López Obrador asume riesgos para estar más cerca de la gente

López Obrador saludó ayer a simpatizantes al llegar a un encuentro con legisladores
López Obrador saludó ayer a simpatizantes al llegar a un encuentro con legisladores Fuente: LA NACION
En un país hundido en la violencia, el presidente electo viajará en vuelos comerciales y desistirá del uso de guardaespaldas
Yemeli Ortega
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12 de julio de 2018  

CIUDAD DE MÉXICO.- La promesa del próximo presidente de México de gobernar "cerca del pueblo" es radical: no vivirá en la residencia presidencial, recortará su sueldo, viajará en vuelos comerciales y rechaza tener guardaespaldas. La marca "AMLOve", de Andrés Manuel López Obrador, despierta adoración entre ciudadanos pero recelo entre los expertos en seguridad.

Desde su victoria el 1° de julio, López Obrador, conocido como AMLO por sus iniciales, es perseguido muy de cerca por un agitado enjambre de periodistas y fanáticos.

"Solo vi esto con Paul McCartney", dice Giordano Garduño entre el tumulto que se formó alrededor de López Obrador el día de los comicios, cuando salió de su auto sin dispositivo de seguridad. Este estudiante de 19 años confía en que gobernará "sin lujos ni privilegios".

Sasha Vázquez, una chica de 27 años vestida al estilo hippy, estaba conmovida por haber rozado al presidente electo que asumirá funciones el 1° de diciembre. "De lejos y de cerca emana buena vibra. Su amor lo protege, no necesita guardaespaldas", estimó con una vincha en su pelo que decía "Peace and AMLOve".

Pero esta bucólica imagen choca con las cifras de un país cada vez más violento: la campaña electoral fue la más sangrienta de la historia con 145 políticos asesinados, mientras 2017 rompió el récord de homicidios con 25.324 casos en el país.

La horda de medios y ciudadanos que se aferran a la ventanilla del auto de López Obrador en sus traslados violó los protocolos de seguridad del Palacio Nacional la semana pasada, cuando el presidente electo fue recibido por el saliente mandatario Enrique Peña Nieto. Los uniformados no pudieron impedir la entrada de la muchedumbre al palacio. Una mujer se deslizó entre los empujones hasta llegar a los brazos de López Obrador, quien le dio un beso.

"No quiero tener guardaespaldas, eso significa que los ciudadanos me van a cuidar (...) Solo espero que tampoco me apachurren (aplasten)", comentó un sonriente López Obrador. Esta estrategia es un "error total, producto más del capricho que de una reflexión", dice Alejandro Hope, exagente de inteligencia y consultor en seguridad.

En las conferencias de prensa que López Obrador ofreció desde su victoria, reiteró que convertirá en espacio cultural la residencia presidencial de Los Pinos; que su salario será la mitad de lo que gana Peña Nieto; que venderá el costoso avión presidencial para viajar en vuelos comerciales, y que integrará las fuerzas del Estado Mayor Presidencial al ejército para desplazarse sin seguridad.

"Aunque nos quedemos sin camisa, porque va a haber austeridad. Se tienen que liberar estos fondos" para programas de ayuda a jóvenes y ancianos, aseguró López Obrador.

Sin blindaje, AMLO se expone constantemente al contacto directo con personas que lo esperan por decenas, día y noche, afuera de su "casa de transición" para regalarle libros, ropa hecha a mano o hacerle peticiones personales.

La ausencia de seguridad de AMLO y su casona enfrentarán mañana una prueba de fuego con la visita de tres secretarios estadounidenses y un consejero de Trump.

La virtual ministra del Interior, Olga Sánchez, está preocupada. "El estatus jurídico, político, de gobierno de un presidente debe tener obviamente un sistema de seguridad que lo cuide, porque la gobernabilidad está en juego, la estabilidad del Estado", dijo en una entrevista.

Las críticas hicieron que AMLO matizara su postura y recientemente consideró tener algún sistema alternativo de seguridad.

Para Hope, con o sin estado mayor presidencial, alguien deberá garantizar la integridad del mandatario y su familia, el secreto de sus comunicaciones, el blindaje de su domicilio, la logística de sus viajes, la seguridad de jefes de Estado que visiten México.

"Saldrá más caro el caldo que las albóndigas", ironizó.

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