El Mercosur y Europa juegan en Bruselas sus últimas cartas para llegar a un acuerdo

Los bloques buscan resolver los "detalles" pendientes del tratado; tras varios intentos fallidos, la cautela se impone al optimismo
Alan Soria Guadalupe
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10 de julio de 2018  

El Mercosur y la Unión Europea (UE) comenzaron ayer a buscar una nueva oportunidad para firmar el demorado acuerdo de asociación, pero pese a la voluntad política de cerrar el tratado el panorama es incierto. A diferencia del optimismo que se percibía por parte de los funcionarios en la previa de otras reuniones, esta vez en ambos bloques intentan no sobredimensionar las expectativas y advierten que aunque hubo avances en los últimos meses, esta semana en Bruselas deberán resolverse "detalles".

Para el Gobierno, esos puntos no deberían impedir que se avance de una vez en la concreción del acuerdo, más aún cuando la región está a las puertas del proceso electoral de Brasil, la principal economía del Mercosur, lo que indefectiblemente pondrá pausa en el diálogo. Más allá de los aspectos técnicos se necesita de la venia política para avanzar.

¿Cuáles son esos puntos sin consenso? "El ingreso de productos y las denominaciones de origen", responden, y mencionan cuestiones "menores" del ámbito agropecuario, que fue uno de los aspectos más ríspidos de la negociación por el fuerte rechazo de productores de varios puntos del continente, con Francia a la cabeza, acompañada por Irlanda, Hungría y Polonia, que son las naciones más proteccionistas en materia agropecuaria.

Los técnicos de ambos bloques tienen que acordar qué ocurrirá con las denominaciones de algunos productos comercializados y los sectores que los producen. Por ejemplo, el queso roquefort. En Europa hay algunos términos que están protegidos, como si se tratara de un derecho de autor, que en el Mercosur son tomados como genéricos. Por eso, el queso roquefort que se produce en la región francesa homónima es considerado el original y no debería haber otro queso que se venda bajo el mismo nombre.

Ese caso se replicó con otros 356 nombres que debían negociarse al comienzo del diálogo entre los bloques. Se trata de una negociación individual y ahora deben acordarse alternativas para encontrar una solución a los 40 restantes.

Otro de los puntos en cuestión es la liberalización del comercio de automóviles y los plazos para la desgravación de los aranceles. El Mercosur pide 15 años para completarla; Europa pide 10.

El tamaño de las cuotas de arroz o azúcar que se puedan comercializar es otro aspecto a resolver.

Por su parte, la UE también tiene la pretensión de que el Mercosur abra el mercado para los productos lácteos, que en Europa están subsidiados, pero la región se opone.

Aunque todavía no se sabe cuál será el resultado de las negociaciones, quienes están involucrados en el proceso hablan con cautela, pero no con pesimismo. "En diciembre creíamos que lo podíamos cerrar y no pasó. Haremos todo lo posible por lograrlo. Nadie se opone", sostuvo uno de los enviados a Bruselas.

Si hay lugar para el optimismo, en el Mercosur creen que quedó atrás el fuerte freno que Francia le había puesto al tratado por la falta de apoyo de los productores ganaderos. El gobierno de Emmanuel Macron había elevado un malestar compartido con otras naciones de la UE por la posible apertura de importaciones de carne bovina, pero en Europa afirman que este año la situación "evolucionó".

El factor político será clave esta semana y se verá si se logra imponer la necesidad de firmar el "acuerdo estratégico de envergadura", en palabras de Jorge Faurie, más allá de que queden puntos por debatir.

La negociación estará conducida esta vez por Uruguay, que ejerce la presidencia del Mercosur. Será un test para el gobierno de Tabaré Vázquez, quien hace pocas semanas dijo que su país no iba a apoyar la firma de un "acuerdito".

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