De ser potencia a la debacle: por qué la selección argentina puede terminar como Hungría

Simon Kuper
Simon Kuper PARA LA NACION
En retirada: la selección, en el adiós contra Francia
En retirada: la selección, en el adiós contra Francia Fuente: LA NACION - Crédito: Aníbal Greco
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11 de julio de 2018  • 23:59

MOSCÚ.- "Son la peor selección de la historia", dijo Osvaldo Ardiles sobre el equipo argentino que jugó la Copa del Mundo . Pero a medida que la generación de Messi envejezca y comience a retirarse del fútbol, es probable que veamos a un seleccionado argentino aún peor. Mientras tanto, la liga argentina ya se secó de grandes jugadores y los barrabravas copan los estadios. Es probable que en poco tiempo más, una de las grandes tradiciones nacionales del fútbol merezca ese minuto de silencio que guardaron los comentaristas de TyC Sports tras la derrota frente a Croacia. Y quienes no crean que eso es posible, deberían recordar que Hungría también tuvo alguna vez un gran fútbol.

"Los clubes extranjeros se interesarán cada vez menos por contratar a jugadores argentinos, tanto a los que jugaron como a los que no jugaron en la Copa del Mundo", advierte el manager del fútbol argentino Horacio Patanian. "La calidad actual de los jugadores de las ligas inferiores de Argentina es muy pobre. La mayoría de los futbolistas provienen de zonas y familias carenciadas, y les falta educación básica. Durante una década, bajo la tutela de José Pekeman y Hugo Tocalli, el seleccionado juvenil argentino se contaba entre los mejores, pero su nivel ha descendido dramáticamente hasta convertirse en un plantel promedio en los últimos mundiales juveniles de los que participado".

Para un país que está en el extremo del mundo, el problema es mantenerse al día con las mejores prácticas futbolísticas que se implementan en el corazón del futbol mundial: Europa Occidental. En las últimas cuatro Copas del Mundo, los equipos europeos han ocupado 11 de los 12 lugares del podio (primer, segundo y tercer lugar). Al menos diez de esos 12 equipos pertenecen a la mitad occidental de Europa. (Croacia, de Europa Oriental, todavía tiene la posibilidad de subirse al podio en Rusia.)

En otras palabras, una región que apenas tiene un 5 por ciento de la población mundial prácticamente monopoliza el fútbol global. Y eso no se debe principalmente a que las ligas más ricas del mundo sean las de Europa Occidental. Después de todo, Bélgica, Croacia, Portugal y Holanda -países con ligas relativamente pobres- se destacaron en los últimos mundiales. Por el contrario, países con ligas tan ricas como China, Japón y los Estados del Golfo Pérsico, no se destacaron en absoluto.

La ventaja de los países de Europa Occidental es más bien haber encontrado el mejor sistema de entrenamiento desde la edad de 6 años, y no sólo en unas pocas academias de élite, sino en casi todos los clubes pequeños y amateurs. Millones de niños son formados por entrenadores calificados para aprender un fútbol colectivo de pase rápido, y no en grandes estadios, sino en canchas que quedan a la vuelta de la esquina de sus hogares. Una de las razones por las que Lionel Messi se convirtió en el mejor jugador del mundo es porque al entrenar en el Barcelona desde los 13 años, tuvo la ventaja de acceder al ABC del entrenamiento europeo, y al mismo tiempo ya había absorbido la gran tradición sudamericana, que sigue produciendo los mejores talentos individuales. Durante la última década, el fulgor de Messi sirvió para maquillar el hecho de que el fútbol argentino no había logrado seguir el ritmo de la modernidad global.

Jorge Sampaoli adora el fútbol moderno rápido y de presión colectiva, sobre el modelo inventado por los holandeses en la década de 1970, luego actualizado por Pep Guardiola y Marcelo Bielsa. Pero ya antes de la Copa del Mundo, Sampaoli había entendido que los defensores y mediocampistas mediocres y sin ritmo de Argentina no podían jugarlo. Y a continuación tampoco logró encontrar una estrategia que sí les funcionara. En vez de los interminables e inconducentes pases laterales en el fondo de la cancha, lo que su equipo necesitaba era un juego más oportunista, simplemente avanzar velozmente con la pelota hacia adelante con la esperanza de que allá arriba, la magia de Messi y Agüero lograra hacer algo con ella. Ahora, lo que necesita Argentina es resucitar su antigua conexión con el fútbol de Europa Occidental.

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