El 90% de las mediaciones extrajudiciales entre vecinos se resuelven satisfactoriamente

El sistema depende del gobierno de la ciudad; curiosos motivos detrás de algunos reclamos
El sistema depende del gobierno de la ciudad; curiosos motivos detrás de algunos reclamos Fuente: Archivo
José María Costa
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12 de julio de 2018  

Una de las situaciones más difíciles de alcanzar en una ciudad es la convivencia pacífica entre vecinos. Con el del piso de abajo o el de arriba, con el del departamento de al lado o, incluso, con el del edificio contiguo. Los casos de malestar se replican en todos los barrios.

Para tratar de encauzar los conflictos, en la ciudad funciona un sistema de mediación comunitaria en el que las partes tratan de llegar a un acuerdo para evitar la vía judicial. Durante 2017 hubo 4951 mediaciones, según datos oficiales. De ese total, el 89% (4407) llegaron a buen puerto. Filtraciones y humedad (29%) y conflictos con la administración de un inmueble (20%) fueron los motivos más habituales de denuncias.

Pero también aparecen motivos curiosos. LA NACION reconstruyó algunos de esos casos, con final feliz, registrados en 2017. Uno de ellos fue la presentación de un propietario y una administración de consorcios contra un inquilino por los olores que emanaban de la unidad, en la que vivía una pareja con sus nueve perros.

"El propietario le manifiesta al inquilino que no puede tener semejante cantidad de perros en un departamento de dos ambientes y que, por eso, le iba a rescindir el contrato de locación si no ubicaba en otro lugar a los perros", detalló el informe del mediador. Ese planteo disparó el conflicto a otro nivel. "El convocado se alteró y manifestó que estábamos en contra de los animales y que queríamos matarlos. No había forma de que entendiera que no podía tener nueve animales en menos de 30 metros cuadrados", dijo.

"Se convocó a nueva audiencia, puesto que las partes acordaron buscar un nuevo lugar que el convocado pudiera alquilar para que pudiera vivir con sus perros", detalla el informe. Entonces llegó la resolución mágica e inesperada: "El inquilino acercó la propuesta que había conversado con otros propietarios e inquilinos del mismo edificio, que estarían dispuestos a recibir cada uno de ellos un perrito en su departamento. De esta manera, en ocho departamentos de ese edificio fueron reubicados los perritos y él se quedó con uno solo".

Según Martín Ocampo, ministro de Justicia y Seguridad porteño, que supervisa el sistema, "la mediación está abierta a todos los vecinos porque son quienes mejor pueden proponer las soluciones a sus problemas, ya que han sido los directamente involucrados".

Otra singular mediación empezó tras la denuncia de "ruidos eróticos que provenían desde un albergue transitorio cuya pared medianera lindaba con la vivienda de la solicitante". Según informó el mediador, la vecina mostró su molestia porque "a través de su ventana ingresaban constantes ruidos provocados por parejas que utilizaban una habitación del hotel cercana a su dormitorio. Le generaban molestias y afectaban su descanso".

Ante el planteo, el dueño del hotel dijo que estaba debidamente habilitado y funcionaba con normalidad desde hacía años, y que periódicamente recibía inspecciones en las cuales no se había constatado ninguna anomalía. Además se quejó de la demandante porque recibía quejas de sus clientes a raíz de los golpes registrados en la pared desde la vivienda de la vecina.

Finalmente, el dueño del hotel se comprometió a mantener sin uso la habitación de 22 a 8 y la mujer aceptó dejar de golpear la pared.

Compartir una vivienda también puede ser motivo de conflicto. Y así sucedió. "La familia de la solicitante de la mediación ocupaba una habitación con su esposo y dos hijos menores; la convocada ocupaba otra habitación con su esposo, ambos jóvenes. Los dos maridos trabajaban en la misma fábrica textil y regresaban juntos a la noche", detalló el mediador. El conflicto se produjo por el uso del baño y la cocina, ya que ambas familias los utilizaban en el mismo horario. "En una oportunidad, la solicitante estaba cocinando arroz con leche y la convocada necesitaba preparar la cena; como la otra mujer no desocupaba la cocina, retiró la olla de arroz con leche y lo volcó a la basura, lo que produjo una gran tensión entre las partes", describió.

"La convocada manifestó que en realidad la solicitante permaneció en la cocina por más tiempo de lo habitual, ya que esperaba ver a su marido, para lo cual estaba producida con un vestido con gran escote. Y que últimamente se daba cuenta de que quería seducirlo", argumentó la demandada, antes de que llegaran a un acuerdo que estableció horarios para cada familia. Una mujer "debía utilizar la cocina para el desayuno de 7 a 8 y para la cena de 19 a 20. La otra, de 8 a 9 y 20 a 21". Pactaron además horarios de limpieza y uso de baño para todos los días.

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