Ofrecían cursos de yoga y captaban fieles para una secta

La base de operaciones de la banda se había instalado en el City Hotel, en el centro marplatense
La base de operaciones de la banda se había instalado en el City Hotel, en el centro marplatense Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Rizzi
La organización habría funcionado desde los años 70 tanto en la Argentina como en Venezuela y su líder cayó tras denuncias de abusos
Darío Palavecino
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8 de julio de 2018  

MAR DEL PLATA.- Detrás de la figura de un líder espiritual veterano y encantador se escondía una siniestra organización de trata de personas, con casos de esclavitud y hasta abusos sexuales reiterados confirmados por testimonios de algunas de las víctimas. Ese supuesto asesor espiritual era al mismo tiempo uno de los directivos de la cooperativa que administraba el hotel que oficiaba como su templo personal.

La pesquisa que desentrañó este grupo delictivo derivó esta semana en un allanamiento del establecimiento céntrico. El personal de Policía Federal Argentina que comandó el operativo pudo detener allí al cabecilla, su esposa, dos cómplices (uno de ellos venezolano) y comunicar al juez Santiago Inchausti, al frente de la investigación judicial, un dato adicional y sorprendente: en poder de los acusados encontraron armas de guerra cortas y largas y cientos de municiones, además de importantes sumas de dinero en moneda nacional y dólares. Por eso, ahora intentan establecer qué vínculo puede existir entre ese arsenal y las supuestas creencias religiosas seguidas en esa organización.

Las identidades de los primeros imputados no trascendieron. Se pudo conocer que el líder tiene 71 años y desde la década del 70 está enrolado en estas prácticas que unos vinculan con cuestiones religiosas y otros con variantes del yoga. "Desde una forma de vida diferente lograba captarlos con mecanismos sutiles que no permiten percibir la situación de sometimiento en que caían", explicó a LA NACION una alta fuente de la investigación.

La puerta de entrada a esta causa judicial fue un mensaje enviado a la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (Protex) que anticipaba lo que ocurría en instalaciones del City Hotel, de Diagonal Alberdi al 2500, a cinco cuadras de la municipalidad y otras tantas de las playas de Punta Iglesia. En principio, tomó intervención la Justicia provincial, pero los primeros indicios permitieron evidenciar casos de trata, esclavitud y reducción a servidumbre, por lo que se dejó todo en manos del fuero federal.

A la fecha se tomó una decena de testimonios de mujeres que reconocen no solo sometimientos, sino también abusos sexuales reiterados. "Hay al menos un caso muy categórico con una situación que se repitió durante más de 30 años", confió a LA NACION un investigador con acceso al expediente que, al menos por estos días, permanece bajo secreto de sumario.

La causa que tramita el juez Inchausti y en la que colabora la Fiscalía Federal N°2, a cargo de Nicolás Czizik, promete más novedades a corto plazo. Por un lado se busca identificar a más víctimas de este grupo. Los cuatro detenidos hasta el momento se negaron a declarar y seguirán tras las rejas.

Este literal gurú era al mismo tiempo uno de los conductores de la cooperativa que explota este hotel, que hasta mediados de esta semana tuvo un funcionamiento normal. De hecho, el allanamiento se realizó con un cuidado especial, dado que había en esas instalaciones huéspedes ajenos a la investigación.

Poder de fuego

A los sometimientos y abusos confirmados desde los testimonios se suman las hipótesis a trabajar ante la cantidad de armas que acopiaban los sospechosos. ¿Vínculos con narcotráfico? "Es una de tantas opciones que se analizan", confió un investigador sobre un abanico de opciones relacionadas con otras variantes delictivas.

"El poder de fuego que tenían es similar al que podemos encontrar en bandas que comercializan y trafican drogas", aseguró el secretario de Seguridad de la Nación, Eugenio Burzaco, al referirse a este caso que se viene investigando desde hace más de cuatro meses.

El juez estableció prioritario el cuidado y asistencia de las víctimas, tanto que se aguarda que algunas de ellas estén en mejores condiciones anímicas para afrontar los interrogatorios previstos en el marco de la causa judicial. Todas están bajo tratamiento de un cuerpo especializado de médicos, psicólogos y psiquiatras.

Se da por hecho que desde una oferta de clases y asesoramiento en variantes de yoga se acercaba a la gente y luego se procuraba establecer vínculos fuertes con el líder. "Terminaban haciendo a voluntad y hasta agradecían a su líder", comentaron los investigadores. El supuesto beneficio espiritual era punto de partida de varios ramales delictivos en ese hotel: explotación laboral, esclavitud, maltratos y graves abusos sexuales. En su mayoría se trata de mujeres de escasos recursos y a las que, ante cualquier intento de negativa, se las amenazaba con hacerles perder los pocos bienes que pudieran tener.

La Justicia acusó a los cuatro detenidos por trata de personas, reducción de la servidumbre, tenencia de armas de guerra y abuso sexual agravado. El líder tendría en Venezuela una causa penal abierta por homicidio, aunque no impactaría sobre la investigación que se le sigue aquí por esta especie de secta.

En casi cincuenta años de actividad esta agrupación, o al menos el derrotero de su cabecilla, alternó escalas en Argentina y Venezuela. Se advirtió que también tuvo presencia en Buenos Aires y que durante los últimos siete años se estableció en Mar del Plata, lo que no quita que desde sus anteriores destinos lo hayan acompañado varias de sus víctimas.

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