Antoine Griezmann, el cerebro de mangas largas que regula la ilusión de los Bleus

El delantero de Atlético de Madrid es el jugador más influyente de Francia.
El delantero de Atlético de Madrid es el jugador más influyente de Francia. Fuente: AP
Marcelo Gantman
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9 de julio de 2018  • 23:59

MOSCÚ.- El plantel francés vuelve a su concentración en Istra, a 60 kilómetros de la capital rusa, luego de eliminar a Uruguay en Nizhny Novgorod. Los empleados del hotel Hilton Garden forman un pasillo para saludar a los huéspedes que vuelven a casa. Todos cantan y bailan. La cámara testigo de la Federación francesa que registra la intimidad del seleccionado no se pierde semejante regreso. Antoine Griezmann atraviesa ese corredor agachado y ensayando los pasitos que popularizó el cantante Jamiroquai. El delantero de Atlético de Madrid es el jugador más influyente de Francia . En la cancha, pero también en la armonía del plantel.

"Adoro estos partidos. Son los que más me gustan jugar. Los que si no ganás, estás afuera. Estos son los partidos donde se ve el nivel de los jugadores. Yo estoy bien, me siento bien. No estoy cansado", comentó Griezmann en la intimidad de ese hotel que la Federación Francesa de Fútbol (FFF), a través de las redes sociales, descubre estratégicamente para que los fanáticos tengan contacto con su equipo.

Las estadísticas que ofrece Opta respaldan el buen sabor de boca que tiene Griezmann con este tipo de partidos: el delantero lleva siete goles sobre seis partidos eliminatorios consecutivos entre la Eurocopa y el Mundial. La influencia de Griezmann fue notoria en los cuartos de final frente a Uruguay. Encontró a Raphael Varane con el tiro libre que permitió abrir el marcador y después selló el partido con ese tiro envenenado que Fernando Muslera no pudo controlar.

Griezmann es goleador y un sacrificado jugador cuando Francia tiene que presionar en la salida. En su seleccionado su capacidad de anotar está balanceada con la organización del juego que a veces no se nota por televisión. Griezmann camina la cancha con autoridad. Está en permanente conversación con el banco de los suplentes para intercambiar comentarios con el entrenador Deschamps y sus ayudantes. Su visión de juego es mucho más amplia que la que se percibe en su desempeño en Atlético de Madrid, club en el que va a permanecer más allá de haberle sentido el aroma a los 100 millones de euros que ofrecía Barcelona, negociación que desestimó el mismo día en que se inició la Copa del Mundo.

La tarea de Griezmann suele terminar antes del tiempo reglamentario. Deschamps lo ha sacado del campo en los cinco partidos que lleva jugados en el Mundial. Por lo general, Francia ya tiene resuelta su labor cuando Griezmann se va de la cancha. Se lleva con él los aplausos y el mensaje para el rival, cuando sale, es que Francia ya pide la rendición de su adversario. Tal vez contra la Argentina, Deschamps se apresuró demasiado en sacarlo -también a Mbappé- y el resultado pudo haber estado en riesgo. Es una muestra clara de lo que le sucede a un equipo cuando se entera que Griezmann ya no forma parte de la batalla. Pero eso forma parte del pasado.

Con toda una vida futbolística desarrollada en España, Antoine Griezmann es el ícono del seleccionado francés. Es el único con su camiseta de mangas largas. Es uno de los que aplica la vieja enseñanza del marketing que impuso David Beckham (Cristiano Ronaldo y Wayne Rooney son otros miembros de ese club) para que un jugador se destaque por sobre los otros con un detalle llamativo en su indumentaria. Griezmann es mucho más que un par de mangas largas. Es el poder de fuego y uno de los cerebros de Francia. Es el gol y la defensa. Es el baile de celebración y la calma antes de desatar la furia frente a Bélgica. Ese padre de familia que vive con sus compañeros en un hotel y espera el llamado, como un niño, para salir a jugar al fútbol en el partido más trascendente para toda una generación.

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