El presidente se equivoca: integrar la alianza es una ventaja

Nicholas Burns
Nicholas Burns MEDIO: Global Post
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12 de julio de 2018  

NUEVA YORK.- Donald Trump se preparó para la cumbre de la OTAN haciendo lo que ningún otro presidente hizo antes: argumentar que la alianza atlántica es un mal negocio para el pueblo norteamericano. La semana pasada señaló que le había dicho a la canciller alemana, Angela Merkel: "No sé cuánto nos protege protegerlos a ustedes".

Trump fue incluso más duro con la Unión Europea (UE), al calificarla de "tan mala como el Nafta", en referencia al Tratado de Libre Comercio de América del Norte. "A veces, nuestros supuestos amigos son nuestros peores enemigos".

Las últimas dos semanas visité cuatro países europeos y me dejó helado comprobar hasta qué punto Estados Unidos cayó en desgracia a los ojos de sus aliados. Los líderes europeos señalan puntualmente el apoyo de Trump a los regímenes populistas antidemocráticos de Italia, Hungría y Polonia, y ven en los recientes ataques contra Merkel un claro intento de empujarla fuera del poder.

Por supuesto que es probable que nada de esto perturbe en lo más mínimo a Trump, que sigue firme en su creencia de que cualquier beneficio que haya obtenido Estados Unidos de la OTAN es cosa del pasado. Pero se equivoca: hay razones de peso por las que la OTAN en particular representará una ventaja distintiva para la seguridad de Estados Unidos en el futuro y a largo plazo.

Para empezar, las fuerzas nucleares y convencionales de la OTAN son la forma más efectiva de proteger de cualquier ataque a América del Norte y Europa, corazón del mundo democrático. Las amenazas contra nuestra seguridad colectiva no se han desvanecido en el siglo XXI. Putin sigue siendo un predador decidido de Europa Oriental y de las elecciones en Estados Unidos. La OTAN es una multiplicadora de fuerzas: Estados Unidos tiene allí aliados que lo apoyarán, mientras que Rusia no tiene a nadie.

Y aunque es cierto que la mayoría de los aliados de Estados Unidos en la OTAN deben aumentar su gasto de defensa bajo los términos del tratado, ninguno de esos países se la lleva de arriba: Estados Unidos confió en sus aliados de la OTAN para contraatacar a Al-Qaeda en Afganistán y a Estado Islámico en Medio Oriente. Los aliados de Estados Unidos en la OTAN también mejoraron sus contribuciones a la alianza atlántica.

Otra razón para mantener la alianza transatlántica tiene que ver con el futuro de la economía norteamericana. La UE es el mayor socio comercial de Estados Unidos, y su mayor inversionista. Son las dos economías más grandes del mundo, con capacidad de orientar el comercio global a su favor, si permanecen juntos.

Trump tiene razón al decir que ambos bandos son también competidores comerciales, y las disputas comerciales son inevitables. Sus predecesores lograron equilibrar esas tensiones sin consecuencias dañinas para las empresas norteamericanas, los trabajadores y los productores agropecuarios, y Trump haría bien en recordarlo, ahora que su inepta guerra comercial con Canadá y Europa amenaza con perjudicar la economía de su país.

En tercer lugar, los futuros presidentes norteamericanos descubrirán que Europa es nuestro socio más capaz y mejor predispuesto para enfrentar las mayores amenazas a la seguridad global: cambio climático, ciberdelito, narcotráfico, pandemias y migraciones masivas desde África y Medio Oriente. Y los aliados de Estados Unidos en la OTAN seguirán siendo indispensables para salvaguardar la democracia y la libertad, que están bajo asalto desde Rusia y desde China.

Trump tal vez crea que sus virulentos ataques contra las políticas comerciales y el presupuesto militar de Europa eran una buena táctica de negociación antes de la cumbre, pero lo cierto es que ya causaron un daño enorme. Como me quedó en claro durante mi recorrido por Europa, en la alianza transatlántica se abrió una brecha peligrosa, por lejos la peor en sus siete décadas de existencia.

Trump quiere que los norteamericanos crean que sus aliados se están aprovechando de ellos. El 11 de septiembre de 2001, cuando era embajador de Estados Unidos ante la OTAN, fui testigo de una realidad diametralmente opuesta. Tras los ataques, Canadá y los aliados europeos se ofrecieron a invocar por primera vez en la historia el artículo 5, que obliga a los aliados a responder al ataque contra un miembro. Salieron a defender a Estados Unidos cuando más los necesitaba, enviaron sus tropas a Afganistán junto a las norteamericanas y ahí siguen 17 años después. ¿Y ahora vamos a tirar a la basura esa protección mutua y adentrarnos solos en el peligroso mundo del siglo XXI? Sería un error histórico. Pero ese será el escenario si Trump sigue adelante con su vendetta contra Europa.

El autor fue embajador de EE.UU. ante la OTAN

Traducción de Jaime Arrambide

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