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Signos argentinos

Un abrazo que brinda cobijo a la espera de la política

Emilia Erbetta
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9 de julio de 2018  

Yo viví ocho meses acá enfrente con mis tres hijos.

Graciela Gómez señala una recova del otro lado de la Plaza de Mayo. Son las siete de la tarde del primer viernes de julio y el pasillo techado entre la entrada y las columnas de la Catedral Metropolitana la protegen de la garúa helada. Como todos los días, está puntual para la cena que la Red Solidaria ofrece a personas en situación de calle en su campaña Frío Cero.

Tiene 63 años y se quedó sin casa cuando se quedó sin trabajo. Durante 22 años atendió un puesto en la recova de Once, pero cuando fue desalojado por el gobierno porteño en enero de 2017, el hombre que la empleaba le pidió que no fuera más. Nunca le había hecho un aporte. La recova fue el último destino: las primeras noches las pasaron los cuatro en una confitería, toda la noche en vela. Después durmieron un tiempo en un estacionamiento, toda la noche sentados. Ahora viven en una habitación en San Cristóbal que consiguieron con ayuda de un sacerdote.

Esta noche, Graciela va a dormir bajo techo, pero acá su historia es una excepción. Según el último censo elaborado por el gobierno porteño, 1091 personas están en situación de calle en la ciudad de Buenos Aires. Los datos son similares a los del año pasado y la cifra contrasta con las 4394 personas que en 2017 contabilizó un censo realizado por el Ministerio Público de la Defensa de la Ciudad, la Auditoría General porteña, la Defensoría del Pueblo y más de 50 organizaciones sociales.

Mientras espera que llegue el camión con las mesas y los bancos, Eduardo "Ioio" Alemán da instrucciones a un grupo de alumnas y alumnos del Colegio Armenio Jrimian que esta noche van a ayudar en el despacho de las porciones. Están ahí porque llevan semanas juntando ropa de abrigo para repartir hoy, antes y durante la cena.

-Acá nosotros somos invitados. No venimos a "dar de comer", la idea es encontrarnos, abrazarnos y escucharlos. Los locales son ellos -aclara.

"Ioio" vive en Tigre y se sumó a Red Solidaria hace 12 años. Con otras y otros voluntarios coordina la cena de los viernes, el día de la semana que cuentan con más recursos. El resto de los días, la cena se hace sin mesas porque no tienen logística para traerlas. Hasta el año pasado, cocinaban y cenaban en la Plaza de Mayo. Guardaban mesas, utensilios y cubiertos en un container que les servía para guardar ropa. Cuando empezaron las reformas en la Plaza, les pidieron que lo removieran.

La última vez que Leonor Molina y Noelia Segovia durmieron en una habitación con sus hijos fue hace cinco días. Desde entonces, ni una vez lograron juntar de nuevo los 120 pesos por persona que les cuesta alquilar un cuarto en algún hotel familiar. Leo tiene 38 años y Noelia 30, se conocieron hace cinco, cuando él ya vivía en la calle y ella vendía estampitas.

-Soy Mamá Calcuta -dice Leonor y estalla en una carcajada.

Mamá Calcuta: a veces otros chicos que viven en la calle se acercan a ella si andan solos, para que los cuide. Todos los viernes van con sus hijos desde su esquina hasta la cena de Red Solidaria. El resto de los días se las arreglan con los que les dan en una cadena de comida rápida y en algunos supermercados. Se quedaron en la calle cuando se separaron de los padres de sus hijos mayores y conseguir trabajo es imposible: Leonor solo cursó primer grado, Noelia hizo hasta séptimo.

La primera tanda de porciones sale a las ocho y media. Esta noche el menú es guiso de arroz con pollo. Son tres ollas de 50 litros que se acaban rápido: hay unas 200 personas para comer. Muchísimos chicos. Preparan unos 130 kilos de comida por viernes, casi el doble de lo que hacían hace dos años.

A las nueve y media ya comieron todos. Un reggaetón retumba en los parlantes.

-Lo que buscamos acá no es la clásica e histórica beneficencia, sino un encuentro -dice Juan Carr, fundador de la Red Solidaria, mientras rasquetea el fondo de una olla donde quedan restos de guiso-.Hoy en la Argentina la cultura solidaria se aleja de esa beneficencia dispar, se horizontalizó, empieza a verse como cultura, como compartir y empieza a tener una fragancia a justicia. Y nosotros sabemos que cuando hacés algo solidario está bueno, pero es un instante: la que transforma es la política.

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