Palabras

Víctor Hugo Ghitta
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10 de julio de 2018  

El lenguaje está hecho casi siempre de sutilezas. Como sucede en los enigmas del inglés Arthur Conan Doyle, el fabuloso creador de Sherlock Holmes, lo que verdaderamente importa está siempre en los detalles. Sucede también cuando escribimos. Ayer ofreció una prueba contundente del sesgo que muchas veces cobra el uso que hacemos de las palabras Romelu Lukaku, jugador de la selección belga y una de las grandes estrellas del Mundial de Rusia. Consultado acerca del modo en que la prensa trató su condición de hijo de inmigrantes (Lukaku nació en Amberes, pero sus padres son congoleños), recordó que ese tratamiento no fue siempre igual cuando su rendimiento deportivo y el de su equipo lo condujeron al triunfo o a la derrota. "Cuando las cosas iban bien, los diarios me llamaban el goleador belga; cuando no iban tan bien, me llamaban el descendiente de congoleños", sintetizó con amarga ironía.

La frase de Lukaku recuerda otra parecida de Samuel Eto'o, estrella nacida en Camerún que terminó adquiriendo la nacionalidad española, cuando pasó a ser jugador del Barcelona. Apenas pisó el Camp Nou, el chico vislumbró su injusto destino: "Correré como un negro para vivir como un blanco", dijo.

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