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Bestiario

La historia de Mateo, el dachshund de 17 años que quedó paralítico y volvió a caminar

Jimena Barrionuevo
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4 de julio de 2018  • 00:50

Cuando a fines del año pasado Julieta notó que Mateo, su dachshund de 17 años, estaba más lento que lo habitual en sus paseos diarios, pensó que se trataba de los efectos de los intensos días de calor que ese verano se habían instalado en la ciudad de Buenos Aires. "Al segundo día que lo vi igual y notando que iba cada vez mas lento, pensé en llevarlo al veterinario. Pero durante la vuelta de un paseo, como iba muy despacio, mi novio no quiso que se esforzara para subir los escalones y lo levantó a upa. Mateo estalló en un grito de dolor y cuando lo apoyamos en el piso ya no caminó más".

Inmediatamente llamaron al veterinario. Mateo lloraba, aullaba y arrastraba las patas de atrás. En cuanto el médico lo examinó supo que algo en su columna andaba mal. Le administró unos calmantes e indicó que esperaran 24 horas para evaluar el efecto de los analgésicos. Pero, al dia siguiente, como Mateo seguía muy dolorido y aún no lograba caminar, el veterinario recomendó internarlo para un shock de descompresión, un tratamiento con desinflamantes que tiene como objetivo bajar la inflamación al mínimo. Además, le iban a hacer placas y estudios.

"El problema de Mateo surgió por un mal movimiento o caída. Desde el comienzo sospechamos que se trataba de una compresión medular, un cuadro que se presenta cuando el canal medular que se ubica dentro de la columna vertebral se ve comprimido y afecta los nervios que dan función motora o sensitiva a los músculos. En este caso, la lesión estaba entre el tórax y las lumbares, por eso el perro no podía caminar. Entonces empezamos el tratamiento con medicamentos y anti-inflamatorios. Pero, aunque Mateo mostraba signos de mejoría, sabíamos que, a largo plazo, no íbamos a poder mantener ese esquema porque poníamos en riesgo su estómago, intestino e hígado", explica el médico veterinario Dr. Baltazar Nuozzi (MP10033) que siguió de cerca la evolución del animal.

Trabajo en equipo

Una vez que Mateo recibió el alta de la internación, los primeros días en la casa fueron angustiantes. Julieta y su novio Jonathan sufrían con él. "La lesión que tenía Mateo no era operable porque su edad no lo permitía. Entonces era posible que no caminara más pero, como tenía respuesta al dolor, había una mínima esperanza de que recuperara movilidad. Todo dependía de Mateo", dice Julieta que tenía que inyectarle un calmante vía intramuscular cada dos horas y cuidar que no intentara moverse. "Además, como Mateo no había perdido la sensibilidad para orinar, no quería hacerse pis encima y se aguantaba esperando su paseo diario que, desde luego, en esas condiciones era imposible. Entonces tuvimos que aprender a pasarle una sonda para que pudiera hacer pis. Lo hacíamos entre tres y cuatro veces por día", recuerda. Poco a poco Mateo fue sintiéndose mejor, pero se negaba a usar pañales, se escapaba cuando tenían que ponerle la sonda y se movía de un lado a otro arrastrando sus patitas.

Entonces el veterinario indicó una interconsulta con un fisiatra. El objetivo era reemplazar gradualmente los medicamentos por una terapia de este tipo. No sabían cómo iba a responder pero quisieron darle la oportunidad a la rehabilitación. "El tratamiento indicado para él fue un protocolo basado en primer lugar en aliviar el dolor de manera integral, es decir, teniendo en cuenta todo su cuerpo, para luego agregar el trabajo muscular y comenzar a recuperar sus movimientos y funciones en la mayor medida posible. Esto se realizó mediante técnicas de masoterapia, agentes físicos como láser, fototerapia, electroestimulación (electroanalgesia, electrogimnasia) y ejercicios terapéuticos", aclara María Victoria Büchele, médica veterinaria y fisiatra en pequeños animales.

Y así fue que Mateo inició un tratamiento largo pero prometedor. La fisiatra lo visitaba dos veces por semana para poner su dolorido cuerpo en movimiento. "Mateo es un rebelde sin causa y dolorido y todo intentaba huir de lo que otros perritos consideran un spa", aclara Julieta que, además, tuvo que hacer cambios en la alimentación de su compañero de cuatro patas. Mateo necesitaba bajar al menos dos kilos y a su dieta se le incorporó arroz integral, calabaza y zanahoria, entre otros alimentos, para alcanzar el peso buscado.

Pasaron los días hasta que un fin de semana Julieta advirtió que Mateo quería pararse. "Llorábamos de felicidad pero, a la vez, no queríamos ilusionarnos". Habían pasado casi tres meses y ya estaba dando algunos pasos.

De ahí en más siguió en mejoría con algunos altibajos propios de la afección pero era cuestión de tener paciencia: había que calmar la ansiedad de Mateo y de nuevo intentar. "Así hicimos hasta que logró desplazarse en cuatro patas de nuevo", dice ella con alegría. Hoy Mateo camina, corre, juega, es un perro feliz, con unas ganas impresionantes de vivir que pasea orgulloso con correa cuando sale.

Las ganas de Mateo por recuperarse, la responsabilidad, el compromiso, la entrega y el amor de su familia humana y el trabajo en equipo de los médicos veterinarios que priorizaron siempre el bienestar del animal fueron claves para lograr el mejor y más feliz objetivo: que Mateo caminara nuevamente con sus cuatro patitas.

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