Rescate en Tailandia: sacaron a cuatro chicos de la cueva, pero el clima complicaba el operativo

Médicos y policías trasladan a un helicóptero a los primeros cuatro chicos rescatados
Médicos y policías trasladan a un helicóptero a los primeros cuatro chicos rescatados Fuente: EFE - Crédito: Chiang Rai
Los equipos aprovecharon una ventana de buen tiempo y, con el apoyo de buzos, empezaron los rescates; la misión debió suspenderse temporariamente por un diluvio, que dificultaba las tareas; el nivel de oxígeno es crítico
Adrián Foncillas
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9 de julio de 2018  

MAE SAI, Tailandia.- La primera batalla contra el tiempo y el agua la ganaron los equipos de rescate. En esos términos bélicos presentaron las autoridades tailandesas el operativo para salvar a la docena de jóvenes tailandeses encerrados en una cueva que tiene en vilo al mundo. Se trata del rescate más ambicioso desde el que salvó a los mineros chilenos en 2010.

Cuatro de los chicos tailandeses vieron ayer la luz tras dos semanas en la penumbra, en una jornada resuelta con éxito imprevisto: el primero salió tres horas antes de lo esperado, acompañado por dos buzos, y los que salieron después lo hicieron a buen ritmo. Pero las intensas lluvias y el monzón contraatacaron al atardecer y complicaron las tareas.

Una inocua llovizna saludó la salida del primer miembro del equipo de fútbol Jabalíes Salvajes FC, pero luego se transformó en un diluvio. Las labores se suspendieron durante más de 10 horas, mientras los buzos reponían las críticas reservas de aire comprimido diseminadas por el camino y estudiaban el efecto de la lluvia para reanudar, anoche, el rescate.

Cada día aumenta dramáticamente el peligro de fracaso, y pende todavía la amenaza de que los chicos tengan que resistir en la cueva hasta que termine la temporada húmeda, en octubre

El inicio del rescate, sin embargo, había despertado optimismo. "Hoy todo ha ido como la seda", resumió a primera hora de la noche Narongsak Osottanakorn, el jefe del operativo. Cuatro miembros de los Jabalíes Salvajes FC salieron a la superficie tras dos semanas de tinieblas. El primer chico emergió de la cueva a las 17.40 (hora local). El resto llegó de forma escalonada y todos fueron transportados en helicóptero al hospital de Chiang Rai. Solo uno está bajo observación médica y no se teme por su estado.

Fuente: AFP - Crédito: Lillian Suwanrumpha

Pero el clima podría complicar la situación en las próximas horas. Las autoridades no quieren demorar más la reanudación de la misión porque el parte meteorológico anuncia precipitaciones continuadas. La opción prevista antes de que una ventana de buen tiempo aconsejara la operación actual, vista por muchos como demasiado arriesgada, era que permanecieran en la cueva hata octubre.

Otro factor desencadenante para acelerar el rescate fue el rápido deterioro del aire en la "playa de Pattaya", la cavidad donde resisten los chicos. El ajetreo desde que fueron descubiertos redujo la concentraciones de oxígeno hasta el 15%, cuando la respiración humana óptima requiere niveles de entre el 19,5% y el 23,5%.

Los chicos no saben nadar y en los últimos días han recibido aceleradas lecciones de buceo. Reducir el riesgo de la operación exige, pues, limitar el número de tramos en los que no hacen pie. Los centenares de bombas de agua rebajaron los niveles en 70 centímetros y secaron algunas galerías, pero su eficacia es más que dudosa ante un monzón desatado. No es raro que los turistas en el sudeste asiático aludan al diluvio universal tras padecer una tormenta.

Las autoridades decidían a primera hora de hoy si continuaban las condiciones óptimas que las habían llevado a calificar el domingo como el día D. Trece buzos extranjeros y cinco internacionales, los mejores entre el centenar reunido en los aledaños de la gruta, habían emprendido por la mañana un rescate que tuvo pendiente a los medios de todo el mundo.

En la boca esperaban seis helicópteros, trece ambulancias y un camión con botellas de oxígeno, junto a una muchedumbre formada por bomberos, psicólogos y familiares.

El millar de periodistas ya había sido debidamente alejado desde primera hora. El escenario estaba preparado en el momento que el primer chico salió de las entrañas de la montaña, cuando se ponía el sol y bajo lo que entonces aún era una tenue llovizna.

Cada chico es extraído por un par de buzos, que le sujetan la máscara respiratoria especial que cubre su cara en los tramos aún inundados. También llevan trajes de buceo, cascos y botas. Se sirven de una cuerda de ocho milímetros de grosor extendida a lo largo del trayecto como guía. En el grueso de los cuatro kilómetros que separan la boca de la gruta del montículo donde se encuentran ya es posible hacer pie. En el resto de las galerías, si son suficientemente amplias, los buzos abrazan a los chicos por el vientre. En aquellas donde apenas cabe un cuerpo humano, los segundos deben avanzar por sí mismos. La odisea comprende tramos anegados de lodo y sin visibilidad, muy exigentes incluso para buzos profesionales.

La operación había empezado a las 10 (hora local) tras comprobarse que las condiciones eran las menos malas posibles y las futuras no serían mejores. Las autoridades habían medido durante días cuestiones como las fuerzas y la moral del equipo, el menguante aire respirable de la cavidad donde permanecían y la presumible derrota que sufrirían los centenares de bombas de extracción de agua frente al inminente monzón. Un doctor y buzo australiano había dado horas antes la luz verde tras un chequeo a los atrapados. "Sus mentes y sus cuerpos están preparados y saben cómo se desarrollará la operación, están preparados para salir" , dijo Narongsak.

Los centenares de bombas de extracción habían conseguido rebajar el nivel de las aguas en 70 centímetros tras días de febril actividad. Una tromba durante la noche del sábado, sin embargo, amenazó con complicar el cuadro. Urgía aprovechar lo que restaba de ventana ante el riesgo de que el acceso a la cueva quedara sellado y los niños tuvieran que permanecer encerrados hasta octubre.

Los chicos y su entrenador se adentraron en la cueva de Tham Luang hace dos semanas para cumplir un rito iniciático. Las lluvias provocaron una súbita inundación que frustró su salida. En el noveno día, cuando el país ya digería su pérdida, fueron encontrados por dos buzos británicos. La complejidad de su extracción ha mantenido en vilo a la capital provincial y también al mundo. Sus vecinos estallaban ayer de júbilo cada vez que escuchaban el zumbido de las hélices de un helicóptero llegando de la cueva con uno de los chicos a bordo.

La operación concluirá entre hoy y mañana si el monzón no se opone. La salida de los cuatro primeros certifica que el plan funciona. No es descartable que la crisis quede felizmente resuelta en las próximas horas y que reine la hipérbole mediática. Convendrá recordar entonces al mártir que exige cualquier epopeya: se llamaba Saman Gunan, era buzo y antiguo militar, tenía 37 años y se ofreció de voluntario para salvar a los chicos que se habían metido en un problema al ignorar las señales de prohibición en la entrada de la cueva. Murió tras agotar el aire comprimido de su tanque cuando regresaba de una inmersión.

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