partir de diciembre, entre eso dos polos.

Luego de dos intentos fallidos y de casi dos décadas de construcción política, López Obrador logró el triunfo por el que tanto trabajó. Su histórica victoria, celebrada por la izquierda en todo el mundo, le propinó un duro mazazo a la elite mexicana, a la que descalificó como "la mafia del poder".

"No hay duda de que estamos atestiguando el cambio tectónico más importante en la vida contemporánea del país y ciertamente el reacomodo partidista más brutal que ha visto México desde que el PRI fue derrotado por primera vez, en el 2000", resumió Arturo Sarukhán, analista internacional y embajador de México en Washington durante el gobierno de Felipe Calderón.

Hartos de la corrupción, la desigualdad y la violencia, los mexicanos patearon el tablero. Echaron del poder otra vez al PRI, pero ahora lo dejaron de rodillas: salió tercero, y no ganó una sola de las nueve gobernaciones en juego. Y si antes habían confiado en el PAN, ahora le dieron todo el poder a López Obrador, que se quedó con Los Pinos y el Congreso. Luego de décadas de frustración y de probar con el PRI y el PAN -el "Prian", para sus díscolos-, México se la jugó por un enigma.

"La pregunta es qué AMLO va a gobernar. ¿Será el pragmático? ¿O el populista económico, el nacionalista, el proteccionista? Esa es la gran pregunta", indicó Shannon O'Neil, del Consejo de Relaciones Internacionales (CFR, según sus siglas en inglés).

El analista Carlos Bravo Regidor cree que López Obrador será ambas cosas: un "populista pragmático". No son pocos quienes coinciden en esa visión, pero la realidad es que la respuesta final llegará a medida que López Obrador comience a brindar las detalles que no dio durante la campaña. La incertidumbre perdurará hasta que tenga el poder ya en sus manos.

"No sabemos cuál de los dos López Obrador va a gobernar", apuntó Sarukhán. El interrogante se dilucidará con el tiempo, dijo: "Ciertamente, a la hora de que se vaya confirmando su gabinete y a la hora de que se vayan definiendo las políticas publicas se va a tener más claridad sobre cuál de las dos caras de López Obrador vamos a ver", indicó.

Un cambio trae esperanza, pero también el riesgo de una nueva desilusión. Es tal la expectativa que parece haber creado en millones de mexicanos el ascenso de López Obrador que puede llegar a ser imposible de satisfacer. Sus promesas no son pequeñas: desterrar la corrupción y la impunidad, la desigualdad, la violencia, en un país que se acostumbró a que fueran parte de su día a día.

"Las campañas se hacen en poesía, pero el gobierno se hace en prosa", recordó Sarukhán.

O'Neil cree que los desafíos de México son tan complejos y los objetivos que se fijó López Obrador son tan ambiciosos para un solo sexenio que es difícil que no terminé defraudando, en alguna medida, a quienes lo eligieron.

"Tiene un enorme mandato de la gente. Va a ser difícil que no los decepcione", indicó.

Sus seguidores confían a ciegas. Brenda Najera Cruz, 19 años, festejaba en el Zócalo el triunfo de su primer voto. Estaba exultante. "Este presidente no nos va a fallar. Todo va a estar bien con él. Y es más, ¡lo amamos! -dijo-. No es como otros presidentes que siempre nos engañan. Él nos ha cumplido. Es muy emocionante, y muy épico, y dan ganas de llorar porque es una felicidad muy inmensa".

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