Por un laicismo distinto

Iván Petrella
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15 de julio de 2018  

Lo que entendemos por "educación laica" sufre de un defecto irremediable: está construido sobre la ignorancia de la religión y forma analfabetos religiosos. A finales del siglo XIX tenía sentido este laicismo extremo, dado el rol preponderante que tenía la Iglesia en el ámbito educativo. Hoy, sin embargo, llegó la hora de re-imaginar ese laicismo: la educación laica debe incluir una educación multirreligiosa, una expresión más contemporánea de la laicidad.

Nuestra tradición de educación laica surge de la historia particular de Europa. Sus conflictos religiosos, la hostilidad de la revolución francesa hacia el catolicismo y la puja entre el nacionalismo y el Vaticano en el proceso de formación de los Estados-nación en el siglo XIX. La consecuencia de este proceso histórico es la idea que la religión es una serie de creencias y prácticas del ámbito privado, sin efecto en lo público.

Este modelo de religión y la concepción de educación que lo acompaña están en crisis. Nos guste o no, las religiones exceden lo privado e impactan en lo público. ¿Se puede entender el Estado Islámico o Al Qaeda sin estudiar el islam? ¿Se puede entender a los colonos judíos sin estudiar el judaísmo? ¿Se puede entender el fenómeno del nacionalismo en India sin estudiar el hinduismo? Sin ir más lejos, ¿se puede entender la discusión alrededor del aborto en nuestro país sin estudiar el catolicismo? La respuesta a todas esas preguntas demuestra que el analfabetismo religioso es un defecto enorme para, por ejemplo, periodistas que tienen que explicar el mundo o diplomáticos que tienen que moverse en zonas de conflicto.

Pero también sería un error pensar que solo hay que estudiar las religiones porque son potenciales generadoras de conflicto. Es importante para empresarios que buscan invertir y crecer en países emergentes con grandes mercados, como India, donde el hinduismo es parte integral de la cultura; o Indonesia, donde el islam juega un rol clave; o Vietnam donde el budismo y el taoísmo son parte de la vida diaria. Es importante para médicos que deben enfrentar cuestiones de vida y muerte con personas de distintos credos. Es importante en un mundo donde la inteligencia artificial y la automatización del empleo acechan. En A prueba de robots. Educación superior en la era de la inteligencia artificial, Joseph Aoun, presidente de la Universidad de Northeastern, argumenta que una educación "a prueba de robots" debe incluir el manejo de código e información para trabajar con maquinas pero, también, los conocimientos que llevan a la "flexibilidad cultural", la capacidad del ser humano de relacionarse con personas distintas y adaptarse a contextos distintos. El analfabetismo religioso es un obstáculo para lograr esta flexibilidad.

Aristóteles decía que la marca de una mente educada es la capacidad de entretener un pensamiento sin aceptarlo: jugar con él, darlo vuelta, mirarlo y examinarlo desde arriba y desde abajo, tal vez incluso incorporarlo por momentos para ver qué sucede. Por eso, nada de esto debe entenderse como inculcar una fe, ya que las religiones deben estudiarse con la misma mirada analítica con que se estudia cualquier otro fenómeno, permitiendo una mayor comprensión de las conductas y motivaciones de los otros y una distancia crítica de las propias. Entendido así, el estudio de las religiones es un aliado de la laicidad, no una amenaza, y un elemento central para desenvolvernos en un mundo cada vez más complejo. Hoy la educación laica no se puede basar en la ignorancia de las religiones. Al contrario, debe estudiarlas, sin privilegiar ninguna.

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