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CARTA AL PADRE Por Franz Kafka (Perfil Libros)-109 páginas-($ 15)
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9 de diciembre de 1998  

DECIAN ya en la antigüedad que nadie se acordaría de Aquiles si no hubiera existido un tal Homero. Similar, aunque menos heroico, es el caso de Hermann Kafka, quien quedó inmortalizado en esta carta escrita por su hijo Franz. Curiosa carta, jamás leída por el supuesto destinatario, y que, sustraída a las llamas por Max Brod junto con otros textos más decisivos para la historia de las letras, nos convirtió en destinatarios reales.

La "suerte" de Hermann fue, en ese sentido, doble, porque además la "carta" no despertaría tanto interés si su autor no hubiera sido el mismo de, entre otras obras, El proceso y La metamorfosis . No hay azar en los ejemplos: sobre el mundo que allí cobra vida, por así decirlo, las sombras de la relación con el padre proyectan una oscura luz (detalle menor, si se quiere, pues las narraciones de Kafka serían lo que son sin esa carta, y muchos hijos de padres peores no han escrito nada equiparable a aquéllas). En sus propias palabras: "Mi escritura trataba de ti, en ella no hacía más que quejarme de aquello de lo que no podía quejarme apoyado en tu pecho".

Carta al padre es un texto fronterizo: despierta interés documental y, simultáneamente, literario. Y produce este último efecto no sólo por ser obra de un gran escritor, o incluso por estar "bien escrita" y tener pasajes literariamente notables, sino también porque en su misma concepción y estructura, revela cierta afinidad con un género que merece una lectura literaria: los discursos de acusación y defensa que Cicerón puso por escrito para que, más allá de su función concreta ante un tribunal romano, siguieran siendo disfrutados por la posteridad.

Precisamente en esa dirección apunta la parte central del ensayo que acompaña el libro a manera de prólogo, "La descripción de una lucha" (título muy a propósito, tomado del primer cuento escrito por Kafka). Allí, Luis Gusmán hace un excelente análisis de la Carta desde la retórica judicial (en sentido ciceroniano, más que en el de los abogados del siglo de El proceso ), que enmarca en el contexto del epistolario kafkiano. Postula la inclusión de la Carta al padre en un posible género caracterizado por "la figura de un diálogo entre un hijo y un padre", que habría adquirido estatuto de tal desde Hamlet (aunque se podría ir más atrás).

Visto por Franz "Cicerón", al mismo tiempo denunciante y fiscal -pero también autoacusado y, en cierta medida, defensor de ambas partes-, Hermann Kafka es siempre una figura avasallante, a quien le caben comparaciones con tiranos, reyes y otras figuras de la más alta (arbitraria) autoridad. Su hijo, por su lado, es un "débil", un "tímido", a quien corresponde el "miedo", el "sentimiento de culpa", inclusive el "fracaso".

Franz propone el fin de las hostilidades, fundamenta su posición para un posible tratado de paz. Ataca y se defiende, pero también defiende y se ataca. Habla y hace hablar también a su padre. Absuelve y se absuelve. "Argumentación desde el miedo" llama Gusmán (a partir de la frase inicial de la carta) a esta suerte de rendición de cuentas mutuas, tal vez dirigida más por el autor a sí mismo que a un padre que difícilmente habría podido leerla con provecho. En cualquier caso, el provecho es nuestro.

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