Drake, el maratonista del rap que no para

Sebastián Chaves
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6 de julio de 2018  

Tan cierto como que desde hace diez años el hip hop está viviendo una de sus mejores épocas es el hecho de que el rapero más comercialmente exitoso de esta era no es norteamericano, sino canadiense: Drake. Entre el 23 de mayo de 2009 y el 26 de agosto de 2017, estuvo 431 semanas consecutivas con, al menos, un tema entre los 100 más escuchados del mundo según el ranking de Billboard.

Y ahora, con Scorpion, su quinto disco editado el viernes pasado, el nacido en Toronto vuelve a recuperar el trono y a saciar la sed de hits de fans cada vez más fieles. "Tengo casas en las dos costas, pero vivo en los charts", rapea con prepotencia introspectiva en "Survival", la intro que abre su nuevo trabajo de estudio. Pero el dominio de Drake es según sus propios términos y condiciones. Mientras las estrellas de trap del momento editan singles aislados y ni se preocupan por grabar discos, su estrategia consiste en inundar el mercado con álbumes extensos que contienen temas para todos los gustos. Scorpion, por caso, está compuesto por 25 canciones diseñadas para explotar como bombas (no tan) pequeñitas en los parlantes y auriculares de un público que crece a lo largo y a lo ancho del mundo. Si More Than Life (2017), considerado por él mismo como una playlist, fue un alarde de superproducción y colaboraciones, este nuevo larga duración (literalmente, dura 90 minutos) es su batalla más solitaria (y ególatra).

Con una paleta cada vez más amplia, que incluye, a veces al mismo tiempo, hip hop, r&b, trap, dancehall, reggaeton y neosoul, todo con una innegable fisonomía radial, Drake se siente cómodo en las producciones extensas no solo en términos comerciales, sino también artísticos. Como un maratonista del pop, aprovecha tiempo y espacio con paciencia, pero consciente de que cada paso vale tanto como el anterior y el que está próximo a dar. Claro que en esta nueva diáspora de hits algunos surgen efecto antes que otros. "Nice For What", una construcción rapera de alto octanaje con sampleos a Laurin Hill editada como single en abril, supera los 500 millones de reproducciones entre Spotify y YouTube, pero en el disco parece una más, perdida entre dos baladas ("Jaded" y "Finesse") que proponen un clima totalmente opuesto. Y aunque Scorpion no aporta grandes novedades desde lo musical con respecto a Views (2016), cada corrimiento de la fórmula sobresale como una anomalía a celebrar. Tal es el caso de "Nonstop", donde sobre un beat que recupera el trap más sucio y pistas que proponen una atmósfera casi post punk se pone a rapear casi susurrando con la voz entrando por diferentes planos. Las rimas y aliteraciones que dispara se condensan en un zumbido denso que fluye espeso un tormento interior. En el otro extremo, "In My Feelings" tiene a Drake haciendo gala de su uso del autotune y vuelve a cantarle a Keshia Chanté, la cantante canadiense que fue su primer amor y frecuente musa inspiradora del rapero en temas como "Fallen" (2009) "Madonna" (2015). Siempre dando más lugar a su poder melódico que a su flow muchas veces tan criticado, Drake hace de Scorpions su declaración de paternidad. El falsete indeleble de Michael Jackson en "Don't Matter To Me" es el que se lleva todas las luces. Como un zombie que se niega a morir definitivamente, esta nueva aparición póstuma del rey del pop en manos de quien intenta establecer su propia dinastía tiene tanto valor musical como simbólico.

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