Hijos

4 de julio de 2018  

Cierta comodidad de cuna puede provocar impensadas transformaciones en algunas personas. Le sucedió, por ejemplo, a Francisco de Asís, hijo de una familia muy adinerada que renunció a esos lujos para hacer votos de pobreza y consagrarse a Dios. También fue el caso de Ernesto Guevara Lynch, cuyo viaje en motocicleta tuvo el remate más inesperado cuando conoció en México a Fidel Castro y terminó siendo el adorado mártir idealizado por todos los rebeldes del mundo.

María Soledad Rosas, descendiente de Juan Manuel de Rosas, nacida en Barrio Norte, educada en colegio privado y paseadora de perros, recibió de regalo de sus padres un viaje a Italia tras graduarse en sus estudios de hotelería. Enorme paradoja, porque enamorarse en Turín de un squatter, variante anarquista que ocupaba edificios abandonados, la convirtió en el acto en una okupa. Acusada sin pruebas de ecoterrorista, se suicidó en la granja de rehabilitación a la que fue confinada por el Estado italiano, en 1998.

Ahora, su historia es protagonizada en el cine por Vera Spinetta, hija del gran prócer lírico del rock nacional. La directora del film prescindió de las ayudas habituales del Incaa. Se llama Agustina Macri y es hija del presidente de la Nación.

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