Putin no patea penales

Ezequiel Fernández Moores
Putin fue elegido otra vez presidente de Rusia con el 77% de los votos
Putin fue elegido otra vez presidente de Rusia con el 77% de los votos Fuente: Archivo
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8 de julio de 2018  • 23:59

MOSCÚ.- La acusación partió desde Ucrania, país al que el jugador croata Domagoj Vida dedicó la victoria tras eliminar por penales a Rusia. Un portal casi desconocido, que homenajea por su nombre al fallecido exDT Valery Lobanovsky, afirmó que el Kremlin había comprado el Mundial a la FIFA. Que el presidente Vladimir Putin , reelegido en marzo pasado con 77 por ciento de los votos, precisaba ganar la Copa para atenuar eventuales protestas por aumentos de tarifas en los servicios públicos y en la edad jubilatoria. Algunos medios rusos consideraron un delirio el informe, pero igualmente lo reprodujeron.

Así, el periodista Stanislav Belkovsky contó que las redes citaban además un soborno de 75 millones de euros a España para dejarse perder en el partido de octavos, cuando Rusia sorprendió al mundo eliminando por penales al gran favorito. La teoría del triunfo arreglado de Rusia llevó al Financial Times a reproducir informes sobre Agrokor, la mayor empresa privada croata, salvada por el banco ruso VTB como parte del supuesto acuerdo para asegurar también el partido siguiente de cuartos de final. Ya días antes del inicio del torneo, Mark Phillips, director de Global Sports Integrity, conocida firma británica que trabaja sobre la integridad en el deporte, aseguró que apostadores profesionales habían decidido no hacer jugadas en partidos de Rusia "porque no están seguros de que sean completamente correctos". Y se preguntó por qué razón, por primera vez en ochenta años, no había árbitros británicos en el Mundial de la FIFA. "¿Acaso fueron vetados por Rusia porque ellos no podían ser comprados?", sugería el cuestionamiento.

Las advertencias sobre "el peligro" de venir a Rusia de gobierno y prensa británica en los meses previos al Mundial explican hoy que miles de ingleses queden afuera de la semifinal que su selección jugará este miércoles ante Croacia y deban resignarse a verlo por TV (se calcula un record histórico de treinta millones de personas). Si hasta presentadores serios de la BBC se hicieron eco de informes que alertaban que los jugadores de la selección inglesa podían sufrir ataques químicos. El canciller Boris Johnson había advertido que Putin manipularía el Mundial como Hitler con los Juegos Olímpicos de Berlín 36. Putin, está claro, dista de ser un santo. Estados Unidos está cada vez más convencido de que él ayudó a convertir en presidente a Donald Trump. Y Gran Bretaña fortalece sospechas de fuerte influencia rusa en el triunfo del Brexit. Pero en el Mundial, contra lo que dijo Johnson, Putin ofreció su casa y, luego, casi ignoró el torneo.

La fiesta latina, la que aportó los hinchas más numerosos y ruidosos, lejos de los temores o prejuicios políticos del Primer Mundo, se terminó con la caída de sus selecciones. Quedaba Rusia. Seguí el partido del sábado ante Croacia en Rodina, un bar de Moscú, a veinte minutos de la Plaza Roja. Bebiendo cerveza, entre otros, con Artemi, luchador profesional de luchas medievales que cuenta que formó equipo con Argentina en un torneo en Croacia. Algunos confesaban no tener ni idea de fútbol, pero estaban entusiasmados con la selección a la que muchos, antes del Mundial, apodaban "drovoseki" ("picapiedras"), pero que ahora era orgullo nacional. La derrota por penales arrancó lágrimas. "Putin no se hubiese puesto nervioso si le tocaba patear, él siempre es el más frío en cualquier cumbre", me dice alguien en el bar Rodina. Pero Putin no juega. Frente a la TV, aún llorosos, los hinchas cantan a sus jugadores "Otlichno Srabotano". "Bien hecho".

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