Annemarie Heinrich, una nueva manera de mirar

Celina Chatruc
Celina Chatruc LA NACION
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8 de julio de 2018  

Pionera de la fotografía en la Argentina, llegó al país a los 14 años desde Alemania
Pionera de la fotografía en la Argentina, llegó al país a los 14 años desde Alemania Crédito: Gentileza del Archivo Annemarie Heinrich y de la Galería Vasari

En las cartas que enviaba a Berlín, el tío Wilhelm les contaba sobre la estancia que habitaba en Larroque, Entre Ríos. Cuando la familia Heinrich llegó allí en 1926 desde Alemania, con una pesada carga que incluía muebles, alfombras y un piano, descubrió que la supuesta estancia no era más que un rancho.

El tío Wilhelm, sin embargo, sería clave en la vida de Annemarie, la hija mayor de los Heinrich, que tenía entonces 14 años. Fue él quien le enseñó a usar las cámaras de fotos de su abuelo, en las cuales la inmigrante adolescente encontró "un medio de expresar todos los idiomas sin hablar ninguno".

Comenzó así una larga carrera que la convertiría en pionera de la lucha por la consagración de la fotografía como arte en la Argentina, y en maestra de maestras como Sara Facio y Alicia D'Amico. Así lo confirma ahora la muestra La unión hace la fuerza, curada por Rodrigo Alonso en la fundación Arte x Arte. Dedicada a las agrupaciones de fotógrafos que trabajaron durante décadas por ese reconocimiento institucional, destaca la participación de Annemarie en La carpeta de los diez (un proyecto que cambió de integrantes entre 1952 y 1959, aunque ella se mantuvo hasta el final como la única mujer) y en el Consejo Argentino de Fotografía, fundado en 1979, clave en el crecimiento de la disciplina en el país. En estos días, además, su trabajo está incluido en una muestra itinerante por varias provincias del país, con obras de la colección del Museo Nacional de Bellas Artes.

En 2015, diez años después de su muerte, tuvo un doble homenaje: la Universidad de Tres de Febrero (Untref) le dedicó una muestra a un centenar de imágenes rescatadas de su archivo -que el año próximo se exhibirá en el Jeu de Paume, en Francia- y el Malba montó otra exposición con sus famosos desnudos y el registro de su mundo íntimo y familiar. Ambas fueron acompañadas por libros de más de doscientas páginas.

"Estas piezas revelan la mirada de una mujer libre y desprejuiciada, que se anticipa en muchos temas al movimiento feminista de los años 60", reconocieron entonces los curadores Victoria Giraudo y Agustín Pérez Rubio. "Ahora entendemos por qué pasaba tantas horas encerrada en su estudio", señalaron por su parte los hijos de la artista, Alicia y Ricardo Sanguinetti, tras haber firmado un acuerdo con la Untref para digitalizar un monumental legado de más de 350.000 placas y films.

¿Qué hacía Annemarie en su estudio? Siete décadas antes del boom de las selfies se dedicaba a realizar autorretratos con esferas espejadas, que multiplicaban su rostro hasta cinco veces en la misma imagen, o inmortalizaba la juventud de figuras famosas como Eva Duarte, Mirtha Legrand, Graciela Borges, Isabel Sarli y Mercedes Sosa.

Admiradora del fotógrafo de Hollywood George Hurrell, ella soñaba con convertirse en fotógrafa del espectáculo desde fines de la década de 1920, cuando se mudó a Buenos Aires con su padre y trabajó como empleada doméstica para sobrevivir. Su primer encargo no tuvo nada de glamour: consistió en tomar fotos carnet a los alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires.

En 1929, inauguró un estudio en su casa de Villa Ballester, que funcionaba además como living y dormitorio familiar. Con gran capacidad de observación, convirtió las revistas de moda en manuales de aprendizaje: armaba álbumes con fotografías recortadas para estudiar el uso de la luz, el montaje y la composición.

Lo que siguió fue su consagración como fotógrafa de artistas, actores, músicos y bailarines; los registros de sus múltiples viajes junto a su marido, el escritor Ricardo Sanguinetti -cuyo seudónimo era Álvaro Sol-, y las muestras que trascendieron fronteras. En 1956, fue contratada para realizar las fotos del pressbook del American Ballet Theatre de Nueva York. Con idéntica pasión, sin embargo, se dedicó al trabajo experimental: el libro publicado por la Untref incluye fotografías sin fecha que bordean la abstracción, y que demuestran hasta qué punto reveló una nueva manera de mirar.

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