Rescate en Tailandia: los Jabalíes Salvajes, unidos por amor al fútbol

Los chicos, poco después de ser hallados
Los chicos, poco después de ser hallados Fuente: LA NACION
Todavía no está del todo claro por qué los 12 chicos y el entrenador decidieron entrar a la cueva
Macarena Vidal Liy
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9 de julio de 2018  

MAE SAI, Tailandia.- Cuatro de los miembros de los Jabalíes Salvajes, el equipo de fútbol infantil extraviado en la cueva tailandesa de Tham Luang, se encuentran ya fuera de la cueva y a salvo en un hospital, acompañados de sus familias. Los otros nueve esperan para salir hoy. Las noticias sobre el grupo han dado la vuelta al mundo. Pero todavía se desconoce con exactitud qué fue, exactamente, lo que los llevó a la gruta al terminar un entrenamiento el 23 de junio, el día en que los sorprendió una tormenta, que acabó inundando la cueva.

La gruta, la cuarta en extensión de Tailandia y a pocos kilómetros de la frontera con Laos y Myanmar, se encuentra en una montaña de piedra caliza, muy porosa. Su interior se inunda habitualmente durante las fuertes lluvias del monzón, entre mayo y octubre. Un cartel en el exterior prohibía la entrada a la que es, en la temporada seca, una importante atracción turística local.

Anteayer, en una visita a los voluntarios en la zona de la cueva, el ministro de Turismo tailandés, Weerasat Kowsurat, subrayaba que el suceso sirvió para tomar conciencia sobre la necesidad de mejorar este tipo de señalizaciones en todo el país. "Queremos tomar medidas para evitar que puedan repetirse estos incidentes", declaraba a los periodistas.

Quizá decidieron entrar por necesidad de protegerse de la propia lluvia. Quizá, por el deseo de celebrar el cumpleaños de uno de los chicos, Pipat Bodhi, ese día, pese a que sus padres le habían organizado una fiesta en casa. Era un lugar que visitaban con frecuencia: otras fotos que circularon de ellos tras encontrarlos el pasado lunes, después de nueve días desaparecidos, los muestran sonrientes en el interior de la caverna. Algunos dijeron que se trataba de algún tipo de rito de iniciación.

En esta ocasión los acompañaba el entrenador adjunto, Ekaphol Chantawong, de 26 años y apodado Aek. Huérfano desde chico y ordenado como monje budista cuando era más joven, había dejado el monasterio para cuidar de su abuela (ver página 4).

En una carta a los padres de los niños, parte de las que el grupo ha enviado a través de los buzos internacionales, Aek pidió perdón y prometió cuidar de los chicos "con todas sus fuerzas".

Los padres le han enviado también una misiva en la que le aseguraban que no lo culpaban de lo sucedido. "Has cuidado muy bien de nuestros hijos. Solo queremos que sepas que esto no es culpa tuya. Nadie aquí te responsabiliza, y tampoco queremos que te culpes a ti mismo. Entendemos lo que ha pasado y te apoyamos", se lee en la carta.

Los chicos, entre los 11 y los 16 años, asisten a distintas escuelas de la zona y los une su amor al fútbol. El equipo se formó hace tres años y participaba en competiciones regionales.

Precisamente, Pipat Bodhi es el único del grupo que no pertenecía al club. Se había sumado al resto para compartir el día de su cumpleaños con su amigo del alma, el arquero del equipo, Ekkarat Wongsookchan, de 14 años y apodado Bew.

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