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Lengua patria

SI HUBIERAMOS VIVIDO AQUI Por Roberto Raschella (Losada)-205 páginas-($ 14)
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7 de octubre de 1998  

"RASCHELLA cambia lo que se vino escuchando hasta ahora en la Argentina, cada vez que la ficción tomó las lenguas de los inmigrantes", escribía Beatriz Sarlo sobre Diálogos en los patios rojos (1994), primera novela de este autor, publicada a sus sesenta y cuatro años. Maestro de escuela durante tres décadas, ensayista de cine y guionista de cortos en los años 50 y 60, traductor del italiano de vasta trayectoria, poeta, novelista, Raschella, hijo de calabreses, nació en Buenos Aires en 1930.

Afirma Sarlo: "El dialecto es la lengua de los adjetivos precisos y densos, de las denominaciones múltiples", esa carga expresiva (afectiva) de la lengua materna que se extraña al hablar en otro idioma. Las dos novelas de Raschella discurren en una lengua elaborada por un narrador a partir de voces que resuenan en su memoria. Pero la primera transcurre en Buenos Aires y la segunda relata una estadía en la aldea natal de los padres. Lo que prima ya no es una experiencia personal de la marca del italiano en el habla argentina; ahora los diálogos deben ser totalmente re/producidos de una lengua a otra, que se "contamina" de la primera.

Las formas en que eso se manifiesta son sencillas de describir (no de escribir): sobre una base de castellano con sintaxis a menudo italianizada (como los diálogos "traducidos" del inglés en "Muchacha punk", de Fogwill) se esparcen algunas palabras en italiano o calabrés y, profusamente, palabras italianas castellanizadas (a veces también castellanas, pero poco usuales) o palabras castellanas empleadas con el matiz de su homófona o su pariente en italiano.

Pero eso dice poco del valor expresivo (precisión, densidad, multiplicidad) que adquieren tales recursos en contexto. Porque la "contaminación" no viene de fuera sino de dentro. Y por más que no se conozca una palabra o un matiz, la conexión no se interrumpe. Como le dice el tío al narrador: "Ahora mismo podrías decirme en tu lengua una amenaza o una derisión... y yo comprendería como los niños y como los perros que me quieres matar aunque me hables dulcemente".

Si hubiéramos... es todo espesor. Espesor que no radica tanto en una caracterización convencional de los personajes como en su decir. De algún modo es un descenso a los infiernos, a regiones inferiores (recónditas) de la memoria. Incluyendo, como le sucede a Eneas al llegar a tierra itálica, un encuentro central con el padre muerto. Pero a Eneas se le revela el futuro, y al personaje de Raschella, el pasado. Ese sueño cifra la novela: una búsqueda de saldar cuentas que, finalmente, quedarán sin cerrar. "Mi patria es la lengua portuguesa", dijo Pessoa. El personaje de Raschella diría: mi patria es la lengua, pero ¿cuál?

Acaso la imposibilidad de responder por completo a esa pregunta (desde el relato, pues la novela en sí es toda una respuesta) desata un final repentino. Los personajes, salvo el narrador en primerísimo plano consigo mismo (en el corazón de la lengua-patria, raíces que no consiguen arraigar ni en un lado ni en otro), se disipan en la atmósfera, dejándola en tensión.

Para quienes lamentan la pobreza de lo que hoy se escribe, he aquí una oportunidad de cambiar de parecer.

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