La prueba negativa abre nuevos interrogantes en el caso García Belsunce

Fernando Rodríguez
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11 de julio de 2018  • 18:01

En investigación criminal, una prueba científica aporta certezas, pero también puede generar nuevos interrogantes. Es lo que ocurre, por estas horas, con el caso García Belsunce. El ADN de cada uno de los siete imputados no coincide con ningunos de los rastros genéticos hallados en la escena del crimen. Y aunque eso no basta para desincriminarlos automáticamente, sí obliga a los fiscales a abrir su lista de sospechosos. Si esa mancha de sangre que no es ni de la víctima ni de su esposo -los ocupantes permanentes de la casa-, y, ahora se sabe, tampoco es de los actuales acusados, entonces es, necesariamente, de alguien más: de uno de los agresores de María Marta o, incluso, del autor material de los cinco tiros que segaron la vida de la socióloga.

Las defensas de los siete imputados -fundamentalmente, la de Nicolás Pachelo, "eterno" sospechoso en este caso- insistieron con que era imprescindible que, además de con ellos, se comparara el ADN de los rastros recientemente decodificados con el registro genético de la familia y algunos de los allegados a la víctima. Hay que recordar que el viudo, Carlos Carrascosa, fue absuelto por la Corte Suprema luego de haber sido condenado como presunto coautor del asesinato. Y que un hermano y un medio hermano de María Marta aún siguen encausados como eventuales encubridores del crimen. Y que una media hermana vivía y estaba en el country a la hora del homicidio. Aún lo hace.

Aunque, como se dijo, no es necesariamente un elemento decisivo, los ADN negativos son un duro golpe a la investigación que hace un año reflotaron dos fiscales de Pilar, imprimiéndole un curso diametralmente opuesto al que le había dado el anterior conductor de la pesquisa.

El fiscal Diego Molina Pico, que tuvo delante suyo el cuerpo de la víctima la noche misma en que fue velado, en su cama, en la suite del primer piso de la casa del country Carmel, descubrió 35 días después, luego de la autopsia, que lo que le habían dicho que había sido un "accidente en la bañera" había sido, en verdad, una ejecución a balazos. Molina Pico, en ese momento, se convenció de que el homicida era alguien del círculo íntimo de la víctima y que ese grupo de allegados se había confabulado para ocultar la esencia criminal del hecho.

Avanzó para tratar de probar su tesis del homicidio. Eligió, para eso, un camino angosto que excluía cualquier otra posibilidad. Así llegó, primero, a las condenas por encubrimiento y, más tarde, al cabo de su propia apelación, consiguió agravar la imputación contra Carrascosa.

Pero la Corte revirtió la pena máxima que pesaba sobre el viudo y la causa entró en un letargo. La despabilaron los nuevos fiscales, que eligieron partir de los indicios que había descartado Molina Pico para trazarse una línea de trabajo que, en rigor, coincidía casi al milímetro con la hipótesis que, desde un principio, impulsó la familia García Belsunce: que María Marta, al volver inesperadamente antes de su habitual partido de tenis del domingo a la tarde, había sorprendido, dentro de su casa, a un ladrón. Y que en su intento de frustrar el robo, recibió cinco tiros en la cabeza (un sexto le rozó el cráneo).

Para tratar de llenar los casilleros de protagonistas de esa trama hipotética colocaron dentro de la casa al menos a un vigilador del country y, eventualmente, a la entonces mujer de Pachelo; a este lo situaron merodeando la casa, haciendo de campana. La familia de la víctima sostuvo siempre que todos ellos estaban conchabados para robar casas del country en ausencia de sus moradores. Precisamente, la misma maniobra por la cual Pachelo está preso ahora.

En la teoría esa escena podría andar. De hecho, desde muy temprano a la mañana los fiscales están reconstruyendo todos los momentos conocidos anteriores y posteriores a la ejecución del crimen. Pero verosímil no es lo mismo que verdadero. Para acercarse lo más posible a ese estadio se necesita la prueba científica. Y esa prueba, se vio hoy, se empecina en no señalar a los "sospechosos de siempre". Antes que eso, insiste con resaltar que la historia está lejos de estar cerrada. Y que quedan casilleros para llenar en este misterioso rompecabezas.

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