Un híbrido entre el circo y el musical con moraleja

Roberto Peloni y Facundo Mazzei
Roberto Peloni y Facundo Mazzei
Pablo Gorlero
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8 de julio de 2018  

Siddharta. Libro, letras y música: Germán Barceló y Damián Mahler. Dirección: Flavio Mendoza. Codirección: Maxi Vecco. Arreglos y orquestaciones: Federico Vilas. Intérpretes: Facundo Mazzei, Karina la Princesita, Osvaldo Laport, Franco Friguglietti, Pietro Vicentini, Roberto Peloni, Pablo Sultani, Diego Rodríguez, Fran Iezaguirre, Christian Zabala, Ana Devin, Eliana Yanuzzi, Josefina Oriazabal, Rodrigo Gómez, Sol Bardi y elenco. Coreografía: Facundo Mazzei. Luces: Ariel Gato Ponce. Diseño multimedia: Louis Medina. Escenografía: Nahuel Benítez. Vestuario: Beto Romano y Flavio Mendoza. Maquillaje: Franco e Ignacio Friguglietti. Teatro: Broadway. Nuestra opinión: buena

Sin dudas Flavio Mendoza, como director, hizo la diferencia en la forma de hacer espectáculos comerciales de gran impacto. Artista de circo, bailarín de revista, personaje mediático televisivo, no solo puso en sus propuestas todo el conocimiento adquirido en esos ámbitos sino también una visión abarcativa y multiplicadora única. También suele sumar, para garantizar la presencia de espectadores, a algún famoso o artista de renombre. Algunos mejores que otros, Stravaganza y sus variantes o Franciscus, Mahatma y también Siddharta tienen muchas cosas en común. No solo son espectáculos con producciones millonarias, sino una mixtura única entre las artes circenses, la revista de gran despliegue y la comedia musical, claro está, en un formato no muy alejado de los shows de parques temáticos. Ese combo tiene sus virtudes, pero muchas veces Mendoza tropieza con sus propios ornamentos y aquella ley teatral que siempre dice que a veces "menos es más".

Corresponde contar que Siddharta es un proyecto que sus autores, Germán Barceló y Damián Mahler, tienen desde hace bastante tiempo. Inspirados en la novela de Hermann Hesse, finalmente pudieron concretarlo, en un formato tal vez distinto al que soñaron. Porque si algo se pierde entre los múltiples impactos visuales que brinda el espectáculo es su argumento. La cantidad de cuadros circenses y artilugios escénicos fracturan una dramaturgia que se esboza interesante. Su conceptualidad se pierde a través de ese movimiento permanente que obliga al espectador a mirar hacia todos lados y fracturar su atención. Es difícil no reparar en las piruetas que realizan los acróbatas en el péndulo de la muerte y, a su vez, prestar atención a un momento clave del personaje que interpreta Osvaldo Laport. Pero la intención espiritual y con moraleja, en los momentos en que se palpa se vuelve potente.

Una de las mejores virtudes de Siddharta es su partitura musical. A través de ella, Barceló y Mahler le otorgan a la propuesta la teatralidad que se le resta por otro lado. Orquestaciones elaboradas y melodías que transitan todos los estados posibles. Otros puntos impactantes son el diseño visual, las coreografías, el diseño de luces (excelente Ariel "Gato" Ponce) y el de sonido.

Un punto flojo de Siddharta es el interpretativo. Sus protagonistas, Facundo Mazzei y Karina la Princesita sorprenden con su gran calidad vocal pero, sobre todo, ella falla en lo interpretativo. No es actriz, más no se puede pedir, pero ahí uno cuestiona si es necesario llamar a una figura mediática si hay tantos intérpretes integrales talentosos. Osvaldo Laport otorgauna cuota de seriedad en su interpretación del padre. Es creíble, canta bien y se subordina a desafíos físicos. Pero si del extenso elenco hay que destacar trabajos, ellos son los de Franco Friguglietti, Pietro Vicentini, Diego Rodríguez y Fran Eizaguirre. Los dos primeros se adueñan de los cuadros en los que participan. Son simpáticos, sobresalientes en la acrobacia y el baile, cantan y actúan muy bien. De lo mejor de la producción. En tanto que Rodríguez y Eizaguirre imponen verdad y talento a sus breves participaciones. Todos sabemos del talento de Roberto Peloni y Pablo Sultani, pero aquí están desaprovechados y ellos también transitan sus criaturas sin demasiada convicción. Del impecable ensamble vale la pena resaltar los trabajos de Christian Zabala (ex Cirque du Soleil), Rodrigo Gómez y Sol Bardi. Es impresionante cómo muchos de estos jóvenes intérpretes arriesgan la vida sin arneses ni protección.

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