El PRI, de máquina de ganar elecciones a caminar por la cornisa tras su peor debacle

El partido que dominó prácticamente todos los resortes de la política desde 1929 se enfrenta ahora a una peligrosa crisis
Dave Graham
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5 de julio de 2018  

CIUDAD DE MÉXICO.- El gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI) de México fue una de las marcas más exitosas en la política del siglo XX, pero una aplastante derrota en los comicios presidenciales del domingo dejó su futuro en la cornisa.

Desplazado al tercer lugar con su peor actuación, el candidato del PRI, José Antonio Meade, obtuvo un poco más del 16% de los votos, tres veces menos que Andrés Manuel López Obrador .

La derrota barrió todo el país y aplastó al partido en muchos bastiones tradicionales, incluido Atlacomulco, la ciudad natal del presidente Enrique Peña Nieto.

"Nunca pensé que pudiéramos quedar tan abajo, tener resultados tan raquíticos", dijo Enrique Jackson, un legislador del PRI y exjefe del Senado.

El PRI, que gobernó México continuamente desde 1929 hasta 2000, y nuevamente a partir de 2012, también perdió las nueve contiendas para gobernador en la boleta electoral. Hasta 1989, el PRI nunca había perdido una carrera para gobernador.

El precipitado declive del PRI deja un vacío en el fracturado panorama político, que López Obrador y su partido, Morena, podrían llenar. La rampante violencia del narcotráfico, el débil crecimiento económico y una serie de escándalos de corrupción golpearon la estabilidad del PRI. Peña Nieto tuvo la aprobación más baja de cualquier presidente en la historia del siglo XXI en México.

"El nuevo PRI, se llame PRI o cambiado de nombre, debe de desechar a toda la basura, a los parásitos que tanto daño han hecho al partido", dijo Heriberto Galindo, un veterano miembro del partido y exlegislador.

La derrota del PRI es la más reciente reacción contra los gobiernos de América Latina, acosados por la corrupción, con escándalos que han derrocado a presidentes desde Brasil hasta Perú.

Falta de confianza

Desde mucho antes de la votación del 1° de julio, el PRI sabía que estaba en problemas.

Con la esperanza de recuperarse, el partido pasó por encima de figuras internas para buscar la presidencia de la mano de Meade, un ministro del gabinete reputado por ser honesto, pero que no es miembro del partido.

La propaganda electoral del PRI en el estado de Veracruz, que el partido perdió en 2016, dice mucho de la mala fama del partido entre los votantes. "Trabajamos duro para recuperar tu confianza", decía. Pero no fue suficiente para cambiar la percepción de la ciudadanía.

Las tensiones en el interior del partido sobre las elecciones ya comenzaron a surgir.

Fundado para consolidar el control político después del derramamiento de sangre de la Revolución Mexicana, el PRI fue en parte una respuesta contra la excesiva concentración de poder en un solo hombre bajo el largo gobierno del dictador Porfirio Díaz.

Controlando estrictamente al país a través de una mezcla de corporativismo, clientelismo político y corrupción, el partido inicialmente tuvo éxitos notables.

La pobreza disminuyó constantemente desde el final de la Segunda Guerra Mundial durante un período de rápido crecimiento económico conocido como el Milagro Mexicano. Pero, finalmente, las devaluaciones monetarias y el gasto excesivo pasaron factura, y México incumplió con su deuda externa en 1982.

El PRI se sostuvo, pero su imagen estaba empañada. Otra importante crisis financiera entre 1994 y 1995 ayudó a allanar el camino para la primera derrota electoral presidencial del partido en 2000.

La creciente violencia de los carteles de las drogas bajo sus sucesores conservadores abrió la puerta a un retorno del PRI en 2012, aunque con su poder y prestigio disminuidos. Ahora solo quedará una fracción del PRI en el próximo Congreso.

Al igual que muchos en las filas de Morena, constituido formalmente como partido en 2014, López Obrador proviene del PRI, que abandonó en los 80. Sin embargo, uno de sus héroes políticos sigue siendo Lázaro Cárdenas, una figura clave en la historia del PRI que nacionalizó la industria petrolera en 1938 en los inicios del partido, cuando era más socialista.

Definido como la "dictadura perfecta" por el escritor peruano Mario Vargas Llosa, el PRI se distinguió de sus pares en América Latina por el grado de estabilidad que mantuvo durante la volatilidad política que sacudió a la región en los 60 y 70.

La brutal represión de las protestas civiles le ganó al PRI una reputación de autoritarismo. Su popularidad comenzó a sufrir.

Y aunque los primeros líderes del PRI habían sido generales, México nunca descendió a la dictadura militar, como lo hicieron otros países latinoamericanos. Tampoco sucumbió al prolongado conflicto guerrillero como Colombia.

"Era un muy ingenioso sistema de combinación entre un partido hegemónico y un presidente todopoderoso cada seis años. Era una especie de monarquía hereditaria", dijo el historiador mexicano Enrique Krauze.

Sin embargo, después de haber fracasado en comprender el daño que la corrupción podría hacer a su nombre una vez que volvió al poder en 2012, el PRI quedó en "terapia intensiva" tras las derrotas del domingo, comentó.

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