En Corea del Sur un nuevo tope a las horas de trabajo

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
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12 de julio de 2018  • 02:37

Los coreanos del sur conforman una de las sociedades más esforzadas y laboriosa del mundo. Tienen una afección al trabajo realmente particular. Única. Pero excesiva. Con esa actitud han construido, con esfuerzo, una nación pujante que, altamente industrializada, es la onceava economía del mundo.

Hasta hace pocos días, podían trabajar legalmente hasta 68 horas por semana. Es decir, casi diez horas por día, incluyendo sábados y domingos.

Por ello, el promedio diario de horas trabajadas por todos los surcoreanos, en conjunto, durante el año 2017 fue de nada menos que casi seis horas por día, incluyendo feriados, sábados y domingos. El más alto del mundo, claramente.

Lo que conforma una realidad distinta y extraordinaria que, sin embargo, no se traduce en una alta tasa de productividad del trabajo surcoreano.

Pero esto, cabe alertar, ha dejado de ser así. Porque acaba de entrar en vigor un nuevo "límite máximo" a la posibilidad de trabajar sin violar la ley, que ahora es de tan solo 52 horas de trabajo por semana. Esto es, de siete horas y media por día, incluyendo sábados y domingos.

Para el incansable estilo de vida surcoreano, en el que el trabajo tiene una significación social muy particular, esto supone un cambio casi revolucionario que busca de un mejor equilibrio.

El nuevo marco legal es obligatorio para todas las empresas surcoreanas con más de trescientos empleados, así como para todas las que son de propiedad del Estado. Se espera que esta medida contribuirá a disminuir la preocupante tasa de suicidios que caracteriza al país asiático y a consolidar socialmente la idea de que existe, efectivamente, el "derecho al descanso".

Los nuevos "límites máximos" surcoreanos a los horarios de trabajo se irán extendiendo progresivamente a todo el universo laboral local, en su integridad. Solo los sectores del transporte y de la salud tendrán algunas excepciones.

Para hacer las cosas más digeribles para sus conciudadanos, el gobierno surcoreano, que hoy encabeza el presidente Moon , acompañó la medida con un aumento simultáneo del 16% en el salario mínimo que se paga por hora de trabajo. Esto se hace a modo de compensación por lo que, al menos para algunos, luce como una pérdida repentina de su nivel normal de ingresos.

Como resultado, hoy el horario regular de trabajo surcoreano es de 40 horas de trabajo por semana, a lo que pueden adicionarse tan sólo 12 horas extras de trabajo por semana. Nada más. Si esos límites regulatorios se violan, los responsables pueden ser condenados a pagar multas de alguna significación, sumadas a una condena a prisión efectiva que puede llegar a los dos años.

La medida comentada debiera empujar ahora a las empresas surcoreanas a concentrarse en aumentar sus actuales niveles de productividad. Presumiblemente, podría aumentar también la tasa de crecimiento vegetativo de la población surcoreana, que enfrenta un serio problema no resuelto: el del creciente envejecimiento colectivo.

Las pequeñas y medianas empresas surcoreanas, que suelen pagar niveles salariales algo menores que aquellas de mayor dimensión, argumentan que ante lo sucedido podrían verse constreñidas a mantener niveles inferiores de remuneración para preservar sus niveles de competitividad.

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