srcset

Botero, el primer periodista que filmó a las FARC: "Escuché historias tremendas"

Pablo Waisberg
(0)
9 de julio de 2018  

Me dio muy duro esa cobertura. Escuché unas historias tremendas y de ahí pa'lante hubo un punto de quiebre. Ahí empiezo a interesarme más por el conflicto armado", sintetiza Jorge Enrique Botero y quiere seguir hablando, sin dar mayores detalles, como si una palabra alcanzara para explicar todo. Pero hay que frenarlo y preguntarle, a uno de los pocos cronistas de guerra latinoamericanos, qué significa "tremendas".

-Fue sentir el conflicto armado en la piel de las madres de los soldados, que habían decidido rescatar a sus hijos como sea.

Dice y parece volver a las oficinas de la Defensoría del Pueblo de Colombia, ocupadas por las madres de los 60 soldados caídos en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en septiembre de 1996.

Esas mujeres pedían que el Estado colombiano les diera una solución para lo que acababa de ocurrir en la noche del 30 al 31 de agosto: después de 17 horas de combate, las FARC se llevaron a seis decenas de hombres. Los sacaron del cuartel de Las Delicias y los escondieron en el fondo de la selva, en Puerto Leguízamo, en el sur colombiano, casi en la frontera con Perú. Los devolverían 10 meses más tarde, tras una extensa negociación con el presidente Ernesto Samper. Pero en los días posteriores al secuestro masivo nadie podía saber qué ocurriría con esos jóvenes soldados, que en su mayoría eran hijos de campesinos pobres. Eso es lo que entendería Botero, que se había criado en una casa de clase media bogotana, tenía título universitario y un abuelo que había sido embajador en Uruguay.

"Transmitían mucho dolor y tenían la decisión de rescatar a sus hijos como fuera. Detrás de ellas venían las historias de sus hijos. Eso era demoledor en términos humanos y, al mismo tiempo, periodísticamente muy atractivo", recuerda Botero, de paso por Buenos Aires para presentar su libro Simón Trinidad, el hombre de hierro, sentado en el bar de la librería Caburé, en San Telmo, donde quedó enamorado de esas estanterías de piso techo, confeccionadas con hierro negro y tablones de pino tea de una pulgada de espesor.

-¿Por qué lo afectaron tanto esas historias?

-Pasé de leer titulares sobre el conflicto a sentirlo en el dolor de esas mujeres. La mayoría provenían de barrios populares o era gente pobre del campo. Muchos de esos jóvenes habían sido arrancados de sus lugres mediante el reclutamiento forzoso que había hecho el Ejército.

-¿Cómo era eso?

-Llegaba un helicóptero a un pueblo pequeño, aterrizaba en el campo de fútbol y todos los muchachos se iban a verlo. La curiosidad de esos muchachos los llevaba allí y ahí los reclutaban. El helicóptero era un anzuelo.

-Pero ¿en Colombia el servicio militar es optativo?

-Es obligatorio. Pero es obligatorio para los hijos de la gente pobre porque los jóvenes de clase media para arriba pagan para obtener su Libreta Militar y no hacen el servicio militar. Hacerlo es ir a la guerra. Por eso se compra la libreta y se paga un impuesto por no hacer lo que aquí llamaban la "colimba".

-Entonces ¿la guerra es sólo para algunos?

Sí. Por eso da un poco de risa cuando algunos dirigentes políticos claman por la derrota del adversario. Lo dicen sabiendo que ninguno de sus hijos va a ir a cumplir esa tarea. Cuando se habla de seguir con la guerra mucha gente se pregunta cuántos hijos de esos dirigentes van a ir a la guerra.

-¿Lo que lo impactó fue encontrarse con la realidad de los soldados?

-Claro. No llegué a cubrir la guerra por cuenta de las FARC, ni del ELN (Ejército de Liberación Nacional) ni del M-19 (otras dos organizaciones guerrilleras). Llegué por cuenta del sufrimiento de los soldados.

La primera vez que una cámara entró a un campamento de las FARC fue en septiembre de 1996, de la mano de Botero.
La primera vez que una cámara entró a un campamento de las FARC fue en septiembre de 1996, de la mano de Botero. Fuente: Archivo

El poder de la pregunta

Hasta el copamiento del cuartel de Las Delicias, Botero había sido un periodista tradicional de la sección Política. Seguía temas legislativos y usaba traje y corbata para ir a ver diputados, senadores o ministros. Sus días podían ir de una conferencia de prensa en la Casa de Nariño, que es la Casa Rosada colombiana, a un encuentro con algún funcionario para obtener alguna información off the record y de allí a conducir el Noticiero 24 Horas, un canal de noticias que lideraba el ranking de audiencia desde los años setenta.

Había llegado hasta allí después de hacer una pregunta que provocó una turbulencia política en el gobierno de Samper, que en su primer año de mandato enfrentó un sismo cuando se conoció que parte de su campaña electoral había sido financiada por el Cartel de Cali. Así lo había reconocido su tesorero ante la Justicia colombiana.

Lo que Botero dijo fue justamente en medio de una conferencia de prensa en la sede del Ministerio de Gobierno, que funcionaba en el Palacio Etcheverri. El edificio es un conjunto de cuatro casas construidas sobre los solares y huertas del Convento de Santa Clara, a principios de 1900. Los hermanos Echeverri querían transmitir una imagen palaciega, aunque fueran comerciantes y no reyes, y le encargaron la tarea al arquitecto francés Gazón Lelarge, que trajo vitrales desde Burdeos para completar el diseño neoclásico de su obra.

El patio donde se hacía la conferencia estaba atestado de cámaras y periodistas. Tenían enfrente al ministro de Gobierno, Horacio Serpa, y a su par de Defensa, Fernando Botero Zea, quienes daban un detalle minucioso sobre la indagatoria judicial a Santiago Medina, el tesorero de Samper. Hasta que le tocó a Botero, que unos minutos antes de su turno había recibido un dato que le hizo cambiar en el aire la pregunta que tenía pensada.

Doctor Botero, nos acaban de informar de la Fiscalía que la indagatoria del señor Medina fue sustraída de la Fiscalía el día sábado. Incluso ahora hay funcionarios de la DIJIN (Dirección Central de Policía Judicial e Investigación) tomando huellas ¿Cómo se explica usted que, si esa indagatoria no se filtró a los medios de comunicación, usted prácticamente nos hizo un relato pormenorizado de su contenido?

El gobierno tuvo conocimiento de su contenido -respondió Botero Zea y se frenó en seco, miró a su compañero del gabinete nacional y, por un segundo, los dos hicieron silencio, pero se repusieron.

El gobierno conoció un anónimo -corrigió Serpa sobre la marcha porque vivimos en el país de los anónimos.

Al día siguiente, el ministro Botero Zea renunció. Meses después fue detenido y condenado.

Botero se convirtió en la nueva figura del periodismo que se disputaron algunos medios: ganó el Premio Rey de España por unas notas relacionadas el conflicto bélico y fue contratado por el Noticiero 24 horas, donde se terminó de chocar de frente con la guerra, y luego pasó a la cadena Caracol, el canal privado de televisión más importante de Colombia.

La vida en verde

"Llegar a Caracol era el sueño de todos los periodistas, era llegar a la cúspide. Me nombraron director de Programas Periodísticos, donde tenía cinco programas a mi cargo, pero eran todos sobre la farándula o viajes. Ahí empecé a aburrirme y ofrecí hacer un programa de Gran Reportaje, que es casi un formato de documental, y dijeron que sí", recuerda.

-¿Volvía a ser reportero?

-Claro. Me gusta ser reportero por el contacto directo con la realidad, la posibilidad de moverse, de ir a todos lados. Las historias no están en el escritorio ni se consiguen por teléfono.

Fuente: Archivo - Crédito: Flor Cosin

-Pero tenía que elegir un buen tema para abrir la serie de grandes reportajes.

-Teníamos que salir con algo de mucho impacto visual, pero que también fuera una primicia. Justo se produjo un hecho que llevó a que las FARC tuvieran detenidos a casi 300 soldados y policías en cinco campamentos, en una zona que se llama El Caquetá y que para nosotros es el culo del mundo. Y los tenían entre alambradas. La imagen era muy asociable a los campos de concentración nazi por las alambradas. Logramos la autorización de las FARC para entrar.

-¿Cómo llegaron hasta allí?

-Hicimos 11 días de travesía: en lancha, a pie, en mula. Sin contar el avión que nos llevó desde Bogotá a la capital de El Caquetá.

-¿Con qué se encontraron?

-El camarógrafo llevaba una Betacam gigante. Y a cada rato me decía: 'Botero paremos' porque no dejaba de llorar por las imágenes que íbamos tomando y tenía que secar el visor. Algunos de esos chicos llevaban tres años de cautiverio. Todo allí era verde: el uniforme verde, la vegetación verde, usted mira para arriba y no ve el sol, porque los árboles son gigantes. La productora mía llevaba una chaqueta color roja y la gente se le acercaba a tocarla porque no veían otro color que verde. La gente tenía un color verdoso. Parecía como si se fueran convirtiendo en plantas.

-Tenían ese gran reportaje.

-Volvimos a Bogotá y nos metimos en la sala de edición, que era toda vidriada como una pecera. Empezamos a editar y toda la gente del canal se acercaba y se pegaba al vidrio.

-¿Hasta ese momento no se habían visto imágenes desde adentro de los campamentos guerrilleros?

-No. Era la primera vez que una cámara ingresaba allí. Eran imágenes escalofriantes. Eran seres humanos en condiciones extremas. Todos vivían en las mismas condiciones. Se aferraban mucho a Dios. Filmamos a los soldados rezando con gran fervor religioso.

Mientras Botero y su equipo editaban se corrió la voz y el gobierno inició gestiones con Caracol. Pero Botero siguió editando. Terminó su primer gran reportaje y el canal comenzó a promocionar la emisión del programa. Pero no llegó emitirse porque Caracol cedió ante el pedido de la Casa de Nariño, que para el año 2000 estaba en manos del entonces presidente Andrés Pastrana.

"El gobierno consideraba que esas imágenes daban la sensación de que se estaba perdiendo la guerra, que la guerrilla había tomado la iniciativa e inclinaba la balanza a su favor. Daba una imagen de derrota. Creían que la moral se vendría al piso. Así que decidieron no darlo y sólo emitieron algunas imágenes que no tenían nada que ver con lo que habíamos hecho. Tuve miedo, porque ponía en riesgo mi vida. Las FARC podrían decir: 'Estuvo una semana aquí, filmó todo y ahora no sale nada ¿es un espía o qué?'", explica Botero.

Ese fue otro punto de ruptura: la situación se resolvió con su denuncia pública de censura y un acuerdo de desvinculación. Pero él no se quedó tranquilo. Temía que eso fuera malinterpretado por la guerrilla. Así que reactivó sus contactos y les dijo que quería mostrar el reportaje censurado, que llamó "En el verde mar del olvido" y puede verse en YouTube.

Después de unas imágenes de un avión que despega, de Botero tomando apuntes en una mesa del avión, un recorrido en auto, jeep y lancha, aparece el campamento guerrillero, donde están detenidos los soldados y policías en unas enormes jaulas de alambre.

"Hace muchos meses comenzó el drama para decenas y decenas de soldados y policías colombianos que cayeron en poder de las FARC tras horas de fuego cruzado. El canal Caracol ha llegado hasta su sitio de reclusión en algún lugar de las selvas de Colombia. Lo que ustedes verán a continuación será el testimonio y la vida cotidiana de días, meses y años, de un cautiverio paciente y solitario, cuyo final sigue incierto", dice Botero, en primer plano, con gorrita de béisbol y chaleco con el escudo del canal de televisión más importante de Colombia. Luego la cámara hace un paneo por la selva y muestra un campamento hecho de maderas, bolsas de nylon negras y alambrados. Todo es de color verde.

Botero dejó su alto cargo en la señal Caracol para cubrir el conflicto con las FARC.
Botero dejó su alto cargo en la señal Caracol para cubrir el conflicto con las FARC. Fuente: Archivo

¿Cómo pensar que es posible canjear a personas que están en la cárcel por haber cometido delitos como son los guerrilleros de las FARC por otras personas que estaban cumpliendo con su deber como son los soldados y policías? - pregunta un Botero casi 20 años más joven a Víctor Suárez Rojas, a quien todos llamaban Mono Jojoy y comandaba el Bloque Oriental.

-Estamos enfrentados contra al Estado y nosotros estamos por fuera de las leyes, somos otro Estado. Entonces si ellos nos tienen prisioneros nosotros los cogemos prisioneros a ellos y proponemos un canje, y en eso estamos y esperamos que el gobierno dé la solución.

Tarea cumplida

El equilibrio periodístico que logró en ese reportaje y la censura que le impuso el gobierno le permitieron construir una relación respetuosa con las FARC. El dinero de la indemnización de Caracol lo invirtió en una buena cámara y en una isla de edición, y se convirtió en periodista freelance con materiales exclusivos sobre la guerra más larga de la historia reciente de Latinoamérica, que vendió en todo el mundo.

Ese acceso y la capacidad de tener las antenas siempre alertas le permitieron escribir una primicia periodística en formato de libro: Últimas noticias de la guerra, publicado en 2006, trata sobre la relación entre Clara Rojas y un guerrillero y el bebé de ambos, que nació en medio de un bombardeo. Esa historia le ganó el enojo de las FARC. Y también del Gobierno.

En Simón Trinidad, el hombre de hierro, su último libro, reconstruye la vida de Ricardo Palmera, un gerente del Banco del Comercio que se sumó a la guerrilla y fue juzgado y detenido en Estados Unidos. El primer proceso judicial terminó anulado porque el jurado no logró ponerse de acuerdo con el veredicto. Debieron hacerle un segundo juicio, con nuevo juez y jurado, donde finalmente fue condenado a sesenta años de prisión por el delito de conspirar para detener a tres ciudadanos americanos, que serían agentes de la CIA. Está preso en una cárcel subterránea de Colorado, conocida como "la tumba de los vivos". El tercer juicio fue por narcotráfico, pero el jurado tampoco logró ponerse de acuerdo y también fue anulado.

-Existe una percepción social que relaciona a las FARC con el narcotráfico. ¿usted qué es lo que vio?

Me he metido muy adentro en la selva y en la montaña. Todos esos territorios tienen una presencia de cultivo de coca increíble. Hay más de cien mil hectáreas de coca cultivada y somos el principal exportador de cocaína del mundo. Todos esos territorios eran controlados por las FARC. El vínculo era obvio e imposible de evitar, pero la idea de las FARC cultivando, procesando y exportando cocaína se impuso para desacreditar a las FARC. Nunca fueron un cartel narco.

-¿Cuál era su vínculo?

-Allí hay cultivadores, que suelen trabajar en pequeñas parcelas, y llegan los compradores de la hoja o la pasta de coca, que la llevan a los cristalizaderos, donde eso se convierte en cristales de cocaína. Las FARC les cobraban un impuesto a los compradores.

-¿Tenían el control territorial?

-Sí y por eso cobraban un impuesto.

La vida profesional de Botero volvió a torcerse cuando se firmó el Acuerdo de Paz, a fines de 2016, en Bogotá. Fue el resultado de seis años de negociación entre el entonces presidente Juan Manuel Santos y la conducción de las FARC. Ahora esas dos décadas en las que se dedicó a seguir la guerra parecen lejanas. Está enfocado en contar este nuevo tiempo.

"No tengo el síndrome del fin de la guerra, que afectó a algunos colegas periodistas que trabajaron mucho en torno al conflicto. No tengo ese problema. Quiero vivir sin guerra, quiero hacer periodismo sobre la paz, quiero contar sobre como Colombia puede mirar al futuro con otros ojos", dice este cronista de guerra latinoamericano que se ilusiona con las historias del post conflicto más largo de la región.

Botero dice que muchos de sus colegas quedaron con el síndrome de fin de la guerra y no pueden escribir de otra cosa.
Botero dice que muchos de sus colegas quedaron con el síndrome de fin de la guerra y no pueden escribir de otra cosa. Fuente: Archivo - Crédito: Flor Cosín

Hacer la paz

El 27 de mayo pasado se hizo la primera vuelta electoral, que fue histórica porque participó el 53,38% de los ciudadanos y ciudadanas habilitados para votar. Es la primera vez que los votantes superan a los abstencionistas. Los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta fueron Iván Duque, del uribista Centro Democrático, y Gustavo Petro, exalcalde de Bogotá y dirigente del movimiento de izquierda Colombia Humana.

"La alta participación electoral es un claro efecto del acuerdo de paz con las FARC y un adelanto de lo que podría desatarse en el futuro en materia de participación ciudadana y ampliación de la democracia", se entusiasma Botero al responder unas últimas preguntas vía correo electrónico antes de saber el resultado final. Completa: "Resulta particularmente llamativo el aumento de la participación de los jóvenes, quienes tradicionalmente habían dado la espalda a los temas políticos. La polarización entre extrema derecha e izquierda también hizo su trabajo en el aumento de la votación".

La guerra -sobre la que Botero ya no quiere escribir- comenzó en 1964. Fue la respuesta a un bombardeo a un grupo de campesinos que reclamaban una política agraria. Después la política y la economía fueron complicando las cosas: algunos dueños de tierras se favorecieron con el éxodo de campesinos y ayudaron a crear grupos paramilitares, el narcotráfico se desarrolló como negocio y los vendedores de armas entraron en acción. Ese conflicto dejó unos 60 mil desaparecidos, casi de 220 mil muertos -de los cuáles sólo el 12% son responsabilidad de las FARC, según un informe de Naciones Unidas-, 4,7 millones de campesinos desplazados y otros tantos exiliados.

"Si gana Petro ganará la paz, la posibilidad de buscar nuevos caminos para el desarrollo económico y social. Será la oportunidad de abrir nuestra restringida democracia y de implementar lo acordado en los acuerdos de paz, especialmente en materia agraria, tema que dio origen al conflicto armado. Pero si gana Duque, Colombia volverá a quedar en manos de sectores ultra conservadores, que aplicarán la receta neoliberal en lo económico y social y apelarán a la persecución de los sectores de oposición", analiza Botero a la espera de los resultados.

Un mes después, ganaba Duque.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?