Díaz-Canel, más parecido a Fidel que a Raúl Castro

El nuevo hombre fuerte de Cuba recorre la isla cultivando una imagen de cercanía con el pueblo
El nuevo hombre fuerte de Cuba recorre la isla cultivando una imagen de cercanía con el pueblo
Daniel Lozano
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8 de julio de 2018  

CARACAS.- Miguel Díaz-Canel , presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros cubanos, protagoniza una operación política y mediática para conquistar a los cubanos y venderles una imagen presidencial de efectividad, juventud y nuevos tiempos, más allá del "dedazo" impuesto por su padrino político, Raúl Castro .

Un día recorre Sancti Spíritus y otro se reúne con Yoandy Rodríguez, el mejor campesino tabaquero de la isla. Otro, visita el monasterio de la Caridad del Cobre, en un hecho inédito en revolución, y después se relaja encestando en un partido de básquet. En otro rato, acude a rendir homenaje a la tumba de Fidel Castro. En definitiva, un mandatario omnipresente en los medios de comunicación, que participan obedientes en la construcción de su propia imagen presidencial y que no dudan en asegurar que las damas quieren besar al "Richard Gere cubano" y los caballeros, abrazarlo.

"Verdaderos momentos de júbilo y entusiasmo revolucionario vivieron los más de 18.400 habitantes del poblado de El Cobre durante el recorrido", resumió Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC), que aprovechó para recordar que el poblado fue visitado en cuatro ocasiones por Fidel, así como "por tres de los últimos papas".

Díaz-Canel utiliza sus recorridos para "dialogar con el pueblo", algo que ya anunció antes de asumir el poder en abril. Tampoco duda en repartir consejos, como hacía el gran líder de la revolución. "El puente deberá quedar mejor que como estaba. Cuando vuelva a llover no deberá volver a pasar esto. Y tengan prudencia cuando crucen por el puente del tren", conminó con el desenfado que les acompaña a los vecinos de Zaza del Medio, afectados por la crecida de su río.

Y no solo política y economía. El nuevo líder cubano tampoco se pierde los mejores conciertos, como el de Laura Pausini (cantante italiana idolatrada en la isla durante el Periodo Especial) y Gente de Zona, populares reggeatoneros de varias generaciones. "Gracias por estar en este momento frente al pueblo, junto al pueblo", clamó el famoso cantante Alexander Delgado, unas palabras muy criticadas en la comunidad cubanoamericana de Miami.

Díaz-Canel acudió al concierto con su mujer, Lis Cuesta, que tras la primera polémica sobre cómo debe ser denominada (nunca antes se había utilizado el término primera dama), participa de forma evidente en la misma campaña presidencial.

El mandatario construye así su imagen presidencial, la de un líder joven y moderno, versión 2.0 de la revolución cubana sin dejar de ser el guía de su pueblo; con el apoyo de su mujer, mezclando populismo, sumando horas en televisión y buscando legitimidad a pie de calle. "Busca ser hegemónico, seducir almas, en un régimen que ha sido predominantemente dominante. Quizá sin saberlo está siendo un poco gramsciano, sin dejar de ser leninista", sostiene el politólogo Armando Chaguaceda. En la práctica, más parecido a Fidel que a Raúl, "pero sin el carisma ni la movilización" que acompañaba a Fidel, como sentencia el pensador cubano desde México.

La irrupción del sucesor de los hermanos Castro en el corazón de la propaganda cubana comenzó a gestarse tras su nombramiento como primer vicepresidente del Consejo de Estado en 2013. Desde entonces fue tratado con mimo por el Granma y los otros medios y sus apariciones fueron in crescendo, siempre a la sombra de Fidel y Raúl y compitiendo en espacio con otros dirigentes, como el ortodoxo José Ramón Machado Ventura, que lo precedió en ese cargo.

El presidente lo tiene tan claro que incluso instruye a sus colaboradores para que sigan sus pasos: "Los ministros tienen que hablar en televisión, tienen que explicar a la población lo que está pasando, cómo enfrentamos los problemas. Buscar espacios para comunicarse con la población".

Cuando solo faltan unos días para que cumpla sus tres primeros meses al frente de la revolución, el nuevo hombre fuerte del país se puede dar por satisfecho. Su nombramiento fue ampliamente reconocido, no ha cometido errores de envergadura y su respuesta ante la tragedia del Boeing 737 de Cubana de Aviación fue loada en el país.

Pero en estas semanas el presidente sintió que una piedra en su zapato, que pensaba diminuta, le molestaba más de lo previsto. El científico Ariel Ruiz Urquiola, condenado a un año de cárcel por desacato a la autoridad, ganó su pulso al poder cubano tras dos semanas de huelga de hambre y con el respaldo de disidentes, la OEA, Amnistía Internacional y Estados Unidos, además de un importante prelado católico y del famoso cantautor revolucionario Silvio Rodríguez.

"Un diverso e inédito aluvión de solidaridad forzó la licencia extrapenal, en la que se aluden problemas mentales. El régimen no da todo su brazo a torcer", advierte Chaguaceda, que sostiene que Díaz-Canel mantiene el patrón represivo de la Seguridad del Estado. "Son las mismas fuerzas que siguen en el poder monitoreando su accionar -concluye-. No creo que tenga margen de maniobra para hacer giros dramáticos en el futuro cercano".

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