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Junto a Mara se irá también una época

Javier Navia
Javier Navia LA NACION
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8 de julio de 2018  

Desde la Antigüedad, el estudio de los animales ha guardado una relación íntima con el conocimiento del hombre. Aristóteles, uno de los padres de la filosofía, dedicó tres grandes tratados al análisis de las especies animales, que señalan el comienzo de la zoología como ciencia. Especialmente, con esos tratados el polímata griego pretendía llegar a la definición de lo "viviente": al estudiar a los animales y su anatomía, Aristóteles estudiaba la vida y sus manifestaciones, una indagación fundamental para también explicar el "alma".

Se cree, igualmente, que todas las grandes civilizaciones tenían su "colección" de animales vivos -del antiguo Egipto a los aztecas- y que de ellos el imperio británico heredó la intención de mostrar con sus propias colecciones la inmensidad de su alcance y poder, un imperio donde nunca se ponía el sol. El afán de conocimiento que caracterizó a la era victoriana, junto con esa ambición imperial, llevaron a la creación de los primeros zoológicos modernos. Pero la codicia humana y la crueldad se mezclaban a menudo con la ciencia. Las jaulas de los zoológicos poco diferían de las de los circos, los otros sitios donde las personas podían tomar contacto directo con las fieras llegadas desde los confines del mundo. Eran una bizarra atracción como lo eran también algunos seres humanos, como los cuatro aborígenes fueguinos que Fitz Roy llevó cautivos a Londres en 1830 para exhibirlos como figuras exóticas. O los llamados "freaks", los deformes que atraían multitudes a las morbosas ferias callejeras.

Con el tiempo, los circos con animales fueron cayendo en desuso, y el siglo XXI ve el comienzo de la lenta desaparición de los zoológicos.

Mara, la elefanta asiática del Zoo porteño, pasó la mayor parte de su vida en un circo y solo conoce la existencia en cautiverio. La decisión de convertir el predio en un ecoparque implica el desafío de trasladarla a un santuario de elefantes en Brasil, una experiencia traumática y estresante que Mara no podrá enfrentar sedada. Por eso un equipo de profesionales trabaja desde hace meses en los más de cien pasos específicos que deben seguir para lograr el traslado en las mejores condiciones posibles.

La cronista Lucila Pinto y el fotógrafo Ignacio Coló documentaron para esta edición de LA NACION revista la preparación de Mara para su último viaje. Como ella, otros animales van dejando el Zoo de Palermo, que de a poco se va vaciando. Será uno de los últimos grandes animales que lo dejará y las próximas generaciones de humanos ya no tendrán en los zoológicos la experiencia del contacto directo con estas especies. Es un cambio de época. El conocimiento hoy no demanda cautiverio y, por el contrario, lo vuelve moralmente cuestionable.

Mara es una de las últimas elefantas que veremos. Será una despedida difícil para ella y sus cuidadores, pero el feliz comienzo de una era donde las jaulas ya no servirán para educar.

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