Estamos bárbaro y nadie se da cuenta

7 de julio de 2018  

Parece mentira: cuanto peor estamos, mejor estamos. Sé que semejante afirmación no es fácil de explicar y sostener. De hecho, me pasé tres días presentando esta teoría mía a filósofos, sociólogos, economistas, historiadores, taxistas y vendedores de frutas, y ninguno la compartió. Sospecho que ni siquiera la entendieron. Algunos incluso me cortaron antes de que yo terminara de exponerla. Pero no me amilano, sigo adelante. Lo aprendí de Pipita Higuaín, que no deja de patear al arco. Ya va a entrar... o ya agrandarán los arcos.

Déjenme fundamentar mi hipótesis. Empecemos por el Mundial. Si bien es horrible haber quedado afuera tan temprano y tan mal, la cantidad de facetas positivas que deparó ese trago amargo es infinita. La principal. Nos vamos a sacar de encima, espero que pronto, a Sampaoli, suerte de estertor del kirchnerismo: oscuro, sanatero, grotesco, perdedor, irresponsable. Probablemente algún argentino piense, como él, que la intuición vale más que el trabajo, el orden, la planificación. Pero es el único que se enorgullece de eso y se anima a dejarlo por escrito en un libro. ¡Qué caripela! Los libros sobre Pep Guardiola son leídos en las escuelas de negocios como ejemplo de estrategia, innovación y conducción de grupos humanos. El de Sampaoli, Mis latidos, hace las delicias en las facultades de psicología. Les digo que si llegábamos a cuartos o a semifinal, estaba el riesgo de que a este tipo tuviésemos que bancarlo varios años más. Pero Dios es argentino y no pasamos de octavos.

En Rusia también quedó al desnudo que la fórmula presidencial de la AFA, Tapia-Angelici, es otro error histórico, semejante al de haber elegido a Sampaoli. Dentro de 100 años, una sola foto explicará toda la vergüenza que acabamos de vivir en el Mundial. No es la de 40.000 argentinos saltando en las tribunas y sacándose selfies con rusas infartantes mientras el dólar saltaba a 29 pesos. Es la de Chiqui Tapia haciéndose aplaudir en Ezeiza por un grupo de 30 o 40 dirigentes del fútbol. Probablemente había soñado con volver con la copa y ser llevado en andas por multitudes. Y después, consumado el fracaso, temió ser víctima de hordas asesinas. La solución fue ese momento patético en que lo homenajean en el hall del aeropuerto. Los aplaudidores bajan las cabezas, avergonzados. Tapia levanta la frente, agradecido. ¡Grande, Chiqui! ¡Qué mesaza! No importa lo que te haya costado ese recibimiento. Es plata bien gastada.

Hay más ejemplos de cosas que no son lo que parecen. Macri hacía planes para su segundo mandato cuando, ¡pumba!, los mercados lograron lo que tanto venían buscando Cristina (ella, que tanto odia los mercados), todo el PJ, la izquierda y los movimientos sociales que abrevan en Santa Marta: una crisis morrocotuda, de la que todavía está tratando de salir. ¿Aprendió el Presidente la lección de Mostaza Merlo, el legendario "paso a paso"? No. Apenas le ganamos a Nigeria -de milagro- hizo saber que si la Argentina llegaba a la final, viajaría a Moscú. De vuelta, se puso los largavistas en medio de una neblina que no dejaba ver a dos metros. Mauricio, es hora de que aprendas que la pelota es tan caprichosa como el dólar. Guachísima, sobre todo cuando la tratás mal.

Esta semana, muchas cosas ratificaron mi teoría de que estamos mejor de lo que parece. La Justicia dijo que tiene que haber más diputados. La verdad, me lo sacaron de la punta de la lengua: justo estaba por pedir más diputados, más senadores, más concejales. A este país le sobran ingenieros (Mauricio, juro que no lo digo por vos) y le faltan legisladores. Otra. Ayer nos enteramos por LA NACION de que podría llegar a faltar la nafta. Es una gran noticia. Desde que se puso a subir sin parar, le tomé muchísima bronca. Odio la nafta. Cuando tengo que cargar -llenar el tanque hoy me cuesta dos lucas-, me paro frente al pibe del surtidor y le digo: "Adelante, proceda. Cláveme un cuchillo y sáqueme hasta la última gota de sangre". Otra. Suspendieron el desfile militar del 9 de Julio, para ahorrar. En realidad es al revés: están ahorrando tanto con las Fuerzas Armadas que los milicos perdieron hasta las ganas de desfilar. En cualquier caso, lo bueno es que se está cumpliendo con lo acordado con el FMI, que pidió no gastar pólvora en chimangos.

Otra. Le sacaron a Cristina el control de su holding hotelero. Creo que fue idea de ella, porque la operación se había derrumbado. Le resulta muy cuesta arriba hacer negocios sin ser presidenta: ya no podía sostener los hoteles con las tripulaciones de Aerolíneas Populares Argentinas ni con los miles de cuartos que pagaba, sin usar, la constructora de Lázaro Báez, devolución de gentilezas por las obras que le adjudicaban. Viene bárbaro para cerrarlos y hacerles una buena lavada de cara. Ah, perdón, me olvidé de que ya estaban lavados.

Los argentinos tenemos esa costumbre de hacer de todo una tragedia, sin ver lo positivo. Habrá más 9 de Julio para aplaudir a nuestros soldados, más mundiales, más hoteles en el sur (no todos son de los Kirchner), y seguramente no habrá más Sampaoli, ni más acuerdos con el FMI porque no harán falta, ni más de dos aumentos de nafta por mes.

Arriba el ánimo. A disfrutar el momento. Paso a paso.

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