Detrás de una constelación de estrellas

Verónica Chiaravalli
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15 de julio de 2018  

En La cultura de la celebridad (Eudeba), Alina Mazzaferro analiza el origen del star system argentino desde sus comienzos -albores del siglo XX- hasta finales de los años 60. A partir de un trayecto que surca las páginas de publicaciones como Antena y Radiolandia, con su manera de mostrar los cuerpos y narrar las vicisitudes de los "astros", se vuelve inevitable para el lector hacer la conexión con el devaluado star system actual, donde el adjetivo "famoso" ha devenido sustantivo, haciendo del "qué" una contingencia y del "cómo" una necesidad.

Las figuras estelares de algunos artistas -Libertad Lamarque, Eva Duarte, Tita Merello, Carlos Gardel, Palito Ortega, Isabel Sarli, Mirtha Legrand, entre otros- son estudiadas más allá de las mistificaciones, y puestas en relación con los engranajes productivos que contribuyeron a encumbrarlas en la cima de la celebridad. Mazzaferro vincula el nacimiento del estrellato con el momento en que la vida y las imágenes de actrices y actores comenzaron a ser objeto codiciado por las revistas. Esos intérpretes peculiares (los que tenían star quality, que no todos) provenían entonces del teatro, el cine y la radio. La TV irrumpiría en ese campo con reglas nuevas y propias.

Fuente: LA NACION

Con razón, la autora reclama para su materia un calado profundo que supera su ámbito natural, dado que la cultura de la celebridad alteró "las esferas de lo público y lo privado" y modificó aquí y en el mundo la forma de hacer política; a la vista están el furor por los youtubers y la insólita llegada a la presidencia de Donald Trump, como ejemplos.

Rastreando los primeros pasos del star system vernáculo, Mazzaferro encuentra un dato significativo: en 1911 la revista Caras y Caretas publicaba una "galería de celebridades" que agrupaba a personalidades destacadas en distintas disciplinas (desde la medicina hasta el empresariado, pasando por el deporte y los escenarios) con un rasgo en común: el colosal dinero que ganaban ejerciendo su métier y que los diferenciaba de colegas menos "exitosos". Sin embargo, ya se advertía el germen de lo que luego sería norma: los nombres que más se repetían en la lista eran los de artistas del entretenimiento; según Mazzaferro, "de aquellos ?talentos' que habían hecho sus fortunas ofreciéndose a sí mismos en espectáculos de masas".

Las redes sociales exacerbaron el fenómeno hasta el paroxismo y las celebrities del siglo XXI ya no necesitan ofrecerse en un espectáculo sino estar dispuestas a ser un espectáculo ellas mismas. Pertubador atajo hacia una nueva forma de alienación.

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