El Papa denunció "la indiferencia que mata" a los cristianos en Medio Oriente

El pontífice encabezó un histórico encuentro ecuménico por la paz en Bari
El pontífice encabezó un histórico encuentro ecuménico por la paz en Bari Fuente: Reuters - Crédito: Tony Gentile
Elisabetta Piqué
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7 de julio de 2018  • 09:24

ROMA.- El Papa denunció hoy "la indiferencia que mata" a los cristianos en Medio Oriente , en un histórico encuentro ecuménico por la paz en el que reunió en la ciudad de Bari, al sur de Italia y "ventana al cercano Oriente", a todos los patriarcas y jefes de las Iglesias y de las comunidades cristianas de esta región castigada del mundo.

"Es esencial que quien tiene el poder se ponga decidida y sin más dilaciones al servicio verdadero de la paz y no al de los propios intereses. ¡Basta del beneficio de unos pocos a costa de la piel de muchos! ¡Basta de las ocupaciones de las tierras que desgarran a los pueblos! ¡Basta con el prevalecer de las verdades parciales a costa de las esperanzas de la gente! ¡Basta de usar a Medio Oriente para obtener beneficios ajenos a Medio Oriente!", clamó Francisco, que pidió también el respeto del status quo de Jerusalén y una solución negociada entre israelíes y palestinos.

El Papa habló asi después de un encuentro a puertas cerradas con veinte líderes de Iglesia cristianas de Medio Oriente en la Basílica de San Nicolás de Bari -obispo de Oriente venerado también en Occidente- y de una inédita oración por la paz en la costanera de esa ciudad. Al introducir esta pelgaria, por la mañana, luego de haber volado en helicóptero desde Roma, Francisco recordó que Medio Oriente, encrucijada de civilizaciones, cuna de las grandes religiones monoteístas y de "las raíces de nuestras almas" muchas personas viven en situación de gran sufrimiento. "A ellos les decimos: «Estamos cerca de ustedes»".

Francisco -que ya había rezado por la paz en Medio Oriente junto a jefes de Iglesias cristianas en la Iglesia del Santo Sepulcro, en Jerusalén, en su viaje a Tierra Santa de mayo de 2015, en los Jardines del Vaticano unas semanas más tarde y en la jornada de ayuno por la paz en Siria, en septiembre de 2013-, lamentó la situación que sufre esta zona del planeta. "Sobre esta espléndida región se ha ido concentrando, especialmente en los últimos años, una densa nube de tinieblas: guerra, violencia y destrucción, ocupaciones y diversas formas de fundamentalismo, migraciones forzosas y abandono, y todo esto en medio del silencio de tantos y la complicidad de muchos", clamó.

"Medio Oriente se ha vuelto una tierra de gente que deja la propia tierra. Y existe el riesgo de que se extinga la presencia de nuestros hermanos y hermanas en la fe, desfigurando el mismo rostro de la región, porque un Medio Oriente sin cristianos no sería Medio Oriente", advirtió.

Aludió así a la drástica disminución de la presencia de los cristianos: mientras que representaban el 20% de la población antes de la Primera Guerra Mundial, ahora son solamente el 4%. "La indiferencia mata, y nosotros queremos ser una voz que combate el homicidio de la indiferencia. Queremos dar voz a quien no tiene voz, a quien solo puede tragarse las lágrimas, porque Medio Oriente hoy llora, sufre y calla, mientras otros lo pisotean en busca de poder y riquezas", denunció.

En una ceremonia ecuménica ante 70.000 personas a la vera del mar, en una jornada muy cálida pero con viento, hubo antiguas liturgias en árabe y en arameo. El Evangelio fue etonado en árabe por un diácono originario de Siria, se habló en diversas lenguas -francés, inglés, griego, sirio occidental y oriental y armenio- y también los demás líderes religiosos, ubicados al lado del Papa, a su turno, pidieron paz. Entre ellos estaban el Patriarca de Constantinopla, Bartolomé, Teodoro II de Alejandría, el metropolita ruso Hilarion, el Papa copto Tawadros, el Patriarca siro-ortodoxo Mar Gewargis II, los patriarcas de las Iglesias orientales católicas, como Pierbattista Pizzaballa(del Patriarcado latino de Jerusalén), los cardenales Béchara Boutros Räi (de los maronitas de Líbano) y Louis Raphael Sako (de los caldeos iraquíes); y el obispo luterano de Jordania Sani Ibrahim Azar.

Palomas de la paz

Tras el encuentro a puertas cerradas, Francisco y veinte líderes de Iglesia cristianas de Medio Oriente liberaron palomas de la paz
Tras el encuentro a puertas cerradas, Francisco y veinte líderes de Iglesia cristianas de Medio Oriente liberaron palomas de la paz Fuente: Reuters - Crédito: Tony Gentile

Todos ellos antes veneraron junto a Francisco las reliquias de San Nicolás, en la cripta de la Basílica homónima, un sitio que es meta de peregrinación desde todo el mundo. Volvieron allí, después, para mantener un encuentro a puertas cerradas, de más de dos horas, sentados alrededor de una mesa redonda, todos en silla iguales, al mismo nivel, sin diferencias, para hablar sobre el mismo tema: la terrible situación de Medio Oriente. A su término, no hubo ninguna declaración conjunta, sino que, antes de liberar unas palomas de la paz para pedir por los niños que sufren en Medio Oriente, el Papa agradeció a los presentes por este encuentro sin precedente y volvió a hacer un fuerte llamado a la paz.

"La guerra es la plaga que trágicamente asalta esta amada región. Quien lo sufre es sobre todo la gente pobre. Pensemos en la martirizada Siria", dijo. Si bien admitió que "muchos conflictos han sido fomentados también por formas de fundamentalismo y fanatismo", Francisco volvió a denunciar el comercio de armas. "La violencia se alimenta siempre de las armas. No se puede levantar la voz para hablar de paz mientras a escondidas se siguen desenfrenadas carreras de rearme. Es una gravísima responsabilidad que pesa sobre la conciencia de las naciones, especialmente de las más poderosas", advirtió. "No olvidemos el siglo pasado, no dejemos de lado las lecciones de Hiroshima y Nagasaki, no convirtamos las tierras de Oriente, donde apareció el Verbo de paz, en oscuras extensiones de silencio. Basta de contraposiciones obstinadas, basta de la sed de ganancia, que no se detiene ante nadie con tal de acaparar depósitos de gas y combustible, sin ningún cuidado por la casa común y sin ningún escrúpulo en que el mercado de la energía dicte la ley de la convivencia entre los pueblos", exhortó.

Al margen de reclamar protección y ciudadanía para los cristianos, Francisco pidió respetar el status quo de Jerusalén, ciudad sagrada para los cristianos, judíos y musulmanes de todo el mundo y recordó que "solo una solución negociada entre israelíes y palestinos, firmemente deseada y favorecida por la comunidad de naciones, podrá conducir a una paz estable y duradera, y asegurar la coexistencia de dos Estados para dos pueblos".

Finalmente, luego de evocar los demasiados niños de Medio Oriente que fueron testigos de muerte, violencia y destrucción, pidió que la región "no sea más un arco de guerra tensado entre los continentes, sino un arca de paz acogedora para los pueblos y los credos". Y concluyó: "Amado Medio Oriente, que desaparezcan de ti las tinieblas de la guerra, del poder, de la violencia, de los fanatismos, de los beneficios injustos, de la explotación, de la pobreza, de la desigualdad y de la falta de reconocimiento de los derechos. «Que la paz descienda sobre ti», en ti la justicia, sobre ti descienda la bendición de Dios".

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