Croacia: cuando a un país chico y de fútbol anárquico le llega la oportunidad de ser alguien en el mundo

De izquierda a derecha: el ministro de finanzas, dos secretarios de gobierno y Andrej Plenkovic, el primer ministro
De izquierda a derecha: el ministro de finanzas, dos secretarios de gobierno y Andrej Plenkovic, el primer ministro Crédito: Gobierno de la República de Croacia
Sebastián Fest
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12 de julio de 2018  • 21:45

MOSCÚ.- Imaginen un país en el que el mismo club ganó 11 de los últimos 12 campeonatos de fútbol de primera división. Imaginen que ese campeonato tiene sólo diez participantes y que la mitad de los clubes son de la capital. Imaginen un país en el que el escándalo de los árbitros sobornados monopoliza la conversación de los hinchas.

Resumen del partido Croacia - Inglaterra en el Mundial de Rusia 2018

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Imaginen que el presidente de la federación pasa 200 días al año en el extranjero. Imaginen que está prófugo el todopoderoso dueño de un club, que es en realidad el hombre que maneja todo el fútbol. Imaginen que la gran estrella de la selección tiene problemas con la justicia y la prisión como amenaza. Imaginen que en pleno Mundial el técnico expulsa a un jugador y lo devuelve a casa. Imaginen que en los últimos cinco años ese país perdió al diez por ciento de su población, casi todos jóvenes convencidos de que ahí no hay futuro. Dejen de imaginar y vean a Croacia , que el domingo buscará ser campeona mundial.

Ni la vida ni el fútbol funcionan indefectiblemente con fórmulas matemáticas. Lo dijo hoy Zlatko Dalic, el entrenador croata: "No creo en estadísticas y números, creo en lo que veo y en lo que hago". Es cierto que los números, el algoritmo o lo que fuere podría haberle dicho a Croacia que ante equipos y federaciones mejor organizados no les alcanzaría con el talento de Luka Modric e Ivan Rakitic, que la fuerza de Mario Mandzukic sería insuficiente, que todo bien con Ivan Perisic, pero. Nada de eso: Croacia está preparando la final contra Francia, y sus cuatro millones de habitantes, sus 23 jugadores (22 tras la expulsión de Nikola Kalinic) está convencidos de que será Francia la que aplauda al campeón.

El emotivo saludo entre el DT de Croacia y la presidenta croata - Fuente: Instagram

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La primera reacción de muchos, inevitable, fue convertir el éxito de Croacia en un triunfo post mortem de la extinta Yugoslavia, que nunca pudo superar las semifinales del Mundial ni ganar la Eurocopa, en la que fue dos veces finalista. Yugoslavia fue, eso sí, campeona juvenil sub 20 en 1987, lo que llevó a estudiosos del fútbol a sostener que la Guerra de los Balcanes impidió que los Mundiales disfrutaran de una gran selección, del "Brasil de Europa".

Si Yugoslavia existiera aún, la Serbia eliminada en primera ronda habría unido fuerzas con Croacia y los jugadores de raíces albano-kosovares que visten la camiseta suiza, también. Quizás incluso hubiera contado con Tomi Juric, delantero australiano que se fogueó jugando en la Liga croata, el país de sus ancestros.

Ministros de gabinete croata visten la camiseta de su selección - Fuente: AFP

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Puras hipótesis, porque Yugoslavia ya no existe, algo que hicieron notar hoy mismo algunos medios de Belgrado. "El serbio Subasic lleva a Croacia a la final", escribió el periódico "Kurir", colgándose del hecho de que el padre del arquero es serbio.

Los croatas prefieren olvidar la eterna rivalidad con Serbia y enfocarse en otra cosa: el triunfo por 2-1 sobre Inglaterra en las semifinales del Mundial es ya uno de los grandes momentos de un país que es independiente apenas desde 1991.

"Tras el triunfo, el nombre Croacia fue mencionado más veces que en la suma de los últimos tres años", destacó hoy la agencia especializada Mediatoolkit. "Nuestra selección generó más promoción para el país que cualquier campaña publicitaria paga, el interés de los medios por Croacia está en su pico".

Los ministros croatas fueron a trabajar con la camiseta

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Y Zagreb vivió lo que ya se hizo costumbre ante grandes momentos del deporte: los sismógrafos registraron un leve temblor en el momento del gol de Mandzukic. Lógico: dos de los cuatro millones de croatas estaban frente al televisor a esa hora. Ellos, al igual que Dalic, el técnico que nunca había estado en un escenario tan importante, no podían creer lo que veían: "Esto es definitivamente historia. Cuando vemos la infraestructura y las condiciones del país, esto es un milagro. El escenario no era sencillo, pero tenemos orgullo y tenemos jugadores".

Claro que tienen jugadores. Ivan Rakitic fue muy directo, horas después del partido, y pidió el Balon de Oro para Luka Modric. "A ver si espabilan", dijo en ese español que aprendió por partida doble, como jugador del Barcelona y por estar casado con una andaluza. Rakitic, ese jugador que nacio y se crió en la Suiza alemana y que el día previo a medirse a los ingleses tenía 39 grados de fiebre.

No importó, no se notó. En la ya histórica noche croata del 11 de julio de 2018, los hinchas vieron desde las tribunas del Luzhniki como Rakitic y Modric se juntaron para organizar, parados muy cerca de la línea defensiva, el juego de todo el equipo. Entre esos hinchas habría, sin dudas, muchos que años atrás fueron responsables de que se suspendiera a la selección o a su estadio por cánticos racistas o formar una cruz esvástica en la tribuna. En el equipo también hay jugadores cuestionados como Dejan Lovren, al que se vio en un video, tras el 3-0 sobre Argentina, cantando una canción de la extrema derecha croata que remite a la temible Ustacha.

Pero en la tribuna había también centenares de hinchas croatas vistiendo una gorra de waterpolo, uno de los deportes más populares del país, una prenda popularizada en el fútbol después de que el defensa Vedran Corluka la usara en la Eurocopa 2016 tras una lesión.

El festejo de la presidenta de Croacia durante el partido ante Rusia - Fuente: Twitter

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¿Se puede comparar la final del Mundial con algo que haya hecho Croacia deportivamente antes? No, tampoco con el título de Wimbledon ganado por Goran Ivanisevic. El fútbol es el gran deporte en un país en el que la crisis económica que golpeó entre 2008 y 2013 llevó a cerrar clubes de básquet, handball, volleyball y waterpolo, incluso de fútbol, ese país en el que el Dínamo Zagreb fue campeón 11 de los últimos 12 años y en el que Davor Suker, héroe del tercer puesto en 1998, es para muchos un presidente decorativo, porque el poder real está en manos de Zrdavko Mamic, prófugo en Bosnia y Herzegovina.

Ese país en el que Modric, candidato al Balón de Oro, tiene una amenaza real de prisión ante la acusación de que cometió perjurio en el juicio a Mamic. Ese país en el que buena parte de los ministros asistentes a la reunión de gabinete de hoy lo hizo vistiendo la camiseta de la selección. Ese país diminuto, apenas más grande que Uruguay y verdugo de Argentina tres semanas atrás, que el domingo puede ser campeón mundial.

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