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En Buenos Aires no sobra el verde

Una huerta en una azotea porteña, del proyecto Terrazas verdes
Una huerta en una azotea porteña, del proyecto Terrazas verdes Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno
Mauricio Giambartolomei
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8 de julio de 2018  

La oferta de espacios verdes en Almagro y Boedo (Comuna 5)está muy lejos de los estándares internacionales. Esos barrios cuentan con apenas 0,2 metros cuadrados por habitante, a un abismo de los 10 metros cuadrados que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sus densidades poblacionales ofrecen una mayor resistencia al momento de generar nuevas superficies naturales. Y allí es donde aparece el ingenio para saltar ese obstáculo.

Durante semanas, más de cien obreros construyeron una terraza verde a siete metros de las vías del Ferrocarril Sarmiento, a la altura del cruce de las calles Medrano con Bartolomé Mitre, para generar más de 1400 metros cuadrados de parque con una técnica innovadora en la ciudad. En un territorio dominado por el hormigón y el acero, hubo lugar para el verde. Este es solo un ejemplo de los desafíos que hay por delante en otras zonas de la ciudad con el objetivo de aumentar la superficie natural.

Hallar la manera de generar espacio verde donde no lo hay es la fórmula que proyectó el gobierno porteño cuando anunció, en septiembre de 2016, un plan para sumar 110 hectáreas de plazas y parques. Con más de 30 hectáreas en los dos primeros años, la ciudad cuenta hoy con un promedio superior a los 6 metros cuadrados por habitante. Pero, ¿es esa una fórmula eficiente o resulta exagerada? ¿Buenos Aires carece de superficie como para generar mayores espacios verdes o la que está disponible sólo se pone a disposición de desarrollos privados?

La comuna 1 (Puerto Madero, San Nicolás, Retiro, Monserrat, San Telmo y Constitución) y la comuna 8 (Villa Lugano, Villa Soldati y Villa Riachuelo), con unos 20 m2 cada una, tienen las mejores marcas. En el primer caso influyen la Costanera Sur y los parques de Puerto Madero; en el segundo, el parque Indoamericano. La peor parte, además de la comuna 5, se la lleva la comuna 3 (Balvanera y San Cristóbal), donde apenas hay unos 0,4 m2 por cada habitante.

En las políticas de ampliación de los espacios verdes chocan las intenciones públicas con las acciones del sector privado. También se generan contradicciones. Mientras se despliegan obras que tienen objetivos dobles (por ejemplo, el Paseo del Bajo, que además de buscar un reordenamiento vehicular en Puerto Madero y Retiro dejará un amplio parque verde), avanzan desarrollos inmobiliarios que amenazan con colapsar la ciudad.

Distintas agrupaciones, como el Observatorio del Derecho de la Ciudad, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), o la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), plantean la necesidad de un reparto más equitativo de la tierra, sobre todo, aquella que pertenece al Estado nacional y se pone a la venta, destinada, en su mayor parte, a emprendimientos privados.

"Buenos Aires es una ciudad muy densamente poblada y no hay muchos espacios libres para instalar plazas o parques. Hay que inventar espacios. Me parece que no hay una tensión, porque nadie le puede decir al sector privado qué hacer o no hacer con su proyecto", plantea el ministro de Ambiente y Espacio Público de la ciudad, Eduardo Macchiavelli.

Proyectos como la Manzana 66 (Balvanera), la ampliación de la Plaza de Mayo, el parque en altura que se construirá en la traza actual de la autopista Illia que pasa por la villa 31 y que será reemplazada por un nuevo tramo, son señales de buena salud. Pero, ¿podría el gobierno hacer algo más con los espacios verdes más extensos? Es una pregunta que surge viendo lo que ocurre con algunos proyectos que tienen su polémica detrás. Por ejemplo, el traslado del Tiro Federal, en Núñez, donde se prevé un desarrollo inmobiliario, público y privado, con destino de vivienda y educativo. ¿Por qué no pensar ese predio de 16 hectáreas solo como un pulmón verde?

Ocurre lo mismo con una porción de terreno sobre la avenida Bullrich, en Palermo, donde funcionan supermercados de grandes cadenas. ¿Es necesario subastarlo al mejor postor? ¿O sería mayor la ganancia social si se genera un espacio natural? Las intenciones están a la vista, pero muchas veces no basta ser, sino también parecer.

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