Darío Barassi: "El humor me salvó de los conflictos que pude haber tenido por mi cuerpo"

"Parezco desprolijo pero no: soy muy obsesivo"
"Parezco desprolijo pero no: soy muy obsesivo" Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo
Fernanda Iglesias
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12 de julio de 2018  • 00:06

La historia oficial dice que todo empezó de casualidad. Que fue a acompañar a un amigo a un casting y lo eligieron a él. Un cliché del que Darío Barassi se ríe, pero jura que es verdad. Doce años después, ese "gordito simpático" que entró a la tele porque hizo reír a los que tomaban la prueba, actúa en teatro, hace voces en películas animadas como en Hotel Transylvania 3, integra exitosos elencos de televisión y -sobre todo- mantiene su esencia. La misma que trajo de San Juan a Buenos Aires cuando decidió que lo suyo era el arte.

-Fuiste a un casting de noteros a acompañar a un amigo y ¡le sacaste el puesto!

-Me da vergüenza contarlo, parece una mentira.

-¿Cómo fue?

-Yo estudiaba teatro y toda la vida pensé que iba a ser actor. Me imaginaba laburando de abogado durante el día, porque era un poco lo que me pedía mi familia, pero sabía que tenía un don para la actuación.

-¿Y fue así?

-Al principio. Pero hoy por hoy me siento muy alejado. Me preguntás algo de abogacía y me pierdo. Yo iba más para el lado del teatro, que era lo que me gustaba. Nunca en la vida pensé que iba a empezar como notero de un programa de televisión. No era una búsqueda, ni en pedo.

-¿Fue como la forma de meterse en el medio?

-Tampoco quería meterme como sea. La tele no era un terreno donde yo decía: "Acá quiero estar". Ahora me enloquece.

-¿Enseguida empezaste a hacer notas?

-Esa misma noche. Después del casting nos estábamos yendo con mi amigo a comer y me suena el teléfono. Era el productor que quería que vaya a cubrir un evento. Le hice nota a Maju Lozano, a Ronnie Arias... Justo me tocó gente copada. Y dije: "Qué bueno esto". Me pasó algo con la cámara: me inhibió cero y empecé a trabajar de eso.

-¿Seguías trabajando de abogado?

-Sí. Era asesor de legales del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Tenía un cargo importante, pero era medio romanticón para ser abogado. Me rebotaron muchos escritos porque era muy meloso. Escribía largo, era muy sensible.

-¿Era un mandato familiar estudiar abogacía?

-Mi viejo era abogado y vengo de una familia de bodegueros. Me dijeron que si me venía a Buenos Aires tenía que estudiar una carrera universitaria. Fui a averiguar al IUNA y no me gustó el hecho de hacer universitario el teatro. Me gustaba que fuera mas lúdico, que sea más físico, pero algo tenía que estudiar. Si yo hubiera estudiado ingeniería en alimentos también me hubiera ido bien porque soy medio ñoño. No sé si tengo pasta para ser abogado pero sí soy estudioso. Tengo mucha memoria, soy muy estructurado, muy ordenado. Parezco desprolijo pero no: soy muy obsesivo.

-Pero tu familia no quería que fueras actor.

-Me decían que si quería hacer teatro porque me divertía que lo hiciera y que me iban a ir a ver a la obrita de fin de año, pero querían un título.

-¿Le agradecés a tu familia esa insistencia?

-No, siento que me tendrían que haber escuchado un poco más. Me tendrían que haber preguntado qué era realmente lo que me gustaba.

-¿Dónde estudiaste abogacía?

-En la UBA. Me iba bárbaro.Tengo un gran grupo de amigos de abogados con los que me junto y me divierto, hasta que se ponen a hablar de abogacía y ¡me pego un embole!

-¿Por qué dejaste San Juan?

-No me desafiaba. Como tenía familia acá y quería estudiar teatro, Buenos Aires era "el" destino y cuando llegue acá me explotó la cabeza. A los tres meses estaba yendo a fiestas under, haciendo teatro en sótanos del Abasto... Mi familia no lo podía creer. Iban a esos lugares a verme y por poco no me querían tirar alcohol.

"Cuando mi viejo se murió yo era chico y mi mamá tuvo que salir a bancar la situación".
"Cuando mi viejo se murió yo era chico y mi mamá tuvo que salir a bancar la situación". Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

-¿Cómo era tu vida en San Juan?

-Vengo de una familia muy conservadora. Eran los dueños de las bodegas Graffigna. Una familia prestigiosa de San Juan que yo agarré ya medio pobretona.

-¿Por qué?

-Porque cuando yo nací ya habían vendido gran parte de las bodegas.

-Vos sos un poco cheto...

-Es el personaje. Sí soy un pibe que sabe comer con cuatro cubiertos de cada lado porque se comía así en mi casa.

-¿Una casa grande?

-Grande, muy linda. Mi viejo se murió cuando yo era chico y mi mamá tuvo que salir a bancarla. Eramos tres hermanos varones y nunca nos faltó nada. La verdad, un diez mi vieja. Incluso cuando me fui, mis dos hermanos estaban viviendo en Buenos Aires y a mí me costaba dejarla sola en San Juan y ella me dijo: "Te vas, o te vas".

-¿Te quedó algo de la bodega?

-Nada, se vendió. No mordí nada. Es más, ahora es un museo.

-¡Qué lástima!

-Se fue la riqueza, somos pobres ahora. Me vendría bien un poco de herencia. Tengo 34 años, me compré mi primera casa, me casé... Igual, no me gustan las cosas fáciles.

-Pero a vos te fue bien: viniste acá y enseguida conseguiste trabajo.

-Es que me gusta, soy muy autodidacta. Mi familia era un poco conservadora... Yo necesitaba bancarme solo.

-¿Viviste con tus hermanos apenas te mudaste a Buenos Aires?

-Sí, teníamos un departamento normal, en Barrio Norte. Mis tíos tenían una buena posición económica, nos invitaban a comer. Ellos tenían una linda casa, con mis primos teníamos la mejor. Nos íbamos a Pacheco los fines de semana. La verdad, tengo una buena vida, tengo una buena historia.

-Salvo lo de la muerte de tu papá...

-Sí. Eso es lo más triste. De chico quizás no me daba cuenta y tal vez ahora de grande, cuando me van pasando ciertas cosas, digo: "¡cómo me gustaría que esté para contárselo!"

-¿De qué murió?

-Tuvo una mala praxis. Lo operaron de la cadera, le quedó una hemorragia interna que no detectaron y al tiempo murió.

-¿Hicieron juicio?

-En San Juan es medio complicado el tema. Era mi mamá sola contra toda una institución. Sé que ella intentó, hubo un freno por parte de la clínica y como se tenía que hacer cargo de sus hijos, lo dejó y siguió para adelante.

-¿Cuándo se dio el quiebre por el que decidiste dejar de ser notero y dedicarte de lleno a ser actor?

-Me acuerdo que trabajaba en AM y me mandaron a hacerle una nota a Celeste Cid, que no estaba en un buen momento, lanzaba una obra de teatro y tuve que ir a cubrir. Me dijeron que no volviera sin preguntarle cómo estaba ella con su problema y yo no podía. Me sentía incómodo, no me interesaba. No la quería molestar, pobre piba, la estaba pasando mal. Ahí me dí cuenta de que por ahí no quería ir. Por suerte, en el programa me recontrabancaron y me dejaron hacer otras cosas.

-Ibas buscando tu lugar dentro de tu deseo.

-Lo de notero fue muy de transición. Pensé: "Lo voy a hacer porque me cayó muy de arriba, es tele, calculo que me va a ayudar un poco". Pero imaginate que yo en ese momento laburaba como abogado, era un chino. Me cambiaba en el baño del estudio y me iba a hacer notas a Vicky Xipolitakis, a Alfredo Alcón... A la noche llegaba a casa y terminaba de escribir los escritos para el día siguiente. Un esfuerzo grande, pero seguí porque en AM había muy buena química, me dieron un gran lugar.

-Hacías personajes, te disfrazabas...

-Ahí empezó un quiebre con mi familia. "¿Es necesario, gordo?", me decían.

-¿Te bancaron?

-Entendieron un poco el juego. Era difícil. Eran las 9 de la mañana y yo estaba travestido.

-¿Les molestaba?

-Se empezaron a divertir. Se dieron cuenta de que no me hacían mucha mella los límites que me querían imponer. Yo era un pendejo, tenía 22 años. Era un pajuerano.

-¿Te sentías así?

-Recontra. En San Juan todo era muy tranquilo. Amigos, asado, hacer teatro, jugar al rugby. Era todo muy lineal y estaba todo perfecto.

-¿Nunca te hicieron bullying?

-Yo desde pendejo soy gordo, entonces estoy acostumbrado a los chistes de gordos. Cuando alguien me ataca con eso, no me genera nada. Pero, además de eso, usaba anteojos, tenía ortodoncia, un aparato para enderezarme el pie, durante 4 años me enderezaron el pie. Siempre me reí de los defectos. Yo solo me hacía cargo de todo lo que me pasaba.

"Yo desde pendejo soy gordo, entonces estoy acostumbrado a los chistes de gordos"
"Yo desde pendejo soy gordo, entonces estoy acostumbrado a los chistes de gordos" Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

-Podría haber sido todo lo contrario.

-Lo sé y me doy cuenta. Me escriben muchos gordos diciéndome que les da mucha envidia la seguridad que tengo y me preguntan cómo se hace para ser seguros con cuerpos así. Los recontra entiendo porque no es que voy a la playa y me saco la remera y me creo mil. También me genera ciertos mambos la gordura.

-¿Intentaste bajar de peso?

-Sí, pero nunca fue una decisión ultramega consciente. Varios nutricionistas me dicen que si bajo 20 kilos seguiría siendo gordito, pero un gordito más saludable. Así que ése es el objetivo. En algún momento me tengo que poner las pilas. Lo que me interesa es la salud. Estéticamente, no me preocupa tanto. Sí me gustaría estar mas cómodo con mi cuerpo.

-¿Te limita eso? ¿Te llaman siempre para el papel de "gordito"?

-Y, pasa eso, es difícil que te pongan en un lugar de héroe, pero lo vengo piloteando bien. De hecho, me tocó contar historias en donde era un tipo seductor a pesar del cuerpo que tenía. Igual, por momentos, me gustaría estar mas cómodo. Este laburo tiene mucha exposición: que la tele, que eventos, que tenés que salir más o menos bien en una foto, tener un buen look... Y la estética es complicada.

-¿Cómo es la historia con tu mujer? ¿Cómo la conociste?

-La conocí acá, aunque también es de San Juan. Ella se puso de novia con un pajuerano abogado y de repente arrancó la tele, arranco el teatro...

-¿Hubo crisis?

-Es que para mi vida fue un cimbronazo. Tuve que redefinir quién era.

-¿Ella no se bancó que salieras en la tele?

-Ella trató de bancarme y yo traté de naturalizarlo, pero era al pedo porque mi vida era otra. Eran las tres de la mañana y me llamaban para ir a hacer una nota. O íbamos a un evento y la gente me saludaba. De repente empezó a aparecer Barassi como un personaje y a ella se le confundió un poco. No sabía cuál era de todos esos y yo tampoco tenía respuestas en ese momento. No lo sabía. Tenía que ordenarme. Cortamos un año y volvimos. Nos juntamos a hablar porque obviamente teníamos ganas de estar juntos. Yo ya estaba como mucho más plantado de quién quería ser, qué carrera quería hacer. Le dije: "Yo soy todo lo que vos conocés pero con estos nuevos objetivos. Si me querés acompañar, vamos". La gorda se copó y a partir de ahí es un pilar absoluto. No se me ocurre cómo transitar todo esto sin ella al lado. Es clave.

-¿Quiere tener hijos?

-Sí, sí. Los dos tenemos carreras muy demandantes y nos va bien. Ella es psicóloga, tiene una academia de acompañamiento escolar que se llama Aprentia, con 120 alumnos... Y yo estoy con muchos trabajos fuertes: hice las voces de la película Hotel Transylvania 3, soy el genio en la comedia musical Aladin, hago humor en NET, el programa de Germán Paoloski. ¡Estoy a full! Sentimos que todavía no terminamos de decidir que sea el momento. La charla esta super instalada. Re quiero ser padre y re quiero que Luli sea la mamá de mis hijos.

Trailer del film "Hotel Transylvania III" - Fuente: Youtube

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-Ella conoce al verdadero Barassi, el que no está siempre de buen humor... ¿O estás siempre contento?

-Entre cuatro paredes hay otro Barassi, claro, pero soy bonachón. El bardo me divierte desde el humor.

-¿El humor lo usás para protegerte de algo?

-El humor me salvó de la muerte de mi papá, de los conflictos que pude haber tenido en mi vida, de mi cuerpo. El humor es como mi mayor herramienta. A veces te volvés un poco preso de eso. Ahora me gustaría que me llamen para trabajos más desafiantes, que tengan que ver con historias dramáticas, personajes más oscuros... Y cuesta porque estoy impregnado de esta carcaza del gordo simpático.

-¿Incluso cuando estás de mal humor y vas por la calle?

-Si estoy mal por algún motivo o estoy angustiado, no me expongo. Barassi es un tipo arriba, divertido y si Doña Rosa me cruza por la calle, es un garrón para ella que yo le conteste pésimo. Me pongo en modo Barassi y la disfrazo.

-¡Qué estrés!

-Me sale fácil. Yo en mi casa me angustio, sufro, me enojo. Aparte de ser un tipo feliz, también tengo otras emociones. En mi casa no soy Barassi, soy el gordo que conocen mi mujer, mis amigos y mi familia. Fue un laburo de terapia. Costó, pero lo aprendí. No puedo estar todo el tiempo en pose.

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