De película: en Australia, un cine centenario bajo las estrellas

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8 de julio de 2018  

Es el Cine a cielo abierto en funcionamiento más antiguo, según el Libro Guinness
Es el Cine a cielo abierto en funcionamiento más antiguo, según el Libro Guinness

El siguiente relato fue enviado a lanacion.com por Agustín Avenali. Si querés compartir tu propia experiencia de viaje inolvidable, podés mandarnos textos de hasta 3000 caracteres y fotos a LNturismo@lanacion.com.ar

Ir al cine en otro país siempre es una experiencia enriquecedora. Algo conocido pero que a la vez tiene pequeñas diferencias de acuerdo a la cultura local. Mucho más si vamos al Sun Pictures, el cine a cielo abierto más antiguo y aún en funcionamiento del mundo.

La localidad de Broome, con 14.000 habitantes, es el mayor centro poblado de la región de Kimberley, en el noroeste australiano. Nació a fines del siglo XIX como puerto perlero y pronto atrajo a inmigrantes asiáticos dispuestos a sumergirse en las profundidades para extraer esos blancos tesoros del mar.

La elite de origen británico decidió que necesitaba un entretenimiento para sobrellevar el difícil clima tropical. Así, en diciembre de 1916 se proyectaba Kissing Cup, película muda que inauguraba este cine con capacidad para 500 personas. Parte del recinto estaba bajo techo, pero la mayoría se sentaba bajo las estrellas.

En 2004, Sun Pictures ingresó al Libro Guinness de los Récords por ser el Cine a cielo abierto más antiguo en funcionamiento. Hoy, proyecta dos películas por día y goza de excelente salud.

Queda en Broome, el mayor centro poblado de Kimberley, la región noroeste de Australia
Queda en Broome, el mayor centro poblado de Kimberley, la región noroeste de Australia

La estación húmeda de Broome, que va de octubre a marzo, estaba llegando a su fin, pero el aire aún se sentía pesado y el calor sofocaba. En esa época del año, el día se pasa esperando a que anochezca y sea un poco más fácil respirar. De pronto, sonó el teléfono y un mensaje de una compañera de trabajo (donde yo hacía entonces una experiencia de work and holiday) cortó el sopor de la tarde: "¿Vamos al cine?".

Llegamos media hora antes del comienzo de Operación Red Sparrow, con Jennifer Lawrence poniéndole el cuerpo a una espía rusa. Tras la puerta, un pequeño museo daba la bienvenida. De las paredes de chapa canaleta, típicas de Broome, colgaban pósteres de películas clásicas. Proyectores y butacas de tiempos de la fundación completaban el rincón nostálgico.

Unos pasos adelante, el cine. Un terreno largo, de unos 40 metros. Poco menos de la mitad, techados. El resto, a cielo abierto, con los asientos sobre el piso de ladrillos rojos. Al fondo, justo antes de la gran pantalla, un jardín con pasto.

Con capacidad para 500 personas, una parte es bajo techo y la otra bajo las estrellas
Con capacidad para 500 personas, una parte es bajo techo y la otra bajo las estrellas

Sun Pictures acompañó las idas y venidas de Broome. Fue testigo de cómo hasta 1967 la segregación racial determinaba quién se sentaba dónde. Los blancos de clase alta se ubicaban en el medio, en sillas con almohadones. Chinos y japoneses detrás, en asientos de madera. Blancos pobres a la izquierda y aborígenes y otros asiáticos a la derecha, tras un cerco.

Fue construido en 1916
Fue construido en 1916

Cuando Broome fue bombardeada por los japoneses en la Segunda Guerra, el cine fue utilizado por los soldados australianos enviados a defender las costas. Y hasta 1974, las inundaciones por la marea eran algo de todos los días. Un terraplén solucionó el problema y los tiempos de mirar una película con peces nadando entre los pies quedaron atrás.

Era un martes de temporada baja así que la concurrencia no llegaba a las cincuenta personas. Mientras el olor a pochoclo del puestito de comida empezaba a colmar el ambiente, nos sentamos en el pasto, bien cerca de la pantalla. Grave error: el jardín era territorio de los mosquitos y en menos de un minuto ya se habían dado una panzada con nuestra sangre.

Terminamos eligiendo una ubicación por el medio, sin techo. Justo lo que buscábamos. Las butacas eran reposeras de madera con asientos de lona, inclinadas en un ángulo muy cómodo.

La película terminó, algunos aplaudieron (no entiendo por qué la gente hace eso en el cine) y lentamente abandonamos el recinto, felices de disfrutar una película bajo el oscuro cielo de Broome.

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