GPS

9 de julio de 2018  

El Mundial de Rusia ya resulta para los argentinos algo indigerible, y es lógico: dejará para siempre un recuerdo de sueño hecho trizas, de frustración y hasta de vergüenza. El seleccionado -no solo en la cancha: sobre todo, fuera de ella- fue un compendio de errores, desorganización, improvisación, cambios de marcha. Parece mentira, porque es una competencia que no cae imprevistamente, como peludo de regalo, sino que permite prepararla con cuatro años de anticipación. Ahora bien, pasado el lamento, lo que se presenta es la oportunidad de renacer. En estas semanas se han elogiado, por contraste, virtudes ajenas: la simpleza de Croacia, la enjundia de Rusia, el compromiso de Uruguay, el ensamble de Bélgica, la dignidad de Brasil aun en la hora del traspié. Pero también hay ADN argentino en cosas para mirar y admirar de Rusia 2018. José Pekerman, un caballero, un ejemplo, fue recibido como héroe en Colombia pese a que su equipo no superó los octavos de final. Algo muy parecido a lo que pasó en Perú con Ricardo Gareca, otro profesional respetadísimo. Y Néstor Pitana ya es uno de los mejores árbitros del certamen y hasta podría dirigir la final.

En fin, el país no perdió todo el Mundial. No es un consuelo. Es un GPS.

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