Cindy Sherman, la reina de la metamorfosis

Celina Chatruc
Celina Chatruc LA NACION
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15 de julio de 2018  

La artista juega con los estereotipos al ponerse en la piel de otras mujeres
La artista juega con los estereotipos al ponerse en la piel de otras mujeres Crédito: Gentileza Malba

"¿Qué sos? ¿Un personaje dark de Visconti?", le preguntó Robert Longo cuando la vio bajar de la camioneta. Una vez más Cindy Sherman lucía irreconocible, incluso para su pareja. Con peluca morocha, los ojos maquillados con delineador, remera negra y pollera blanca con tablas, parecía salida de las películas de Jean-Luc Godard y François Truffaut que ambos solían ver a fines de la década de 1970.

Compartían una furgoneta con cortinas, tan populares entre los hippies de la época, que funcionaba como camerino. Juntos salían a recorrer Nueva York en busca de escenarios para la serie Untitled Film Stills, una de las más conocidas de la artista estadounidense, incluida en la muestra que comparte con Richard Prince hasta fin de octubre en el Malba.

Longo tomaba las fotos. Para realizar Untitled #25 (1978) se subió al techo de la camioneta. "Parece el final de una película. Como si su amante se hubiera caído con su auto del muelle y hubiera muerto, o si estuviera escapando porque él la engañó", opina el artista en un video producido por el MoMA, a propósito de la retrospectiva que le dedicó en 2012 y que viajó luego a otros tres museos de Estados Unidos. "Lo grandioso de sus fotos -agrega- es que no tratan tanto sobre lo que ves sino sobre lo que ha ocurrido antes o lo que ocurrirá después".

La ausencia de títulos que acompañen las imágenes ayuda tanto a que el espectador pueda inventar su propia historia como el hecho de que gran parte de las mujeres interpretadas por Sherman parecen tomadas de la vida real. Como aquella recostada sobre un sofá, vestida con una bata, observando con tristeza su teléfono mientras espera una llamada que no llega.

"No creo que exista una mujer en el mundo que no haya tenido esta experiencia. Yo tuve muchas", observa al respecto Marina Abramovic, en otro video del MoMA. "Es como una performance secreta detrás de la cámara, sin testigos", opina la artista serbia, considerada la "abuela de la performance".

Cuatro décadas antes del boom actual de vivir "experiencias", Sherman se propuso ser lo que quisiera en cualquier momento, en cualquier lugar. Y jugar con múltiples identidades -un tema muy contemporáneo- de una manera menos dramática y extrema que su colega francesa Orlan, sometida desde entonces a múltiples operaciones quirúrgicas para modificar su rostro.

En uno de sus primeros trabajos de este tipo, Untitled #479 (1975), Sherman registra en una serie de 23 pequeñas imágenes su proceso de transformación de una mujer aparentemente reprimida y aburrida, con grandes anteojos, en una femme fatale, liberada, que fuma mientras mira a cámara con mirada provocadora. El maquillaje y las prótesis la ayudaron a ponerse incluso en la piel de personajes pintados por grandes maestros del arte universal, como Caravaggio o Botticelli. En la Argentina, Nicola Costantino imitó este gesto al encarnar en 2008 en un autorretrato La mujer del sweater rojo, pintura realizada por Antonio Berni en 1935.

El humor es clave en gran parte de las escenas creadas por Sherman. Más allá de las sórdidas series que incluyen genitales de plástico, representaciones de cadáveres o payasos siniestros, la artista se destaca por su fina ironía al retratar esterotipos. Como la trágica realidad de las mujeres que aspiran a pertenecer a ciertos círculos sociales y están dispuestas a usar cualquier tipo de máscaras para lograrlo. Por ejemplo, la que posa para Untitled #466 (2008) con joyas doradas y un fino vestido largo, debajo del cual asoma una sandalia barata y un pie enfundado en medias gruesas y brillosas.

Sin embargo, ninguna de las series realizadas desde Untitled Film Stills (1977-80) alcanzó el nivel de ambigüedad y misterio que tenían aquellas pequeñas fotografías en blanco y negro. Como la #48 (1949), que muestra a una joven esperando en la banquina de una ruta con una valija, al atardecer. Podemos ser quien querramos ser, parece decirnos Sherman, y crear nuestra propia historia.

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